“Qué pasa luego” es la pregunta que todo narrador desea que se hagan sus lectores. Es la pregunta que nunca te cansas de hacer.

Llevo meses sin nuevas entradas porque, paradójicamente, estoy preparando muchísimas cosas para el blog. Pero los blogs ya no son lo que eran, porque el nicho en el que han acabado suele requerir algo más de cariño que antes. Revisando viejas historias de esta vuestra Biblioteca me doy cuenta de que muchas eran tuits: intrascendentes, sin más propósito que soltar un HELLO WORLD de vez en cuando y quizá tener la alegría de recibir algún comentario.

Ahora existe Twitter y este tipo de satisfacción inmediata ha pasado a esa y otras redes sociales, así que el blog se considera, en general, como algo que te obliga un poco más, que busca tener cierto peso específico en su contenido. Como no soy muy de lecciones eso me deja un poco despistada así que suelo dejar las entradas a medio acabar, irme a Twitter, reírme un rato y luego volver a la entrada, pensar Madre mía pero qué rollo iba a meter yo, y borrarla.

Y lo cierto es que, como no he empezado a contar ninguna historia, no podéis preguntaros qué pasa luego. Pero eso no quiere decir que no haya historias.

Empecemos por Tuuli.

Tuuli es mi primer intento de colaborar para escribir una historia de ficción interactiva, un campo que siempre me ha fascinado. La ficción interactiva, o sea, la versión moderna de las viejas aventuras de texto, nunca alcanzó el nivel de protagonismo necesario para que todos los periódicos anunciaran su muerte en algún momento (a diferencia de los blogs, a los que llevan matando unos 20 años ya), pero siempre han sido un nicho rarito de gente ansiosa. Ansiosa porque nos gusta esta modalidad en la que, si se hace bien, el lector puede sentir que está creando la historia a la vez que la lee.

Nunca he sabido programar estas cosas y me había limitado a corretear por los alrededores del campo de juego, aplaudiendo los magníficos trabajos de otra gente y asintiendo con gesto sagaz cuando me contaban cosas del mundillo, pero sin entrar en él. Hasta que llegó @RuberEaglenest y la cosa fue un poquito así:

@RuberEaglenest: oye, ¿quieres participar en una jam?

@Daurmith: ¿mermelada? Claro. Me encanta la de ciruela. ¿Es para hacerla o comérsela? Lo segundo se me da mejor. Una vez me dieron un tarro de mermelada de naranj…

@RuberEaglenest: nooo, una jam de aventuras de texto. Es como una jam session de música pero programando. La idea es hacer un juego en un mes. He visto que te gusta el mundillo y…

@Daurmith:  ehm, esto, es que verás, tengo un bautizo, se me ha inundado el costurero, hay que ir a cazar gamusinos, tengo que pintarme las pestañas, um… [tres cuartos de hora de excusas]

@RuberEaglenest: la hacemos juntos. Tú escribes la historia y yo la programo.

@Daurmith: ¡valemeapunto!

Y así, un mes después…

Tuuli

¿Quieres saber qué pasa luego?

Lo cierto es que @Rubereaglenest ha acabado haciendo bastante más que programar porque servidora es bastante inepta. Gracias sobre todo a sus desvelos nació por fin Tuuli, una aventura de texto un poco dramitas pero que nos gusta y que seguimos puliendo poco a poco. Y no es porque sea nuestra criatura, pero la vamos a presentar a la IFComp, The Interactive Fiction Competition: un concurso para este tipo de cosas en el mundillo angloparlante. Lo mismo ni nos tiran tomates ni nada.

Así que me pilláis traduciendo Tuuli al inglés y en plena orgía de momentos del tipo “Pero qué mal escrito está esto, ¿será demasiado tarde para cambiarlo todo?”, que es una fase normal y pasajera, me dicen. No sé si creerlo.

En fin, tened paciencia conmigo y mis hobbies raros. Hay una cosa buena en todo esto: al obligarme a escribir para tener que pulir, ampliar y traducir Tuuli, me está resultado cada vez más fácil… ponerme a escribir. Lo cual notaréis, para vuestro dolor, próximamente en este vuestro blog. Que sigue vivo.

Próximamente: nuestra heroína se pone a remendar ADN, ¡sin red! ¡No se pierda las emocionantes aventuras de Pepín Portel… esto, que diga, la primera entrada de divulgación en este blog desde nin se sabe cuándo!