Por una vez, y sin que sirva de precedente (o que sirva, a mí qué) me he apuntado a una de estas iniciativas bloguero-virtuales. Porque me toca (quienes me conocéis un poco lo sabéis) la fibra sensible.

La cosa es así: se plantea una reducción media del 15% en los presupuestos destinados a Investigación y Desarrollo. Esto en un país que no se caracteriza precisamente por tener una cultura que entienda y respete la necesidad de un buen sustrato de investigadores, y que jamás ha tenido en sus presupuestos un gran cariño por el I+D. Periódicamente, gobierno va, gobierno viene, se nos promete que esto va a cambiar, que van a poner a España en el lugar que le corresponde, que va a incrementarse el presupuesto, las becas, los trabajos, los proyectos, las colaboraciones, y todo un feliz Edén de lecheras vendiendo la leche. Luego llega la realidad, y siempre, sin excepción, nos hemos quedado en menos.

Este tijeretazo ha dolido especialmente porque hubo quien creyó que por fin saldríamos del hoyo y empezaríamos a hacer los pinitos que podemos hacer. Como bien dice el promotor de esta iniciativa, que aplaudo, existe el mito de pensar que “la Ciencia en España va bien simplemente porque tenemos buenos científicos”. ¿Tenemos buenos científicos? Claro, muchos. ¿La Ciencia en España va bien? Ni de lejos.

La cultura científica en España es inexistente. En el mejor de los casos se ve como algo de escaparate, para hacer bonito e inaugurar molones institutos llenos de vidrio laminado diseñados por el arquitecto de moda, institutos que pasado el titular de turno caen en el más triste de los olvidos (que caigan en el olvido por parte de los medios, vistos los medios que tenemos, casi mejor. Que caigan en el olvido por quienes los deben mantener a flote, pues como que no). En el peor de los casos se ve como un entretenimiento, una pérdida de dinero, una panda de locatis que se ponen a hacer cosas con líquidos burbujeantes en el laboratorio y luego se les queman las cejas, o algo. Gente rara, que se pone a buscar el bosón de Higgs en vez de dedicarse al sector inmobiliario, que es lo que da dinero, hijo mío. Bueno, daba. Pero la idea sigue.

Esos grandes investigadores que tenemos, esa gente maravillosa que ha sabido escudriñar el universo y sacarle todo el jugo, no lo son por ser españoles. Lo son a pesar de ser españoles. Partían con el handicap de haber nacido en uno de los países que peor entiende la necesidad de un sólido programa de I+D. Vale, no es precisamente una de las cosas que dan resultados a corto plazo. Y es imposible saber qué resultados dará. Pero sólo invirtiendo, con buen tino y sin miedo, en programas de investigación y en formación de investigadores profesionales, llegaremos a tener la posibilidad de salir del “que inventen ellos”.

Hace décadas que los investigadores de España están gritando a los cuatro vientos “Queremos inventar NOSOTROS”. La necesidad de tener una cultura que englobe la ciencia como un pilar fundamental más de la sociedad es cada vez más acuciante. ¿Y qué hacemos? Recortar presupuestos de investigación, como si pudiéramos desprendernos fácilmente de una de las claves de una sociedad desarrollada.

Yo no sé si será muy radical, pero a ver, voy a proponer una cosa: es deseable que quienes quieran desarrollar una carrera en investigación, con cierta estabilidad laboral y perspectivas de futuro, puedan hacerlo independientemente de ideologías, gobiernos, modas, y demás tontunas. Porque ello beneficia, primero a la sociedad en la que viven, y luego al planeta en que habitan. Y es responsabilidad del gobierno que sea garantizar que podamos tener una sociedad que no se quede atrás en el desarrollo científico y tecnológico. Hoy más que nunca, nos va la vida en ello.