Me he pasado hora y media haciendo algo que aquí se llama reverse engineering, y que no sé como se traduce, con el Excel. Porque la cosa es que lo tenía que usar, y como hace largos meses que ni lo toco (y nunca lo he tocado de una manera especialmente sobona, no tengo mucha necesidad de él), pues vaya, como que se me había olvidado todo y todo y todo.

Así que aquí estaba yo, deduciendo el modo de hacer cosas a base de una mezcla de ensayo y error, cuenta de la vieja, razonamiento deductivo, y la ayuda online del ordenadorcito con patas ese que hace cuá cuá cuando te equivocas. Un pelito ha faltado para que el ordenadorcito con patas se fuera al cielo de los bits. No he visto cosa más molesta que ese ordenadorcito con patas cuando estás haciendo algo que sabes que va a llevar arrastrando muchos errores. Al ordenadorcito con patas me lo cargaba yo pero rapidito si se seguía poniendo chulo, el ordenadorcito con patas. Jopé con el ordenadorcito con patas.

Pero al final lo hise, lo hise, y ahora estoy toda desmadejada. Mi último comando ha sido para cerrar la ventana del ordenadorcito con patas. Lo he ejecutado con cierto placer sádico, he de reconocerlo. El comando, no al ordenadorcito con patas. Ejecutado, digo. Ya me entienden. Um.

(Añadido más tarde: me dice rvr que “reverse engineering” se traduce, bastante monótonamente todo hay que decirlo, como “ingeniería inversa”. Que quede aquí constancia de ello)