NaNoWriMo 2011¿Recordáis cuando reconocí públicamente mi derrota en el NaNoWriMo el año pasado?

¿Eh? ¿Lo recordáis, eh?

Pues eso. Ahí lo tenéis. Este año no me he dado por vencida y he llegado al objetivo de las 50.000 palabras en 29 días, contando incluso con retrasos salvajes ocasionados por el trabajo, el cansancio, y el visionado de una cantidad a todas luces excesiva de American Horror Story y (para desengrasar) Castle. Y ahora es cuando tiene lugar el siguiente diálogo:

Amigo/conocido/familiar/señor que pasa por la calle: Vale, ¿y eso para qué es? O sea, ¿qué has ganado?

Daurmith: Nada, si no se gana nada. Es un reto, sin más. Al fin y al cabo siempre estás diciendo que es que “no tengo tiempo”, o que “es que me da la pereza” o algo así. Bueno, pues si te apuntas al NaNoWriMo tienes un poco el refuerzo de grupo. Estamos todos diciendo que escribiremos, pase lo que pase, durante todo el mes. Sacando tiempo de

Amigo/conocido/etcétera: ¿Y puedo leer lo que has escrito?

Daurmith: Pero qué dices, persona loca. Es imposible escribir algo medianamente legible a ritmo de 1.600 palabras por día, palabra arriba palabra abajo, incluyendo domingos y festivos. Habrá quien lo haga, pero en general luego le toca una temporada de revisiones que puede durar varias semanas. O meses. Y de todos modos, al menos en mi caso, esto no sé qué va a acabar siendo. De momento, un archivo en el ordenador, que guardaré cuidadosamente y que a lo mejor sirve para hacer otras cosas con él.

Amigo/conocido/blablabla: *Se encoge de hombros y me mira con divertida displicencia, como queriendo expresar que allá yo, y que hay cosas mejores con las que perder el tiempo, como el fútbol o algo así*.

Pero yo estoy contenta, porque encontré la manera de al menos tener los dedos moviéndose constantemente durante todo un mes. Y aunque he pasado por todos los momentos del hastío y la sensación de futilidad que debieron sentir los Grandes (Dan Brown, JJ Benítez y demás maestros a cuyas alturas jamás podría siquiera aspirar), he aprendido muchas cosas. Algunas sorprendentes, como por ejemplo que ayuda hacerte una planificación previa del argumento y usar herramientas que nunca creía que acabaría usando, como tags o palabras clave. Otras no tan sorprendentes por ya sabidas, como que el Scrivener mola, o que de verdad ponerse a escribir y coger un ritmo ayuda a seguir escribiendo. Y otras, agradablemente sorprendentes, como que ahora, que puedo descansar de escribir? Tengo ganas de escribir más.