Mientras vosotros pensáis frases y giros bonitos para el cuadro, yo ando leyendo cosas de mucho miedo y desazón, no sé por qué. Desde los bezoares hasta los Rattenköenig, pasando por la terrorífica historia de Punch y Judy, que ha venido siendo contada a los niños durante siglos y que es sin duda más brutal y violenta que la de Drácula. La característica vocecilla sibilante de Punch, secreto de oficio de los maestros titiriteros, de algún modo hace que la historia sea todavía más horripilante.

El inglés es un idioma muy onomatopéyico, pero falla bastante en las palabras para dar miedo. La historia de Punch y Judy se puede calificar como “creepy” y “gloomy”, que se pronuncian “cripi” y “glumi”. Lo cual, me van a perdonar, no es serio. Son nombres de pececitos de colores. A veces los angloparlantes hacen un valiente intento de atenuar la tontería alargando la “oo” en “gloomy”, pero entonces suena “gluuuuumi” y a mí me da todavía más risa. No se puede ir dando miedo con nombres de pececitos de colores, my dear sirs. La historia de Punch y Judy es terrorífica, siniestra, horrible, terrible, espantosa, cruel, o pavorosa. Pero si andas diciendo que es cripi y glumi, dan ganas de ponerse a cantar canciones de Disney, si es que se te pasa el ataque de risa floja, claro…

Bonito, ese cuadro, ¿verdad? ¿No os da ganas de escribir algo al respecto?