Ha nacido un nuevo acrónimo. Y van… Unos doce mil novecientos cuarenta y cuatro, creo. Y los que quedan. Qué manía. ¿Tanto cuesta escribirlo todo seguidito? Entiendo que, si el palabro es largo y se usa mucho, se use el acrónimo, pero jopeta, es que parece que si no ponen las letritas a todo, aunque lo conozcan sólo en su casa y a la hora de la cena, no se quedan a gusto…

Errrrm, bueno, decía, el nuevo acrónimo es DPD: Difference, Power and Discrimination, que es… no sé qué es… Un grupo de cosas que pasan que se pueden definir como cosas que tienen que ver con, bueno, diferencia, poder y discriminación. He leído el artículo dos veces y sigo sin saber lo que es. Creo que es una guía para aprender a detectar casos de DPD en el lenguaje escrito y evitarlos: un disfraz para lo políticamente correcto. DPD. Tiene nombre de droga. Dice una tal Susan Shaw que la guía “ayuda a la gente a darse cuenta de cómo usamos el lenguaje para construir la realidad”. Postmoderna habemus. Mientras no hable de ciencia no me meteré con ella, jijiji.

Me ronda la sospecha de que ponen los acrónimos para hacer parecer las cosas más importantes. DPD. PMS. WAPM. IMHO. IMNSHO. ADD. WS. OSU.

Ays. Connie Willis, qué razón tienes y cuánto sabes. Genio, que eres una genio. Todo clavadito a lo que cuentas, todo. Ays.

P.D. Pues sí. He ido a la página web donde está esta guía y sí, es una manera postmoderna de abordar el problema de la, um, DPD… Básicamente: si no escribes cosas feas las cosas feas se irán. Mis disculpas a los postmodernistas de verdad que han contribuido con cosas serias e interesantes,