Me entero hoy por el periódico del campus (fuente continua de sorpresa y diversión) de que hay un “evento” en el campus.
Esto es normal. El otro día era un cubo de listones que, convenientemente cubierto de ramas floridas, era testimonio de una tradición judía que desconozco. Hillel, creo que se llama. Aún está ahí, aunque las ramas floridas están ya asaz pochas. Dos semanas atrás, el inicio de curso se celebraba con juegos de frisbees y lacrosse, música, barbacoas varias y otros jolgorios. Mañana, quién sabe; quizá la asociación de estudiantes del Pacífico monte un romántico luau bajo la lluvia.
Hoy, al parecer, tocaba celebrar lo que molan las mujeres. Otra vez. Siempre están celebrando lo que molamos las mujeres. Debemos molar mogollón, o necesitarlo mucho. La cuestión es que cada dos por tres, zaca, allá que va el evento: día de la mujer trabajadora. Día de la mujer liberada. Día de la mujer sin liberar. Día de la mujer espacio en blanco.
Pues el de hoy era el día de la individualidad femenina en el campus. Chúpate esa (yo me he chupado las mayúsculas, en realidad era el Día de la Individualidad Femenina en el Campus. Saluden, por favor). Hay que promover la Individualidad Femenina. Pos fale. Lo llaman “Indie Day”. No por indio, sino por “independiente”, que como en inglés es palabra larga, “independent”, va y se acorta enseguida para ahorrar esfuerzos al personal, con el gracioso apócope “Indie”.
Vale, pues se trata de celebrar el misterioso hecho de que hay algo llamado individualidad femenina, y de que el término describe “mujeres universitarias que son verdaderas pensadoras independientes con espíritu y estilo realmente individualistas.”
Y ahora es cuando yo muestro el colmillo, claro.
¿De qué perol papanatista han bebido estas criaturas para inventarse semejante chorromemez, a ver? ¿Esto qué es, la fiesta de “a ver quien crea las etiquetas más imbéciles”? ¿A ver quién hace el peloteo más blandurrio, pijo y descarado? ¿En qué cabeza cabe hacer tal clasificación zopenca de si piensas así o asá, de si eres mujer individual femenina u hombre individual masculino, o hermafrodita de mente colmena? ¿Por qué se creen que hay que andar dando palmaditas a la cabeza de la gente y decirles lo majísimos que son, o lo majísimas que son, por el simple hecho de vivir y respirar y de vez en cuando molestarse en usar palabras de cinco sílabas? ¿Qué aguililla de utópicas visiones pensó que un acto de aborregamiento tal como montar una paraeta en la que las chicas -ojo, sólo las chicas, los chicos aquí son escoria, o al menos improcedentes- se ponen delante de un fondo pintado y, detrás de un recorte de plancha pintarrajeado como un disfraz, se hacen fotos (respira, Daurmith, respira), ayudaría en algún modo a la individualidad femenina, sea eso lo que sea? ¿Qué leñes es la individualidad femenina, y por qué el matiz sexual? ¿Qué pedazo de pisquimpirol -gracias, Don Umberto- tuvo la idea? Y sobre todo, ¿qué pedazo de pisquimpirolas -gracias de nuevo, Don- le siguieron el juego y formaron largas y ordenadas colas –béeee– para hacerse las chorrafotos?
¿Os lo digo? Los instigadores de tal contradicción acefálica son o.b.: una marca de tampones. Saquen sus propia conclusiones; repartían muestras gratis.
Y si parezco un tanto soliviantada, no os dejéis engañar. En realidad me dio la risa. Pero de vez en cuando hay que sacar a pasear algunos adjetivos, y esta es una excusa tan buena como otra cualquiera. Y mejor que muchas.