Premio para el que pille la referencia del título. Siguiendo con citas, el sueño de las moscas produce… ideas interesantes. Porque hay dos moléculas en la célula, cAMP y CREB (sólo son nombres, que nadie se asuste) que actúan de mensajeros químicos. En concreto, cAMP activa a CREB, y CREB a su vez activa ciertos genes de la mosca del vinagre, nuestra querida y nunca bien ponderada Drosophila melanogaster.

“Bueno, ¿y qué?”. Pues que si vamos alterando las cantidades de cAMP que produce la mosca, alterando por consiguiente las cantidades de CREB, alteramos sus ciclos de sueño. Cuanto más cAMP generaban las bestezuelas, menos dormían. Y viceversa. Teniendo en cuenta lo poquísimo que se sabe sobre los mecanismos que regulan el sueño, esto es, como poco, interesante.
“Ya, pero son moscas“… Sí, pero nosotros (quiero decir los mamíferos) también tenemos esas dos moléculas, cAMP y CREB. Y sabemos que ambas tienen algún papel en el aprendizaje y la memoria, ¿veis un poco por dónde va el interés de saber qué hace esas moléculas en las moscas?
¿Quiere esto decir que se ha encontrado una relación clara entre sueño y aprendizaje, algo que podemos asignar al papel de unos pocos genes, unas pocas moléculas? No. De momento no tenemos suficientes datos. Además, el sueño de una mosca y el nuestro no son muy parecidos que digamos (diferentes patrones de actividad cerebral y toda la pesca). Aun así, ahora la cosa está en fastidiar un poco a las moscas con experimentos de privación del sueño y aprendizaje. Sí, hay experimentos de aprendizaje en moscas. Nos pueden dar información más completa sobre el papel de estas dos moléculas.

Como dice Shaw, uno de los científicos que ha encontrado esto, “hay una relación muy interesante [entre sueño y aprendizaje], pero encontrarla está resultando bastante frustrante”.

Ah, se me olvidaba. La referencia es: Hendricks, J. C. et al. A non-circadian role for camp signaling and CREB activity in Drosophila rest homeostasis. Nature Neuroscience, (2001).