Preguntaba Rigel, hace algunas entradas, ¿Cómo se almacenan los kilómetros de escalera adenosa en sitio tan chiquitito como es una célula?

Me gusta la pregunta. Me gusta porque me da pie a desvariar un poco sobre un par de cosas, y a asustaros con numeritos, que es algo que siempre alegra mi malvado y negro corazón. Procedamos al susto:
La “escalera adenosa” de una célula no alcanza el kilometraje ni de lejos. Haciendo unos pocos cálculos, que os ahorro, se ve que si estiramos todo el genoma humano, contenido en el núcleo de una célula, tenemos un filamento de poco menos de unos dos metros de largo.
—Oiga, ¿y de gordo, cuánto?
—Dos nanómetros. O sea, dos milmillonésimas de metro.
—¿Mande?
—Digámoslo así: ¿ve la división en milímetros de una regla?
—Bueno, con las gafas y tal…
—Pues imagine ese milímetro, dividido un millón de veces. ¿Puede?
—No.
—Ni yo. Así de chiquitito es un nanómetro.
—Caray.
—Y que lo diga.
Sea como sea, dos metros de hilito no son cosa nimia que empaquetar. Si se limitaran a estar enrollados sobre sí mismos, sería un desastre. Hay que tener en cuenta una cosa importante: el genoma no es una cosa que simplemente “está ahí”. Es una parte muy dinámica de la célula, que tiene que acceder continuamente a la información contenida en ella; ahora este gen, ahora el otro, ahora este trozo de aquí, ahora el de allá. La visión de los cromosomas como esas X gorditas que se ve en los libros sólo ocurre cuando la célula está ocupada en dividirse. El resto del tiempo, el ADN es un ovillo medio suelto de ADN y proteínas que se conoce como “cromatina” y cuya estructura es muy complicada y tiene varios niveles de empaquetamiento.
Matemáticos, a mí: leí hace tiempo que el tipo de empaquetamiento que usa el ADN es el más eficiente que existe. No lo sé. Pero sé que a la célula le va muy bien. Paso a describirlo, poco a poco.
La hebra de ADN desnudita se enrolla en torno a una especie de “carrete” proteico formado por cuatro proteínas llamadas histonas, cuya importancia es imposible exagerar. Esto es lo que se llama “estructura en collar de perlas”, por razones obvias. Hay una quinta histona por ahí, enzarzada con el trozo de ADN que enlaza cada una de las “perlas”, pero esto es hilar finito. El collar, como véis ahí en el dibujito, es de unos 11 nanómetros de grosor: ni siquiera el doble que el ADN desnudo.
Sigo: el “collar de perlas” se enrosca sobre sí mismo en lo que se llama un “solenoide”, de nuevo por razones obvias. La estructura tiene ahora 30 nanómetros de grosor, ¡la repera!
El solenoide, a su vez, conserva la flexibilidad y características de un hilo (una fibra de cromatina), que a su vez se enrosca más sobre sí mismo, en plan cable de teléfono, hasta formar la hebra del cromosoma. En este punto la hebra tiene 700 nanómetros de grosor. El cromosoma completo, con sus dos cromátidas y tal, es de unos 1400 nanómetros de grosor. Tres órdenes de magnitud más que la hebra desnuda. ¿Esto es mucho, o poco? Extrapolemos: si partimos de un hilito de un milímetro de grosor (proporcionalmente tan largo como el ADN de un cromosoma), y lo empaquetamos como un cromosoma, el paquete resultante tendrá un metro y pico de grosor. No está mal.
¿Y qué tal en cuanto a la longitud? ¿Cuánto hemos conseguido acortar la hebra para que quepa en el núcleo? Vamos a verlo: este sistema de empaquetamiento consigue que la longitud de la hebra de ADN se reduzca cincuenta mil veces. Que se dice pronto. Si queréis os asusto con más numeritos: el cromosoma más largo del genoma humano mide 263 millones de pares de bases (todo el genoma son unos tres mil millones). Estiradito, eso son, a grosso modo, nueve centímetros. Tras el empaquetamiento, no llega a las veinte diezmilésimas de milímetro de largo.
Así que, ¿cómo se almacena el ADN en la célula? Pues, la verdad… la mar de bien.
Y como fin de fiesta, para aquellos a los que les dé pereza lo negro, todo lo anterior está perfectamente explicado en este bello dibujo, que además (astucia supina) es un enlace a una página anglosajona donde se explican más cosas aún. El que no sepa más de cromatina después de esto, es ya porque no quiere. De nada.

Pfíu.