… Dice el refrán. Habrá que verlo, y espero la tercera conteniendo el aliento, porque las dos primeras han sido de aqueste calibre:
Brinda, en el pasillo: “¿Quieres venirte a casa esta noche a ver Marte? Tenemos un telescopio de quince pulgadas.”
Anna, por teléfono: “Esta tarde doy masajes faciales gratis, ¿te apetece venir?”
No sé si jugar a la lotería o algo hoy…
(Postdata gatuna: volví a verla el lunes; no parecía ni mejor ni peor que la vez anterior. Entró en casa mientras yo iba a ver Marte sin prismáticos, se pasó un buen rato curioseando todos los rincones y asegurándose de que no había movido los muebles sin su permiso. Aceptó un trago de leche, y luego se me subió al regazo y pasó un rato imitando con gran éxito a un compresor de gasolina, hasta que pasó un coche por la calle y de inmediato se puso alerta y pidió salir de casa con gran dignidad.)