La parte de Estados Unidos formada por científicos, comprensiblemente asustada ante el follón que tienen montado en la Casa Blanca y ante el denodado esfuerzo del señor naranja que tienen por presidente por dejar claro que no tiene ni idea de temas muy importantes, ha organizado una manifestación para reivindicar la importancia de la ciencia en la sociedad.

En cualquier sociedad. Rápidamente otros países se han unido a la iniciativa y ahora hay 610 manifestaciones por la ciencia convocadas hoy en multitud de países, aunque la mayoría están en Europa y USA. En España hay 5 convocadas oficialmente: Madrid, Sevilla, Barcelona, Girona y Valladolid.

Que la ciencia es necesaria es una afirmación que no debería necesitar justificación. Pero como tantas cosas que damos por sentadas, muchas veces no nos damos cuenta de lo necesario que es lo que nos rodea por todas partes. Quizá en una cultura de la inmediatez es más complicado darse cuenta de lo lejos que nos puede llevar la investigación básica y la apariencia difícil de la ciencia nos aparta emocionalmente de ella. No sé. La cuestión es que mucho de lo que leo, especialmente en entornos institucionales, me suena a homenaje de boquilla, a “huy, sí, es muy importante”, y luego, cuando llega la hora de obras son amores, adiós muy buenas: la investigación científica sigue crónicamente infrafinanciada apartando a mucha buena gente de una de las empresas más emocionantes y productivas que la humanidad ha creado jamás.

Es bueno que la gente que está en primera línea salga y grite de vez en cuando, como hoy. Esa gente lidia día a día con horas excesivas, falta de financiación, precariedad, falta de interés institucional, y en (lamentablemente) muchos casos la absoluta incultura científica de los gobernantes unida a inanes llamadas a una “excelencia” que ni siquiera comprenden ni saben cómo conseguir. Y aunque no creo que estas marchas cambien nada fundamental en las sociedades en las que se van a desarrollar, espero que sirvan para iniciar algunas conversaciones incómodas. Porque la ciencia (permitidme la grosera generalización) se basa en estar incómodo y en cuestionarse cosas: reacciones ambas que nos hacen mucha, mucha falta.