Es divertido este país.

Te vas a comprar y pasas por todo un sector frío y reluciente, con murallas de neveras de puertas de cristal tras las cuales se ven cajas y cajas de comidas precocinadas. Metros, digo, yardas de ellas, en colores primarios, con fotos de platos imposibles, y promesas aún más imposibles de buena salud y buen sabor. Al lado, cajas y cajas de diferentes adminículos para hacer ejercicios: brazaletes de nylon rellenos de arena a guisa de pesas para muñecas y tobillos; zapatillas ergonómicas con bolsas de aire o de gel o de yo qué sé; accesorios para esos bancos de ejercicio desagradablemente parecidos a algo salido de la Inquisición, si la Inquisición se dedicara a contratar a diseñadores finlandeses; bebidas que supuestamente reponen tu energía cual poción mágica de Astérix…

¿Qué tendencia gana? Vayamos a la siguiente sección: plantillas Scholl diseñadas especialmente para gente cuyos pies tienen que aguantar varios quintales de peso, con refuerzos en el talón y relleno de gel; ofertas especiales en la sección “Full figured women”; compresas (sí, compresas) de tallas especiales, porque al parecer las de toda la vida están pensadas para mujeres de talla 6 (talla mosquito, si los mosquitos sufrieran anorexia), cuando la talla normal en USA para una mujer es la 14. Más platos precocinados, avisando, con más signos de exclamación de lo que la cordura requiere, de que contienen medio kilo de comida en un solo plato. Servilletas de papel especiales para gente con abundante área facial que limpiar tras una barbacoa con pollo frito y salsa de jalapeño ultrapicante (a la que sólo le falta el icono de material radiactivo para atraer clientes).

Los supermercados de aquí son como la seta de Alicia: un lado te hará crecer, el otro menguar. A diferencia de Alicia, los USeros tienen muy claro qué lado hace qué.