… Gatito bis. Copycat es un clon. Una gatita clonada. Como Dolly, pero en felino. La emoción de todo este asunto está en la repetibilidad (sí, se hizo en ovejas, ahora vemos que se puede hacer en gatos también) y en el hecho de que se han encontrado, a grandes rasgos, los mismos problemas que para otros organismos (si hubiera un juego de problemas diferente para cada tipo de bicho, apaga y vámonos). Ochenta y pico intentos, sólo dos embarazos, y uno fallido. Del otro salió la minina que nos ocupa.

Aparte de eso, el hecho de que Copycat haya llegado a los titulares se debe a dos cosas. Cosa Uno: que últimamente todo lo que hace “clon clon” es sinónimo de campana de alarma, o al menos foco inmediato de atención, independientemente de su trascendencia (ya me dirán la utilidad de clonar un micho en plan rutina cuando están las perreras y las gateras a rebosar…). Y Cosa Dos: que Copycat es muy fotogénica, como todos los gatos. Más que Dolly. Así que queda muy bien en el periódico o la página web de turno.

Personalmente, a mí lo que me ha gustado es el hecho de que la coloración de su pelaje sea distinta a la de su madre-gemela-donante-de-núcleo, demostrando los efectos a veces drásticos que tiene el entorno, por mucha copia genética que se sea. Siempre viene bien el toquecito de atención a los bobos que a la mínima andan gritando “¡Otro Hitler, otro Hitler!”.