He llegado hace un rato, pelín más tarde de lo que tengo por costumbre, y por fin puedo poner, figurativa y literalmente, los pies en alto. Un rato de leer y enviar correo, otro rato de navegar tranquilamente por mis sitios favoritos y pensar en posibles historias, y música. Llevo escuchando mucha música clásica desde el 11 de Septiembre, y ahora lo que está sonando es una partita para violín de Bach. En concreto, y según el CD, la Partita No. 2 in D Minor, BWV 1004, una pieza extraña, muy compleja y muy larga. Si te paras a escucharla es una montaña rusa emocional. Bach estaba definitivamente trescientos y pico años adelantado a su tiempo: de repente lo que estoy escuchando no parece del Barroco, sino de hace diez minutos.

Supe de esta pieza a través de las maravillosas novelas de Patrick O’Brian, su serie de Aubrey/Maturin. Nada de lo que he leído hasta el momento se acerca siquiera a la perfección con que estos libros describen la época de las Guerras Napoleónicas, la Royal Navy, la navegación a vela. Los leí y los releo con auténtico placer, y 20 libros me siguen sabiendo a poco. Lamentablemente, ya no tendremos más: pero siempre tendremos la imagen de Jack Aubrey, alto, rubio, rubicundo, practicando esta misteriosa pieza de Bach en su cabina de la Surprise, que surca el Mar Jónico dejando tras sí una estela de fosforescencia verdidorada.

Así es como Mr. O’Brian describe, certeramente, esta pieza en su libro “The Ionian Mission”:

“… yet at one
point, after a curiously insistent repetition of the second theme, the
rhythm changed and with it the whole logic of the discourse. There was
something dangerous about what followed, something not unlike the edge
of madness or at least of a nightmare ; and although Jack recognized
that the whole sonata and particularly the chaconne was a most
impressive composition he felt that if he were to go on playing it
with all his heart it might lead him to very strange regions indeed.”

Extrañas regiones en verdad; y no sólo Jack y Stephen se encuentran ahí ahora mismo.

Creo que lo que me hace falta es cenar caliente…