Sujeto paciente de algunos de mis comentarios, y sufrido protagonista de algunas fotos subrepticias que pongo a veces en estas páginas, mi vecino Pablo, que lleva un par de años en Corvallis, se vuelve a España. Me alegra decir que con trabajo. En todo este tiempo no he hablado mucho de él, en parte por si acaso no quería (ya me ha dicho que no le importa), y en parte por si me devuelve a España a patadas, porque estamos, estábamos, muy cerca. Él vivía en el apartamento de al lado. Ahora ya no, porque se va el lunes y mientras tanto vive en casa de amigos. Total, sólo le ofrecieron catorce habitaciones en otras tantas casas, y exagero. Estoy segura de que la vida nocturna de Corvallis va a sufrir un bajón hasta la escala negativa después de que él se vaya.

Esto de vivir al ladito tiene innegables ventajas, como todas las cenas que le he gorroneado, por poner un ejemplo:

-Hola, Pablo, ¿qué haces?
-Preparando la cena.
-Qué bien huele, ¿qué es?
-Fetuccini con champiñones y nata, ¿quieres?
-Bueno -digo yo, y acto seguido me trasiego medio perol como quien no quiere la cosa, seguido por un cuenco de helado de fresa y nata. Por no despreciar.

Por otro lado, hemos llegado a actos de tontería como el hablarnos por MSN viviendo a dos metros uno de la otra, hasta que alguno de los dos se da cuenta de la tontuna, y llama a la puerta, y nos da la risa.

Por supuesto, también representamos el acto vecinal típico.

-Hola Daurmith, ¿tienes una cebolla?
-Oye, Daurmith, ¿me dejas un poco de leche?
-Daurmith, no tendrás unas alcachofas, ¿verdad?
-¿Sabes preparar pollo asado, Daurmith?
-Daurmith, ¿me dejas la plancha?
-¿Y la tabla, ya que estás?

Pablo es decidido como el Cid Campeador:

-Daurmith, ¿qué me hago de cena?
-Daurmith, ¿me pongo a escribir un artículo?
-Daurmith, ¿me voy a Portland este fin de semana?

Yo, que suelo estar haciendo cosas la mar de importantes, como leer un tebeo, o calceta, o cortarme las uñas, suelo decir “No sé, Pablo, lo que quieras”. Receta segura para el desastre:

-Daurmith, ¿me voy a jugar al voley o a hacer pesas?
-No sé, Pablo, lo que quieras.
-Es que es un poco tarde y ya no habrá nadie para jugar al voley.
-Pues haz pesas.
-Es que es aburrido.
-Pues llama a algún amigo y dile que vas a jugar a voley y que si quiere ir.
-¿Y si sólo está el chino, que me cae mal?
-Pues entonces haces pesas.
-No me apetece hacer pesas.
-Pues no hagas pesas, yo qué sé.
-Es que si no no sé qué hacer.

A cambio, puedes contar con Pablo para echar por tierra la reputación de Corvallis de lugar aburrido.

-Pablo, ¿vemos una peli esta noche?
-No puedo, he quedado con A y con B en casa de C, donde ya están D, E, F, G, H, I, J y K, para irnos luego a bailar salsa a Portland, que a lo mejor allí nos vemos con L, M y N.
-Pero si es miércoles.
-¿Y qué?

Pablo no tiene prejuicios en cuanto a qué días hay que salir y cuáles no, y eso está muy bien. Además, a Pablo le gustan Les Luthiers. Vamos a echar de menos a Pablo.