¿Qué tienen en común la prohibición de subir líquidos a los aviones, la gente que compra yoduro potásico o acaba con las existencias de sal yodada, un pato, y mi tía?

No es una pregunta retórica, pero creo que os hace falta algo de contexto para contestarla. Empezaré por mi tía, que me pilla más cerca.

Esto viene a raíz de mi ya no tan reciente suicidio homeopático. Mi tía no lee este blog, y un día que vino a comer a casa, durante la sobremesa, salió el tema y le expliqué un poco lo que hicimos muchos ese día. Tras la sorpresa inicial nos pusimos a hablar de la homeopatía, le conté un poco en qué consistía (no lo sabía, creía que eran “hierbas”), y se quedó pensativa, admitiendo que los principios en que se basa la homeopatía son un tanto descabellados. Pero aun así le pareció que lo que yo hice era una imprudencia.

-Pero si ya has visto que no había nada en esas píldoras -dije.
-Sí, pero por si acaso.

Ese “por si acaso” resume perfectamente la postura de mucha gente, por lo demás tan racional como cualquiera, cuando se enfrenta a alguno de estos temas. Yo no creo en X, pero por si acaso. Llámese X a las casas encantadas, la homeopatía, los gatos negros, o la astrología. Ese por si acaso, añadido después del “yo no creo en X”, quiere decir, seamos claros, “yo creo en X”. Los que ahora mismo estéis pensando que no creéis en la homeopatía pero no estéis dispuestos a trasegaros una caja entera de Sedatif PC, creéis en la homeopatía. Idem los que no creéis en la astrología pero preguntáis por su signo a la gente y decís cosas como “típico de los Tauro”. Sorry. Creéis. Llamadlo condicionante cultural o social o como queráis, pero estas actitudes perpetúan el statu quo. No es necesariamente malo salvo si esto os hace no utilizar las ventajas que la medicina de verdad os puede ofrecer, pero es peligroso.

Peligroso, porque se basa en la aceptación acrítica de afirmaciones sin base científica. Si no estamos familiarizados con las matemáticas, y la mayoría de nosotros no lo estamos, nos colarán la homeopatía y bastantes más cosas. Si no estamos familiarizados con un poco de pensamiento crítico y un poquirritín de física, los periódicos seguirán publicando horóscopos y las televisiones ganando dinero de madrugada con supuestas videntes. Si no tenemos ni pajolera idea de química ni estadística, y no somos capaces de hacer un análisis de riesgo aunque sea básico, seguiremos asustados por si alguien se mete en el lavabo de un avión y lo vuela a base de mezclar champú y loción de afeitado, o cualquier otra cosa. La prohibición de subir líquidos a los aviones por si alguien monta una terrible bomba, igual que otras idioteces como revisar los zapatos, se basa en nada, porque el riesgo de volar un avión a base de crear una bomba casera con líquidos que lleves encima es mucho menor que el riesgo de cruzar una calle cualquiera de una ciudad cualquiera, o resbalar y partirte la crisma en el baño. Leed el enlace, merece la pena.

La gente que empieza a tragar píldoras de yodo como si fueran caramelos por miedo cuando leen que “la radiación es dos veces más alta de lo normal” o algún titular semejante, y se hacen con ello más daño del que quieren evitar. La gente que compra Oscillococcinum contra los resfriados creyendo que realmente va a hacer algo más que un placebo o un vasito de leche caliente con miel. La gente que decide que los líquidos en los aviones pueden hacer algo más que salirse dentro de la maleta y pringarte el pijama. La gente que califica como apocalipsis una tragedia tremenda y un peligro grave que podría haber sido realmente un apocalipsis pero que, menos mal, no lo ha sido. La gente que, como mi tía, actúa bajo la influencia de “por si acasos” que no tienen base en la realidad que ellos mismos acaban de aceptar.

Toda esta gente, y yo también para otras cosas, tenemos algo en común. Una carencia. Adivinad de qué.