De vez en cuando las palabras en desuso son mejores que las que están en uso. Este es el caso de la cancamusa. 
La cancamusa es el término que deberíamos usar cuando el difícilmente traducible misdirection aparece en algún sitio. Se llama misdirection, por ejemplo, a la técnica usada por prestidigitadores y otros practicantes de la magia como espectáculo para desviar la atención del espectador de donde esté teniendo lugar el truco de verdad. Pero cualquiera puede usar misdirection, desde un político en un discurso hasta un internauta en un debate en foros virtuales.
Es decir: una cancamusa. Que además de ser palabra eufónica hasta decir basta significa exactamente eso, según el DRAE:

cancamusa. 

1. f. coloq. desus. Dicho o hecho con que se pretende desorientar a alguien para que no advierta el engaño de que va a ser objeto.

Lo de que esté en desuso vamos a dejarlo porque me niego. Tenemos una palabra perfecta y tremendamente útil, que define algo que es necesario conocer y que además suena genial. De modo que me van a ver ustedes usar muchas veces el término por estos y otros lares. Y animo a todo el que haya encontrado el término útil a que lo use, y mucho. Es una palabra que necesita ser rescatada del desván ya.
Porque verán: cancamusas hay por todas partes. No hablo de las que hace un mago cuando nos hace mirar a otro lado o pensar que el truco está aquí cuando en realidad está allá. Eso es parte del oficio del mago: engañarnos, con nuestro beneplácito, y hacernos creer que las cosas no son lo que parecen ser. 
Pero hay otras cancamusas. Cancamusas que lo son para obtener beneficios económicos haciendo pasar por una cosa lo que es en realidad otra. Por ejemplo, la homeopatía, que hace pasar por medicamento lo que no es más que un placebo. ¿Cuál es la cancamusa de la homeopatía? Tiene varias, pero una de las más efectivas es esta:

homeopathy

(Fuente)

Aquí están jugando con la imagen. Pildoritas, frascos, etiquetas con latinajos, largas series de números: tiene todas las apariencias de un medicamento de verdad. De hecho uno de los tubitos dice que contiene (en realidad no) bicromato de potasio, el otro tuya, que es un tipo de ciprés, y el otro un tipo de musgo. Pero en latín suena mejor. Esto es una cancamusa, porque desvía la atención de que te están vendiendo a precio de oro el bicromato de potasio, abejas muertas o caca de perro. Del pato no hablaremos hoy, aunque me cuesta contenerme.

Otros no vienen en tubitos. Son más ortodoxos y vienen en su caja, con su blister y su prospecto. Por ejemplo:

sedatif

(Fuente)

Pero es lo mismo que los tubitos de arriba. Ambos usan el mismo tipo de cancamusa: visten los ropajes de los medicamentos probados en ensayos clínicos contrastados pero en realidad son pildoritas preparadas según los arcaicos y oscuros dictados homeopáticos, con sus diluciones y dinamizaciones, invocando extraños conceptos nunca probados como la memoria del agua. De hecho te puedes comer toda la caja sin más efectos adversos que mal sabor de boca. Pero esto no es lo que se dice, mirad la foto. Lo que se dice, y esto también es cancamusa, es que:
Está adaptado a un gran abanico de pacientes y situaciones: por supuesto, ya que no contiene ningún principio activo que pueda provocar un efecto fisiológico medible.
No provoca somnolencia diurna: ni nocturna tampoco.
Sin interacciones ni contraindicaciones descritas: evidente, porque no hay nada que pueda interactuar ni estar contraindicado.
Gran seguridad en uso prolongado: salvo para diabéticos y/o intolerantes a la lactosa.
Pero aquí la cancamusa es usar el mismo tipo de técnicas que usan las farmacéuticas para publicitar sus productos. La diferencia es que los productos de la medicina de verdad han tenido que pasar muchas, muchas y muy rigurosas pruebas, y aunque el mundillo de la farmacopea no está ni mucho menos exento de pecado (y el de la publicidad no digamos), ellos tienen que lidiar con productos que sí tienen efectos más allá del placebo y tienen que procurar resaltar sus características beneficiosas.
La homeopatía no; sus productos son perfectamente inocuos (salvo si omites tomar el tratamiento efectivo de verdad) porque todos ellos son agua o excipiente o ambas cosas. Por eso usan la cancamusa de decir que no tienen contraindicaciones: desvían la atención del hecho de que no tienen tampoco efecto curativo alguno más allá del placebo. Sus características beneficiosas se reducen a que no tienen los efectos secundarios ni las contraindicaciones de los medicamentos, porque no son medicamentos; pero los venden como tales.

Es una cancamusa excelente: el SedatifPC tiene su prospecto y sus recomendaciones e incluso su posología (“Si usted ha tomado SEDATIF PC® Comprimidos más de lo que debe, consulte inmediatamente a su médico o a su farmacéutico“). Te hace creer que estás tomando una medicina de verdad, como una aspirina o un comprimido de paracetamol. Pero en realidad hay truco: estás poniendo en juego el complejo mecanismo psicológico del efecto placebo. A siete euros y pico la caja de 40 pastillas.
Pero esa es otra cancamusa y debe ser contada en otra ocasión.