Había una vez

¿Quién soy?
Del alto Norte vengo,
y alto soy yo mismo: un héroe.
Con espada de hierro en la cintura
he vencido dragones, y gigantes,
y ogros colmilludos y ladinos.
He conquistado vírgenes guerreras
con mi valor. Dormían entre llamas
y anillos de poder guardaban en la mano.
Monstruos que he matado:
muchos. Quizá todos.
Enanos deformes de gran fuerza,
trasgos de la tierra helada y dura,
todos cayeron ante mí. Y he sentido
su agonía como propia.
Sus gritos salieron también de mis pulmones.

Soy cuento y soy mentira
y todo lo que digo es cierto.

Más al sur, soy príncipe también
y rescato princesas encantadas,
heridas por un huso, o dormidas
con un trozo de fruta en la garganta
y un peine ponzoñoso en el cabello. Y salvé a todas.
Y también soy lobo, cruel y hambriento,
buscando mi alimento con engaños
en niñas y en abuelas.
Y fui muerto; pero no por siempre.
Un día volveré y devoraré el mundo.
Como soy lobo, soy cuervo:
mensajero de muerte, y consejero
de dioses y de héroes. Y de brujas.
Correveidile amargo, sabio y libre.
Volé sobre las aguas y vi el mundo,
y lo quise para mí: los cuervos somos egoístas.
También eternos.
 

Soy cuento y soy espejo:
cada vez que me miras te poseo.

En tierra de arrayanes, donde la luz
es blanca, y aguda, y arañada
por zumbidos de abejas y cigarras,
mis sandalias aplastan el tomillo.
Soy semidiós, brutal, desmesurado,
toda mujer ha de sentir mi verga,
todo hombre mi ira, y hasta el monte
amarillo y rosa y verde se desploma
bajo el poder de mis manos y mi maza.
También soy joven, débil pero listo
y al diablo engaño con ingenio.
Le robo tres cabellos, tres naranjas...
(tres han de ser, frutas o joyas;
es la ley del cuento).
Con ellas gano honores, la princesa,
el reino, las riquezas, y mi hombría.

Soy cuento y soy antorcha:
mi luz será tu guía o tu verdugo.

Al mar azul y blanco me encomiendo
en busca de refugio de los dioses.
Me odian porque tengo más poder
que todos ellos juntos: soy un hombre.
Ni héroe ni mago ni avatar.
Me enfrento a remolinos y a altos dientes
de piedra entre las olas: también ellos
fueron hombre y mujer, y así se escuchan
sus chillidos en el filo de los vientos.
Como hombre y mujer odian.
Ni hechicera, ni sirenas ni el infierno
Me apartan de mi rumbo. Al fin arribo
a mi hogar, y exhausto yazgo
entre los brazos pacientes de mi esposa.

Soy cuento y soy de carne:
encontrarás mis huellas en tí mismo.
 
 

Del oeste vengo, de las tierras
altas y secas, princesa disfrazada
de romera, buscando siempre
venganza, o justicia, o el amor.
Nadie me descubre, sólo quien yo quiero.
Imparable en mi fragilidad, triúnfo.
Sin mí no habría príncipes,
serían todos ranas. Con mis manos
desencanto a mis hermanos hechizados,
y amo al rey que quiere ejecutarme.
Soy demasiado sabia: debo siempre
disfrazarme con cenizas, con silencio,
con una piel de asno o una mentira.
Sólo el que sea digno me consigue.
El resto muere.

Soy cuento y soy abismo:
nadie me llena nunca, en mí caen todos.

Hacia el sur prosigo mi viaje
por donde hombres morenos y delgados
de ojos hondos miran las estrellas
y construyen monumentos a la muerte
pintando el desierto de colores.
Permeado de luz, soy dios y bestia.
Un sol, un ojo, un buey,
un niño en un pesebre, un cocodrilo.
En la muerte reside mi victoria.
Mi familia es quien me mata:
hermano, padre, esposa infiel.
Mi familia es quien me salva
reuniendo mis pedazos,
y sigo muerto, pero eterno por fin,
a salvo del desierto y de los hombres.

Soy cuento y te he creado:
te doy mi identidad, tomo la tuya.
 

Giro ahora hacia el este mi camino,
a palacios de mil torres,
y caballos voladores de madera,
y ciudades de bronce en el desierto.
He de probar de nuevo que soy digno,
no importa lo humilde de mi origen.
Me enfrento a genios liberados
por mí, y por mí presos
si no se me conceden mis deseos.
He buscado el corazón de un brujo
dentro de un huevo, dentro de una piedra
que estaba dentro de una ostra inmensa
que llevó un Ave Roc a las montañas
que estaban al oeste de la luna.
Lo destruí: el brujo ha muerto
como era su destino, por mi mano.
Ahora reclamo yo mi recompensa
y gobierno su mundo en su palacio.

Soy cuento y soy esponja:
me beberé el agua de tus vidas
y te la devolveré multiplicada.

Puedo revelarte tu camino
como majanos blancos en la noche.

Porque soy cuento y soy eterno.
Soy cuento y soy bendito.
Soy cuento y soy misterio.
Soy cuento y soy tú.
Si alguna vez me pierdes, créame:
me necesitas.

Y yo 
te necesito.
 
 
 

FIN

* * * 
Adela Torres, "Daurmith"

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