Una se pregunta cómo es que los guionistas de Hollywood (salvo honrosas excepciones) no saben sacar una historia original desde hace años. La única explicación posible es que vivan en un cuarto sin ventanas ni teléfono, escuchando únicamente ruido blanco y leyendo solamente las instrucciones de un sobre de sopa. Porque material no falta, ahí fuera.
El lugar, Indiana. La prota, la senadora Patricia Miller, Republicana. La noticia, una propuesta de ley estatal que, si es aprobada, prohibirá el uso de tecnologías de fertilización in vitro a mujeres solteras y parejas homosexuales. Sí, es justo lo que piensan. No, no me lo estoy inventado. Este nuevo y horroroso crimen se llamará “Reproducción no Autorizada” (¿la de los DVDs cuenta?) y establece penas para mujeres solteras que queden embarazadas por, cito, “otros medios que no sean el acto sexual”. Lo cual me deja a mí pensando.
Me ha venido una clara imagen mental de un coche patrulla yendo zumbao a esposar a la Virgen María, por reproductora ilegal que quedó embarazada por un medio distinto del acto sexual, o sea, un acto colombofílico, como si dijéramos. Tratando de distraerme, vuelvo mis ojos asombrados a la propuesta en sí. Y me encuentro con algunas perlas maravillosas. Nótese el sarcasmo.
Porque, verán, la cosa tampoco es tan fácil para los matrimonios heterosexuales unidos en santo matrimonio por la gracia de un pastor (protestante, es de esperar). Estas parejas deben pedir y obtener un certificado de reproducción (vean la página 8, línea 12 del pdf). Que sí. Lo que oyen. Y aparte de lo normal, nombre, apellidos, esas cosas, los padres deben aportar información sobre sus “valores” (punto 6B de la página 9), verificación de que han nacido (lo juro, punto 6H, lo dice clarito, nonatos abstenerse), y, traduzco, “una descripción del estilo de vida familiar de los padres potenciales, incluyendo una descripción de la participación individual en actividades basadas en la fe o de la iglesia, hobbies, y otros intereses”. Que síiii, leñe, mirad la página 9, punto 10.
Este último punto tiene un sabor ecuménico un tanto tranquilizador. Al menos no te obligan a especificar qué fe, de modo que el matrimonio en cuestión puede ser tranquilamente hindú, budista, cristiano, pastafarian o satanista, por ahí no hay problema. Siempre que participen activamente en la vida eclesial, claro está. Y estén casados.
Por otro lado, la ley es también la mar de permisiva en otros aspectos. Por ejemplo, si cualquiera de los dos padres potenciales (padre y madre, no se me entienda mal) ha sido condenado por asesinato, inducción al suicidio, homicidio voluntario, secuestro, negligencia criminal, venta de niños, o incesto (páginas 12 y 13), pues nada, no hay nada que hacer. Ahora bien, si la ofensa fue de asalto, robo de coches, incendio provocado, asalto con arma, drogas, o todo lo anterior, incluyendo lo del asesinato, pero en otro estado, pues sí. Se puede. Adelante con las agujitas.
¿Entonces, quiénes no pueden? Pues quienes no puedan aportar prueba de su matrimonio, como pide claramente la sección 7, apartado (a), punto 1B. Porque, como se dice en la línea 3 de la página 6, “una persona soltera no puede ser padre potencial” (o madre. En el documento dice “parent”, que puede ser “padre” o “madre”; es cosa del inglés).
La madre (o padre, es cosa del inglés) de esta criatura, la senadora (o senador, es cosa del inglés) Patricia Miller lo hace por el bien de los niños. Para ella, el matrimonio es imprescindible para la maternidad. Hay que pensar en los niños y pedir certificados de reproducción a la gente, en los que se vea claro que participan en la Iglesia (la que sea, es cosa del inglés), que no son fecundados por deidades de ningún tipo y hacen niños como se debe, es decir, sin palomas de por medio, que están casados, y que uno toca la flauta y la otra la armónica. O como se diga. Si no, no vale.
La ley, aseguran las noticias, tiene “muy pocas” posibilidades de ser aprobada. No sé vosotros, pero yo ese “muy pocas” lo veo un tanto intranquilizador. No dice “ninguna”.
De todos modos, hay un pequeño agujero que puede fastidiar la preocupación de la senadora (o senador) Miller por los niños en este caso. Los medios normales de reproducción, ustedes me entienden, el gustito y tal, no son una ofensa criminal para mujeres solteras ni homosexuales. Así sí pueden reproducirse. De modos vítreos o divinos no, pero el método clásico está disponible legalmente para estos seres viles y degenerados y tal. Aunque no participen en actividades eclesiales ni de fe. Los canallas. Osando reproducirse y todo.
Al menos de momento, claro.