Es una tarde de domingo larga, de esas que pasan despacio, con regodeo, remachando bien la idea de que la primavera está aquí para quedarse, le pese a las bajas presiones del Pacífico o a Santa María Goretti. Me he pasado el día haciendo el vago, y la tarde va por el mismo camino -para qué renegar de un clásico, ¿verdad?-. En el apartado musical tengo las cosas raras que a mí me gustan (Glass y demás ralea), entreveradas con cosas más normales como Andrés Segovia llevando al cielo piececitas para guitarra de segundo de conservatorio, y las canciones suaves de Suzanne Vega, todo ello sabiamente dosificado por el ordenador, al que he convencido de que me sirva lo expuesto en orden aleatorio. O pseudo aleatorio, no lo sé.

Estoy con el ánimo bonachón hoy. Todo sigue su curso normal en Corvallis: es la época de sufrir mucho con las alergias; al ir a comprar al súper he visto los estantes llenos de antihistamínicos y demás porquerías, y una ya no sabe si los ponen porque la gente sufre de alergias o si la gente sufre de alergias porque los ponen. Al fin y al cabo nos van lavando el cerebrín un mes antes de [insertar fecha señalada aquí] con todos los estantes bien puestos y bien decoraditos en los colores codificados (rojo y verde en Navidad, tonos pastel en Pascua, azul, rojo y blanco para el Independence Day), y un día escaso después del asunto celebrado, ya están las galas dispuestas para [insertar siguiente fecha señalada aquí] y los bienes (?) de consumo (!) de la fecha anterior en el bidón de “Saldos”.

Ahora mismo están con el Día de la Madre, esa santa, oiga. Es un poco difícil celebrar el día de la madre en USA, más que nada por la definición del término: un porcentaje muy significativo de la población tiene a la madre viviendo con su tercer ex-marido (diseñador gráfico) a tres zonas horarias de distancia, y la tal madre es, pongamos por caso, piloto de helicóptero del servicio forestal dos semanas al mes, mientras que las otras dos semanas las emplea en hacer rafting en el río Colorado y una carrera de nordic walking en las Cascade Mountains, y en los ratos libres estudia técnicas de pesca de los indios Lakota, y una vez al mes publica una newsletter en su página web para dejar saber a la familia dónde está y el número de su móvil. Hasta ha programado ella sola (tiene un master en programación y otro en Estudios de la Mujer) un applet de Java que envía a la página web las coordenadas UTM desde su PDA. Y si no han entendido las últimas líneas es que son ustedes unos antiguos.

Pero como ya he dicho, estoy con el ánimo bonachón, así que me parece perfecto. Es más, le diría a la progenie de esta hipotética madre que se rasquen el bolsillo y le compren un casco nuevo y molón de fibra de vidrio decorado a mano por los indios Hopi, que el que tiene está hecho una pena y cuando se va de escalada al estado de Washington queda fatal con sus compañeros del grupo de supervivencia.