Hoy, claro.
¡Feliz día de Darwin! Estoy de viaje, a ver si esta noche puedo poner algo más.

Es más tarde, pero sigo de viaje. Paciencia. Darwin tardó cinco años, oye.

Es más tarde aún. Ya no estoy de viaje. Ahora no sé qué decir.
No sé qué decir porque hemos terminado el llamado Año de Darwin, donde todo el mundo se ha puesto a decir muchas veces (¡pero muchas!) que es el Año de Darwin. Y a hacer documentales, muchos documentales (¡pero muchos!) sobre la vida de Darwin. Sobre su obra, menos, que eso es de estudiar y tal, y podemos espantar a la audiencia. Pero tras el Año de Darwin estoy segura de que la gente sabe ya muchas cosas, tales como:
-Todo el mundo conoce a Darwin de jovencito (“el chico ese de las cejas y las patillas”) y a Darwin de mayor (“el señor ese de las cejas y la barba”).
-Todos saben que Darwin fue marinero. O viajó en barco. O tenía un barco. O dibujaba barcos. En todo caso había un barco de por medio.
-Todos saben que Darwin estuvo en las Galápagos, y que cuando estuvo se parecía un montón a Paul Bettany (quién lo pillara, madre). Qué hizo en las Galápagos es un tema algo más misterioso. Hay quien dice que fue de picnic. Hay quien dice que avistó un barco francés y se fue corriendo.
-Todos saben que Darwin escribió un libro, aunque nadie se lo ha leído; y que en el libro se dice que el hombre desciende del mono. O que somos monos. O que Dios no existe. O algo así. Sea como sea, todos se creen que el libro sirvió fundamentalmente para cabrear a, bueno, fundamentalistas.
-Todos los señores serios con gafas y bata dicen que Darwin es lo mejor que le ha pasado al mundo en general, y a las ciencias biológicas en particular, desde la invención de la cremallera. Esto ocasiona un enorme montón de tinta derramada y de bytes ocupados en los foros de internet, porque hay gente a la que esto que dicen los señores con gafas y bata le resulta insultante.
-Todas las teorías están tranquilitas en su estante y nadie se mete con ellas por ser teorías. Al menos no sé de muchos que se metan con la teoría de la gravitación universal o la teoría heliocéntrica. Pero en cuando detrás de teoría viene “evolución”, siempre hay quien dice que las teorías son cosas que aguantan lo que un martillo de plastilina y que valen menos que la opinión de un famoso en el magazine de la tarde. De un famoso que opine, claro, sobre evolución.
¿Véis? Esto del Año de Darwin ha dado para tanto, que no sé yo si con un día a partir de ahora tendremos suficiente. Pero habrá que conformarse. De modo que yo, al menos, me alegro hoy porque es el aniversario del nacimiento de Charles Darwin, el que nos regaló la explicación para la diversidad de los seres vivos. Gratis y sin pagar a la SGAE. Y eso merece celebrarse. Más, y que me perdonen los aficionados al fútbol, que cualquier final de Liga. Mucho más. Es la única efeméride que a mí me dice algo, la verdad.
De modo que alegruja, y olfated. Y feliz cumple, Mr. Darwin.