Rigel ha escrito una entrada encantadora en Batiburrillo, tan llena de sorpresas como un Roscón de Reyes (algunas incluso más escondidas que las que el Roscón de Reyes; que el lector avezado aguce el ingenio para encontrarlas). La entrada trata sobre sombras, y en ella se dice lo siguiente: Dicen en mi pueblo que lo que crece en la “umbría” se hace laaargo.
En el pueblo de Rigel tienen razón. Lo que crece en la umbría se hace laaargo. Y hace relativamente poco hemos averiguado por qué. Os cuento el cuento, en tan poquitas palabras como pueda, porque es bonito.
Muchas plantas son verdes. ¿Por qué? Porque tienen clorofila. ¿Y qué? Que la clorofila, como deberían saber los estudiantes de enseñanza primaria, lleva a cabo la fotosíntesis. ¿Cómo? Gracias entre otras cosas a unas moleculitas llamadas fitocromos.
Los fitocromos tienen como misión en la vida absorber luz. Hay diversos tipos de fitocromos, y cada uno de ellos absorbe luz de una longitud de onda diferente; y uno de los fitocromos vedette del grupo absorbe luz roja.
La luz roja es uno de los muchos componentes de la luz solar. La llamamos “roja” porque, bueno, algo hay que llamarla, pero siendo precisos, es un tipo determinado de radiación electromagnética, que cae dentro de un intervalo de frecuencias. Y he aquí el busilis: el fitocromo que nos ocupa empieza absorbiendo luz roja de una frecuencia determinada (vale, seré precisa: 666 nm) y entonces cambia de forma y se transforma en un fitocromo que, uno, absorbe a una frecuencia de luz roja diferente (seguimos precisando: 730 nm), y dos, el nuevo look de la molécula sirve de disparador de un montonazo de respuestas biológicas.
Insistimos: ¿y qué? Busilis número dos: hay luz en la sombra. Pero no mucha (se me debe haber quemado alguna neurona del esfuerzo por decir esto, ¿eh?). Es decir: en la sombra, y según qué (o quién) la proyecte, algunas frecuencias del espectro solar son interrumpidas mucho mejor que otras. Con más razón si la sombra la proyectan las plantas, porque, vaya, ahí están esos fitocromos absorbiendo luz. Preferentemente luz de 666 nm (les encanta, debe estar rica). Así que la luz roja que llega a la dichosa sombra es más que nada luz roja de 730 nm.
Y ahora el penúltimo acto de la comedia; vamos a ver las cosas desde el punto de vista de una plantita joven, rodeada de añosos árboles todos llenos de hojas fotosintetizando al por mayor. La plantita está en la sombra. No recibe mucha luz de 666 nm, pero bueno, recibe una poca, y los fitocromos, al recibirla, hacen lo suyo: cambiar a la forma que absorbe a 730 nm; y como de esta hay un montón, hay también un montón de este fitocromo. Ese que antes he dicho que dispara un montonazo de respuestas biológicas. Por mencionar sólo dos: la fotosíntesis se queda algo paradita (para qué vamos a gastar energía si no hay luz), y el crecimiento se dispara.
La estrategia evolutiva es clara: si no tengo luz, la busco. La luz está arriba. Así que, vamos hacia arriba. Por eso una planta en la sombra invierte muchos recursos en crecer, para dejar de estar a la sombra.
Hagamos pasar el tiempo a cámara rápida: nuestra plantita ha crecido y ha encontrado luz abundante, toda llena de componente de 666 nm; la otra forma del fitoctromo está en su ambiente. ¿Qué hace ahora con todo ese fitocromo que absorbe a 730 nm y que ya no le sirve para gran cosa? Fácil, lo transforma de nuevo en la forma que absorbe a 666 nm, porque, esto no lo había dicho, las dos formas del fitocromo son intercambiables (¿para qué derrochar moléculas si sólo hay que cambiar el ángulo de un enlace al pasar de una a otra?)
El equilibrio entre las dos formas del fitocromo es también un excelente sensor de la cantidad y la composición de la luz que le llega a la planta, y por tanto un buen control de las estrategias necesarias para manejar estos cambios del entorno. Los fitocromos también andan metidos en respuestas como el fototropismo, la floración, y la, um… la patatación. O como se diga. La formación de una patata. Aunque esto no se sabe muy bien cómo lo hacen.
Así que, la próxima vez que veáis una plantita a la sombra, más respeto: el carnaval bioquímico que está teniendo lugar en cada célula de esas hojitas blancuzcas ha estado provocando pesadillas a estudiantes durante años. Que no se quejen: más años le costó a la planta desarrollarlo, y ahí están, sin armar jaleo. Asombroso.
Disclaimer: en la redacción de esta entrada he usado formas de expresión y metáforas que pueden llevar a las mentes poco acostumbradas a estos atajos mentales a pensar que la evolución actúa con intencionalidad o direccionalidad. No. Malo. Caca. Nada de eso. Sea maldito quien lo piense, y sea su error corregido merced a continuas lecturas de las bitácoras de El Pez y el Paleofreak. Jo, qué chollo de penitencia…