Estoy releyéndome “Passage”, de la maravillosa e inigualable Connie Willis. Es un libro intensísimo que trata, a grandes rasgos, sobre las NDEs, o sea, las experiencias cercanas a la muerte (no, no es un libro deprimente; muy al contrario). En un momento dado la protagonista reflexiona sobre los eufemismos que el idioma inglés tiene para referirse, o más bien para no referirse, a la muerte, y se da cuenta de que todos tienen más o menos que ver con el viaje: “Se fue”, “Nos dejó”, “Dejó tras de sí”, “Pasó al otro lado”, y demás. Como si en lugar de desaparecer uno se trasladara, que es el tipo de continuidad narrativa que nos ha dado por crear cuando inventamos historias para que el trago se pase mejor.

En español existen estos eufemismos y otros no tan viajeros, como “faltó” y el siempre correcto “fallecer” (que en inglés equivale a decir “passed away”, otra metáfora viajera). Pero me viene a la memoria un eufemismo particularmente hermoso que usaba mi abuela, y que aúna el concepto de trasladarse a otro sitio con un concepto bastante filosófico: “Ya está en la verdad”. Conociendo la formación y costumbres de mi abuela, no es difícil suponer que esa verdad sería seguramente la que va con uve mayúscula y se refiere a algún concepto católico particularmente abstruso que el cura del pueblo explicaba en palabras sencillas en misa. Pero me parece a mí que mi abuela, cuando lo decía, dejaba la uve en minúscula.