Hay veces que debería dejarlo estar. No por nada, pero es que son ganas de complicarme la vida. La cosa es así:

Me pasan una historia por Twitter. Una historia preciosa, todo hay que decirlo. Vean ustedes:

 Nekochan_question

Música para mis ojos, o como se diga. Una alumna que organiza una biblioteca clandestina en las taquillas (los americanos, ya se sabe, tienen todos taquillas, sin las cuales no tendríamos sitcoms en colegios) con los libros que el consejo escolar ha prohibido, entre los que se encuentran joyas como El Retrato de Dorian Gray, La Divina Comedia o El Guardián entre el Centeno. Escolares bebiendo ávidamente del conocimiento prohibido, encontrándose en la clandestinidad con estos y otros grandes clásicos de la literatura. David contra Goliath. Voy componiendo frases en mi cabeza para una entrada de blog, para esta entrada de blog.

Entonces llego a casa, y me pongo a escribir la entrada, toda emocionada: biblioteca clandestina, joven arriesgada y creativa, material para un peliculón en ciernes, de esos de Antena 3. O para que a don Arturo Pérez-Reverte le dé un sofocón de gozo (algún día lo conseguiré, algún día). Y en ello estaba cuando se me casca el ScribeFire.

Inciso: el ScribeFire es el editor que uso para el blog. Es un complemento de Firefox. Va bien salvo por dos detallitos. Uno, no permite alt+tab, y una es una viciosa del alt+tab. Y dos, de vez en cuando tiene un vahído y pum, te destruye entradas a medio escribir.

No hay cosa que me dé más rabia que se me volatilice una entrada  de blog a medio escribir, sobre todo una de esas con enjundia, y alguna imagen, y textos que tengo que traducir. De modo que imaginaos la escena:

ScribeFire: *Puff* ¡Yupiii! ¡Ya no tá la entradaaaaa! ¿A que molo?

Daurmith: *Cuatro minutos y medio de inactividad inexpresiva, mirando muy, muy fijo la pantalla.*

Pasado el shock (es un decir), suspiro, hago crujir los nudillos, y me aplico a recontruir la entrada. Pero es en vano. Se ha perdido la ilusión inicial, el entusiasmo, la espontaneidad. De modo que me pongo a tontear en Facebook.

Y un comentarista amiguete y también tuitero comenta que qué lista de libros más rara. Porque la razón aducida por nuestra heroína para la prohibición era que los libros “iban contra el catolicismo”. Pero claro, en la lista están cosas que, bueno, ni con la mejor de las intenciones… Mort, de Terry Pratchett, ya ves. La Guía del Autoestopista Galáctico. O La Divina Comedia. La Divina Comedia, fíjense ustedes. Tiene razón el comentarista: no encaja.

Bueno, ¿y qué? Es chulísima, la historia. ¿Qué más da si no es verdad? Pero ya tengo la mosca detrás de la oreja. El gusanito. La vocecita que me susurra que compruebe mis fuentes (con la voz de H. L. Mencken, curiosamente. Y digo curiosamente porque no sé cómo suena la voz de H.L. Mencken.

De modo que tonteo un poco más, pero ahora con Google. Y lo que mi entusiasmo inicial, apagado por el vil ScribeFire, no había hecho, lo consiguió mi falta de ganas de reescribir una entrada. Mi sentido crítico despertó. Busqué alguna confirmación independiente de esta historia. No la encontré, sólo repeticiones acríticas (como iba a ser la mía) en algunas páginas. Busqué alguna información sobre la tal Nekochan, sobre cómo había acabado su aventura. Nada. Cero. Busqué en BoingBoing, donde hay una entrada de Cory Doctorow sobre el tema que parecía contener una discusión interesante, pero los comentarios estaban bloqueados. Um. Sospechoso. En otra página de bibliotecarios encuentro un par de críticas interesantes a la historia. No encuentro confirmación alguna. De hecho, encuentro que esta misma historia ha hecho la ronda de internet y redes sociales varias en 2005, en 2009, y ahora en 2011.

En resumen: hoax. Timo. Historia falsa, o como mínimo, no probada. Bonita, eso sí. Aún es más: preciosa. Para un cuento corto, para un telefilm, para un montón de cosas de ficción, es material de primera. Pero yo lo estaba aceptando acríticamente porque me gustaba, porque quería que fuera cierto. Sin el fallo del ScribeFire, ni me hubiera molestado en comprobarlo. ¿Que esto es una nimiedad? Sin duda. Pero sintomática.

Y ahora aquí estoy, contándooslo. Cuando debería estar escribiendo una entrada para Escéptica, que me toca el jueves y no sé aún de qué escribir.

Pero cualquiera se atreve hoy, con la noche que llevo… ¿Alguien conoce un buen editor de blogs para mac, que soporte Movable Type y no esté integrado en el navegador?