Va de comics. Si una imagen vale más que mil palabras, las palabras adecuadas combinadas con los dibujos apropiados forman una combinación imparable. El ataque de los Hombres Halcón en el Flash Gordon de Alex Raymond, cerniéndose en picado sobre la ciudadela de Mongo, los guantes con espolones adelantados agresivamente. El Príncipe Valiente en el puente, adolescente y enamorado, defendiendo el paso frente a un grupo de feroces sajones, gritando “¡Por Ilene!” mientras blande la Espada Cantarina, en una composición clásica de cuadro de museo. Little Nemo en su cama de zancos elásticos. El Capitán Trueno contemplando horrorizado el secreto del castillo del Mago Morgano. Viñetas inolvidables que quedan en la mente como fotogramas.
Y las cosas más sutiles. Moore, ya apuntando maneras en su temprana pero impresionante “V de Vendetta“. Las primeras notas de la 5ª Sinfonía (el Destino llamando a la puerta), da-da-da-DUM. Punto punto punto raya: V en Morse. V: la habitación número 5. V: la rosa de la variedad Violet Carson. La uve, letra y número, entrelazándose fuera y dentro de la historia como una enredadera. El protagonista diciendo desde su máscara sonriente de Guy Fawkes (cuyo aniversario se celebra el día 5, el día V, de Noviembre): “No tengo nombre. Puedes llamarme V”. Evey, la joven a la que rescata. V y Evey. Y el Dr. Fausto: “Vi Veri Veniversum Vivus Vici”. Cinco Vs. Cinco cincos. “Por el poder de la verdad, mientras viví, conquisté el Universo”. El título de cada capítulo empieza por la letra V. Y el final de la obra tiene lugar, casi, en la estación Victoria.
Luego Moore se puso a jugar, en Watchmen, con trucos visuales y simetrías. Historias dentro de historias dentro de historias (sólo superado por Gaiman en su cuento sobre la Necrópolis de Litharge), pistas visuales, el grafitti de los amantes de Hiroshima, la impresionante doble página del número V (repleto de espejos, por cierto), que marca el eje central de la historia, a la vez visualmente y por argumento. Y en medio de todo este toma y daca de trucos del oficio, la historia en sí, que dejó a mucha gente temblando y que inició una oleada de revisiones de los superhéroes. Me resistí durante mucho tiempo a leer Watchmen: no quería perder la irrealidad brillante y perfecta del Capitán Marvel, Wonder Woman, Supermán. No quería enfrentarme a monstruos como Rorschach o El Comediante. Curiosamente, no perdí nada tras leerme el comic. Sólo gané cosas.

Ya sé: si alguien no se ha leído estos comics que menciono, esta entrada no va a tener mucho sentido. Lo lamento. Pero tenía que salir. Hoy tengo hambre de maravilla.