Este debe ser un fenómeno científico que ha escapado a la atención de los cerebros del momento, pero que sin duda existe. Acabo de presenciarlo, vaya.

Hacía unos días que no me acercaba por la biblioteca, porque cuando lo hago siempre paso en ella más tiempo del esperado. Y es que estoy enamorada de la biblioteca de este campus, nuevecita, moderna, agradable, amplia, cómoda, luminosa, y encima con libros. El Paraíso. Pero hoy tenía que ir a por un par de artículos, así que, nada, a sacrificarse (jiu jiu), y al llegar me he encontrado con un cuadro de lo más curioso.

En la amplia explanada de césped que sirve de proscenio al bonito edificio de la biblioteca, ha surgido, cual champiñón, una tienda de esas grandes que se ven en las bodas, con ventanas recortadas de plástico y todo. Dentro, mesitas redondas con ramos de flores frescas en búcaros, una tabla de buffet a medio preparar, y camareros distribuyendo cubiertos. Fuera, un número inusitado (para lo que es el campus) de caballeros y damas de avanzada edad, trajeados ellos, con vestidos de flores ellas, sentados al sol y hablando en voz baja como embajadores en alguna recepción europea, una visión encantadora por lo poco habitual. A un lado de la tienda, dos guitarristas y una violinista ensayan melodías suaves e increíblemente cursis ante la mirada bovina de un técnico de sonido. Qué bonito, pienso. Un picnic de siete estrellas. Pero enseguida miro a lo lejos y veo que en un ensanche de uno de los caminos empedrados que llevan a la biblioteca ha surgido, prácticamente de la noche a la mañana, otro champiñón, este más permanente: una torre de ladrillo rematada por un campanil con cuatro campanas doradas rutilantes, nuevecitas. Un enorme lazo de raso justo debajo de un reloj inserto en la fachada indica que la construcción es un regalo. Qué cosas más raras regala la gente por aquí. Digo yo que algo más práctico, como más libros o más plazas de aparcamiento, o conexión por cable o algo, sería más de interés para el alumnado. Pero a ver cómo pones la placa en ese caso, mientras que aquí veo la cortinilla (de raso, a juego con el lazo) tapando la placa en cuestión…

¿Me enteraré del Misterio del Campanario Repentino? Probablemente. ¡No se pierdan las explicaciones del detective aquí, en La Biblioteca de Babel, su Blogger amigo!