Lunes. Han venido unos fotógrafos al laboratorio para no sé qué folleto que va a sacar el Departamento. Curiosamente, la sesión no ha consistido en mentir bellacamente pipeteando liquiditos teñidos de azul mientras ponemos cara de estar haciendo algo muy importante, que es lo que suele pasar cuando llega un fotógrafo a un laboratorio y no se encuentra las retortas de líquidos verdes y burbujeantes que la tele nos ha condicionado a encontrar en los laboratorios. La dura realidad es que la mayor parte de los experimentos consisten en pasar potingues incoloros a tubitos con otros potingues incoloros, y cuando pasa algo emocionante suele ser porque ha explotado un matraz en el autoclave o se te ha derramado el bromuro de etidio, lo cual queda rosado y decorativo, pero no divierte mucho, porque no es un potingue amigable.

Pero, como ya he dicho, no ha sido el caso: las fotos han sido neutras, algo sositas, pero muy sinceras, y al menos han salido plantitas, que siempre queda mejor que las consabidas placas de bacterias. El fotógrafo tenía una piazo Hasselblad que nos ha tenido a todos babeando un ratito, eso sí.

Mientras, Javier Armentia nos enseña en su blog el tono azul turquesa que resulta de la composición promedio de la luz emitida por los objetos celestes. Y yo añado, para los curiosos, que el DNA, como todo el mundo sabe, es púrpura, según la broma que circula por todo mi edificio desde hace algunos meses. La viiida está llena de coloooOOOOOOOrrrr…