Fresquete¿Cae nieve? Que caiga. ¿Caen meteoritos? Los dejaremos caer. ¿Caen caramelos? Que vayan cayendo, pero esquivémoslos a ser posible, que un caramelazo duele. También cae granizo, agua, macetas, tejas, ceniza, bombas volcánicas, tierra, y alguna que otra rana. El cielo, entendido como sitio desde el que caen cosas, es un lugar raro.
Lo que ha caído del cielo en Corvallis se ha quedado en el suelo, en forma de una costra blanca y pulverulenta que lo ha dejado todo como si un dios pastelero y demente hubiera decretado el Día Mundial del Azúcar Glacé. Por decirlo de manera más prosaica, estamos en alerta de tormenta. La Universidad ha decidido, heroicamente, no cerrar hoy, para desesperación de los estudiantes recién llegados de las vacaciones de invierno, que se esperaban un día extra de asueto. Un joven optimista y futuro lesionado ha pasado esta mañana haciendo esquí níveo, arrastrado por un coche. Nos hemos saludado con una inclinación de cabeza y una sonrisa cómplice (“Menuda nevada, ¿eh?”, “Sí, hay que ver”, podría haber sido el diálogo). El laboratorio, oficialmente en funcionamiento, pero extraoficialmente bajo mínimos, sufría hoy un ataque de investigadores mirando por las ventanas. Todo el mundo hablaba del tiempo, por las calles y bajo techo. Dos chicas comentaban que tendrían que dejar la cocina encendida toda la tarde para calentar la casa; o no tienen calefacción o me estoy perdiendo algo. Otra joven rubia le decía a su microteléfono que le daba miedo conducir hoy. La poca conversación diaria ha adquirido un matiz levemente predecible.
-Qué frío, ¿eh? -me ha dicho Anna esta mañana.
-Menuda nevada, ¿has visto? -ha sido la contribución de Huixian.
-¿Qué te parece la que está cayendo? -ha preguntado Pete, dando zapatazos al entrar en el laboratorio.
-¿Café de la casa o especial del día? -ha dicho el camarero de la Beanery, ganándose el Premio Daurmith a la Pregunta Más Original del Día y mis bendiciones eternas por el café calentito que ha devuelto mi nariz a su habitual estado no-criogenizado.
Yo me he dejado llevar, qué remedio. Total, más frío hace hoy en Marte y a la Spirit no le importa, ahí la tenemos haciendo fotos sin parar, como un turista algo pirado. Si ella no se queja, a buenas horas me voy a quejar yo, que además tengo bufanda y gorro.
Esta noche se ha puesto a nevar de nuevo, una nieve finita y ligera como caspilla, que ha recubierto las partes del suelo que habían logrado emerger durante el día. Ahora el asfalto está de nuevo pintado de un blanco chispeante, y las calles están extrañamente luminosas. Corvallis casi no tiene alumbrado público; generalmente cuando es de noche, es de noche. Pero hoy la capa de nubes refleja una luz de tono pardorrojizo que a su vez rebota en la costra blanca y lo llena todo de una luz curiosísima, de color óxido, compuesta de halos de farolas y lámparas de los porches, y algún coche que ronronea despacito por las calles, conduciendo, como quien dice, de puntillas.