Ya ha llegado la Targus, y por supuesto lo primero que he hecho ha sido desmantelar el portátil y empaquetarlo todo en la mochila, y luego me he echado la mochila a la espalda y he dado unas vueltecitas por el apartamento a ver qué tal. Dado que mi apartamento no es muy grande, el efecto inmediato ha sido que me he mareado. Por lo demás, todo bien: ni me he caído de espaldas arrastrada por el peso de la tecnología punta ni nada. La mochila es discreta a la par que robusta y tiene tantos bolsillos como para tener ocupado a un explorador durante semanas, de modo que estoy muy contenta con ella.

De vuelta en el laboratorio, me he pasado por la Bookstore del campus, que es una mezcla de librería y tienda para todo, porque necesito una libreta nueva. En las escaleras había un toldo montado, y bajo él, dos soldados muy serios, en actitud de descanso (que no parece muy descansada), velando una mesita en la que se ve una vela y una bandera americana, plegada. En el toldo, la leyenda “A nuestros camaradas caídos en la reciente catástrofe. No seréis olvidados”. Y es que esto va para muy largo.

Cincuenta metros más allá hay una oferta especial de venta de posters. El primero que han visto mis ojillos ha sido el de Independence Day, ¡toma ya casualidad!

Dentro del Memorial Union, el centro neurálgico del campus, amén de muchos sofás que siempre están ocupados por alumnos totalmente sobados, han puesto un mural cubierto de papel en blanco. Varios rotuladores colgados al lado permiten que se oiga, o más bien se lea, la voz del pueblo. El lema para este mural es, por supuesto, el 11 de Septiembre. Las opiniones vertidas en él van de lo obvio a lo imbécil, pero predomina la buena voluntad y sobre todo, sobre todo, las oraciones. Ya no queda mucho espacio, la verdad. Es interesante leerlo, aunque para seguir los sentidos de escritura de la gente, de arriba a abajo, en diagonal para un lado, en diagonal para el otro, mirando a Triana o mirando a Flandes, se necesita el cuello de un búho.