Con la penúltima (nunca es la última) secuenciación del genoma del ratón ha venido un sarpullido de titulares del tipo “los humanos somos un 99% idénticos a los ratones” o poco menos. Que si compartimos un muchoporciento de los genes con ellos, que si hay que ver lo que nos parecemos, que la estimación es que tenemos más o menos el mismo número de genes… Todo el mundo se hace cruces, me dicen, del descubrimiento.
Todo esto viene por una razón: la metáfora de la secuencia del genoma como “el libro de la vida”. Es una metáfora poderosísima porque es muy apta. Pero es una metáfora. [{Ya me explayé yo una vez con las metáforas http://daurmith.blogalia.com/?/historias/3806}]: tienen mucho peligro. Veamos un poquito el peligro de esta metáfora bibliófila en cuestión. Otro rato me extiendo sobre lo bueno que es el parecido entre nosotros y ellos; hoy, de momento, hablaremos de las diferencias.
En [{Nature http://www.nature.com}], que es donde saben de estas cosas, se resume el asunto con una frase muy certera: “Lo primero que llama la atención al comparar los genomas del humano y del ratón es lo parecidos que son; lo segundo, lo diferentes que son”. Si fuéramos libros, se podría uno asombrar de las similaridades, porque “palabra por palabra” sí, nos parecemos mucho a los ratones. Pero no somos libros. El genoma tiene más truco que esto. Un libro es la secuencia de sus caracteres. Un humano, no. Un ratón, tampoco. Los humanos, los ratones, y todas las demás cosas que tienen genes, son el resultado de las “instrucciones del libro” (ya sé, es otra metáfora, no la llevaré muy lejos). Son como son por la manera en que estos genes, que no son libros ni palabras, interactúan con otros genes y con las proteínas que ellos mismos codifican. Somos como somos precisamente porque el genoma [*no*] es un libro, sino una especie de complicadísimo programa de autoensamblaje.
La clave para entender estos datos de similitudes o diferencias entre especies de secuencias parecidas es la manera en que los genes se regulan: cuáles se activan, cuándo se activan, en función de qué se activan. Aquello que determina y controla el patrón de activación puede ser, comparativamente hablando, una porción muy pequeñita del genoma. Pero es la porción crucial, así que la noticia no es “hay que ver cuánto nos parecemos los ratones y las personas”, sino “hay que ver lo poco que hace falta para que los ratones y las personas seamos tan diferentes”.
Repetid todos conmigo: “la clave está en la manera en que los genes se regulan”. Esto es importante. La secuenciación de genomas es un primer paso; la [/comprensión/] del genoma es el siguiente, y es una tarea ingente. Si secuenciar el genoma humano fue como escalar el Everest de la biología, entenderlo va a ser como dar la vuelta a Júpiter a la pata coja.
Pero lo vamos a hacer.