Tómese un puñado de bases de ADN; ensámblense 7500 de ellas en el orden adecuado (que se puede encontrar en bases de datos públicas) usando técnicas que son conocidas desde hace décadas y que hoy por hoy son muy eficientes y relativamente baratas. Échese el resultado en un tubito de ensayo que contiene catalizadores y determinados enzimas capaces de construir una proteína. Observe cómo de la mezcla salen unidades víricas completas. ¿Magia? No. Biología molecular.

La noticia ha dado, por usar una frase hecha, la vuelta al mundo. Según qué tipo de periódico (y de periodista) se trate, hay dos enfoques: el “enfoque Dios” y el “enfoque bioterrorista”. A veces se combinan.

En el “enfoque Dios” se afirma, con lenguaje un tanto tremebundo, que es la primera vez que se ha creado un ser vivo de la nada, a partir simplemente de la secuencia de su genoma. Lo de “ser vivo” lo dicen con la boquita pequeñita, porque llamar “ser vivo” al virus de la polio es como llamar “cantante” a Luixi Toledo: un gran esfuerzo imaginativo. Aún se discute si son galgos o podencos entre gente que de esto sabe un rato, así que se suelen usar circunloquios como “entidad biológica”, o directamente pasar de paráfrasis y decir “virus”. Que es lo más sensato.

Pero ¿la primera vez? No. Experimentos en los que se usa una secuencia conocida para sintetizar el ADN o el ARN completo de un virus y experimentos en los que se toma un genoma desnudo y se encapsula en las proteínas del virus correspondiente, se han hecho desde hace mucho tiempo. No es una novedad. La novedad del estudio de Wimmer es que han unido todos esos experimentos en un solo proceso, y han infectado ratones con el virus, demostrando por un lado que el virus es infectivo y por otro que puede reproducirse como uno “de verdad”.

En el “enfoque bioterrorista” se dan directamente alaridos y ayes y se imagina, en un precioso ejemplo de la falacia lógica conocida como “pendiente resbaladiza”, que ya mismo nos vamos a ver atacados por versiones sintéticas de la viruela, el HIV, y el baile de San Vito. Aunque entiendo la paranoia, y aunque personalmente me pone muy nerviosa lo del bioterrorismo porque no lo veo imposible, vamos a calmarnos un poquito. Los periodistas que escriben estas cosas demuestran, por un lado, que no saben biología (no necesariamente un crimen) y que no han preguntado a alguien que sepa (cosa bastante más grave). No se dan cuenta de lo ridículamente simple que es el virus de la polio. Un genoma de 7500 pares de bases es una tontería, y aunque requiere que un sintetizador de ADN se pase un rato largo sintetizando, es factible. No se dan cuenta de que, por ejemplo, el virus de la viruela es veinticuatro (24) veces mayor, y estructuralmente mucho más complejo. Wimmer y compañía no hubieran podido sintetizarlo como han hecho con el de la polio, mucho menos infectar ratones con el resultado. No es sólo que tardarían más: es que directamente necesitarían nuevas tecnologías para ello. No se dan cuenta de que las versiones silvestres de cualquier virus son, siempre, más fáciles de obtener y muchísimo más virulentas que las de laboratorio. Lo natural será más sano, pero también es bastante más cabrón, y perdonen el venablo, pero es descriptivo y adecuado y ahí se queda.

Y recordemos, sobre todo, que Wimmer y sus colaboradores son expertos en el tema y que el estudio les ha llevado meses y meses de trabajo muy duro. No es el tipo de experimento que se puede hacer en el sótano de casa contando con una gomita del pelo, cinta adhesiva, y un par de pinzas (y mucha fe en Alá o en [insértese deidad apropiada aquí]). Si vamos a preocuparnos por el bioterrorismo, vamos a preocuparnos por el de verdad y no por versiones fantasma imaginadas por haber leído a toda prisa un titular más o menos alarmista de un artículo escrito con más o menos conocimiento.