(Dos entradas en un día, estoy que no me conozco, esto parece 2002).

Harrumph...

Pues ya he visto Watchmen.

Tenía mucho miedo de ver Watchmen, por las mismas razones por las que, en su día, tuve mucho miedo de ver V de Vendetta. En el caso de V de Vendetta me sorprendí agradablemente, porque la película me gustó mucho, salvo por algunos detalles.

Watchmen me ha gustado mucho, salvo por algunos detalles.

Voy a explayarme un poquito, ahora que la tengo fresquita.

Atención: si no has leído el comic ni has visto la película, no sigas leyendo: te puedo fastidiar algunas cosas.

Sí, los actores son perfectos, con la excepción de Ozymandias, que queda un poco, um… aguado respecto al personaje de la novela gráfica. Aquel exudaba carisma, belleza, y poder latente, era la perfección humana en todos -o casi todos- los aspectos. Este sólo exuda after shave del caro y tiene una mirada lánguida en plan “tengo hora con la manicura” que no acaba de funcionar. Dicho esto, no me ha disgustado: queda lo suficientemente frío, lo suficientemente distante, lo suficientemente soberbio. Pero no emula en absoluto a su héroe Alejandro.

Rorschach, sin embargo, está clavado. Mi más ferviente enhorabuena a Jackie Earle Haley, el actor que lo encarna. Me falta escuchar el trabajo que hace con la voz, pero por lo demás ha dado vida a un personaje dificilísimo de plasmar. Y extiendo mi enhorabuena a Patrick Wilson (Búho Nocturno), Jeffrey Dean Morgan (el Comediante), y el resto del reparto, que la verdad es que han hecho un trabajo excelente, mucho más allá de mis expectativas. Que eran, lo repito, bajitas.

Mis disculpas (*reverencia*) a Zack Snyder, el director, por dar por sentado que haría un trabajo superficial y simplificado, como hizo con 300. Pero claro, con 300 tenía que trabajar con un material original superficial y simplificado, de modo que no se le puede culpar. Watchmen no es ni superficial ni sencillo, y como reconozco su dificultad, no me han dolido los fallos de ritmo, las desapariciones de bastantes tramas (algunas, espero, se verán en el montaje del director), ni el cambio de final, que funciona bien, y probablemente mejor que el original, porque el original tiene más de veinte años y quizá hubiera quedado un poco… ingenuo. ¡Eru mío, que hablo de Moore! Al infienno iré… pero lo mantengo.

La parte más… filosófica de la obra, los parlamentos que Moore pone en boca del Dr. Manhattan o Rorschach, quedan en mi opinión un poco forzados, un poco pretenciosos (el barbas es, no nos engañemos, un poco pretencioso, o lo era cuando escribió Watchmen). Pero la crudeza, y la lucidez despiadada de ambos personajes, no ha cambiado: no han dulcificado en absoluto a los personajes ni la trama, como hicieron con el personaje de V. Quizá esas partes “pesen” algo más, pero son importantes y están tratadas con la importancia que merecen. Las imágenes de Marte son, de paso, bellísimas.

Y que nadie se llame a engaño: Watchmen no es una película leve de aventuras y tortas. Y sus superhéroes no son Supermán. El concepto que tiene Moore del superhéroe (y que desarrollaría, eficaz y estremecedoramente, en Miracleman), es más nietzscheniano (¡salud!) y bastante menos tranquilizador que un señor con los calzoncillos por fuera de los leotardos que rescata autobuses escolares. Dicho sea con todos mis respetos a Supermán, claro. Pero en Watchmen, ninguno de los personajes es muy heroico. Y los motivos que cada uno de ellos tiene para disfrazarse y salir a aporrear malos no son exactamente luchar por la libertad, la justicia, y el pastel de manzana. Id avisados.

Y a ver si el DVD no tarda mucho. Que quiero ver qué se dejó Mr. Snyder por enseñarnos en el cine.