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	<title>Naukas archivos &#8226; Daurmith</title>
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	<description>El blog de Daurmith sobre ciencia y ficción</description>
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		<title>El dragón entre la niebla</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 25 Sep 2019 17:14:47 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Un paseo por Bilbao es un paseo por otros mundos, si tienes suerte.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/el-dragon-entre-la-niebla/">El dragón entre la niebla</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
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<p>Pues yo estaba en Bilbao para <a href="https://www.eitb.eus/es/noticias/sociedad/detalle/6678699/naukas-bilbao-2019-mayor-festival-divulgacion-cientifica-estado/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">una cosa muy chula</a> de la que os hablaré en otra entrada. Era viernes. Había mil y pico personas que habían pasado un día estupendo disfrutando de y con diversas ramas del saber (científico y artístico) y eran las ocho de la noche. Buena hora para salir, dar un paseo, buscar dónde cenar. Había sido un día caluroso y soleado.</p>



<p>Bilbao engaña mucho. El calor seguía ahí, pero ahora era el calor irritado de una tormenta de veraño en casi otoño: caía una lluvia sólida y vertical y el cielo estaba, permitidme el topicazo, entrecruzado de rayos. Creía yo que los bilbaínos no serían como los valencianos, que nos creemos solubles en agua, y saldrían a enfrentarse estoicamente al aguacero, pero no. Nos quedamos todos bajo la cubierta del teatro Euskalduna, apelotonados como gorrioncillos jóvenes y timoratos, mirando llover y diciendo de vez en cuando «¡Hala!» cuando un rayo especialmente decorativo agrietaba el cielo de parte a parte.</p>



<p>Quienes (oh valientes) hayáis seguido este blog desde que contaba mis aventuras en Corvallis sabréis que <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/pasada-por-agua-pasando-del-agua/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">perdí el miedo a mojarme</a> más o menos al 4º mes de vivir allí. Y aunque la compañía era grata, el hambre no lo era tanto. La lluvia parecía calmarse así que decidí ir hacia el hotel y si me mojaba pues oye, ya me secaría (sí, había llevado a Bilbao, previsoramente, un chubasquero que me había dejado esa mañana en la habitación del hotel tras ver una previsión del tiempo que afirmaba categóricamente que tendríamos sol y calor hasta el domingo).</p>



<p>Dejando atrás la islita de luz y ausencia de charcos del Euskalduna me adentré en la noche bilbaína, pensando con optimismo en echar a andar hacia el hotel y parar el primer taxi que me encontrara para hacer el resto del trayecto a salvo del peligroso óxido de dihidrógeno.</p>



<p>No encontré un solo taxi, así que me resigné a sufrir los efectos de la siguiente fase de la tormenta. No llovía, pero los relámpagos eran frecuentes y preciosos. Mirando al cielo con una mezcla de aprensión (por si de repente me caía una ducha encima) y arrobo (porque ver rayos y relámpagos me encanta) decidí que a la porra y me fui por el paseo junto a la ría, que es muy bonito.</p>



<p>Así llegué al Guggenheim, y allí me encontré al dragón.</p>



<p>No inmediatamente. Estaba todo precioso: mojado, con luces de colores, el puente ese rojito y verde medio histérico dibujando (desde mi ángulo de visión) una K blanquita en la noche. La pasarela elevada que va junto al estanque con las burbujitas <a href="https://www.theguardian.com/artanddesign/shortcuts/2019/aug/05/black-30-anish-kapoor-and-the-art-worlds-pettiest-funniest-dispute" target="_blank" rel="noreferrer noopener">del borde de Anish Kapoor</a> estaba cubierta de niebla.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="768" src="https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2019/09/hu1pTvhITzariiYqquZYcg_thumb_4131.jpg" alt="" class="wp-image-9582" srcset="https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2019/09/hu1pTvhITzariiYqquZYcg_thumb_4131.jpg 1024w, https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2019/09/hu1pTvhITzariiYqquZYcg_thumb_4131-300x225.jpg 300w, https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2019/09/hu1pTvhITzariiYqquZYcg_thumb_4131-768x576.jpg 768w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption"><center><em>Special K, el cereal de los fantasmas</em></center></figcaption></figure>



<p>¿Niebla?</p>



<p>Niebla. Espesa, fantasmagórica, escenográficamente perfecta,  y meteorológicamente inexplicable porque solo estaba ahí y salía del estanque. Yo, pardilla de mí, no sabía nada de <a href="https://www.guggenheim-bilbao.eus/en/the-collection/works/fog-sculpture-08025-f-o-g" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Fujiko Nakaya</a> y me encontré de manos a boca en Londres, 1888. O en Los Angeles, 2019 (pero los de la <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Blade_Runner" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Tyrell Corporation</a>). Durante los segundos que duró mi duda me adentré en ella con arrojo, a pesar de que no se veía <em>nada</em> más allá de mis pies.</p>



<p>Entonces rugió el dragón.</p>



<p>Fue un rugido repentino, sordo y caliente, una exhalación ronca que sonó exactamente igual que el ventilador de un <a href="https://www.caloryfrio.com/refrigeracion-frio/que-es-un-condensador-evaporativo.html" target="_blank" rel="noreferrer noopener">condensador evaporativo</a>. Pero en aquel momento era como si un dragón estuviera avisando de su presencia, desperezándose antes de tomar el aperitivo. Pegué un brinco. Para condensadores evaporativos estaba yo.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="1024" height="560" src="https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2019/09/guggenheim-dragon.webp" alt="" class="wp-image-10344" srcset="https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2019/09/guggenheim-dragon.webp 1024w, https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2019/09/guggenheim-dragon-980x536.webp 980w, https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2019/09/guggenheim-dragon-480x263.webp 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) 1024px, 100vw" /><figcaption class="wp-element-caption"><center><em>Fuego, niebla, relámpagos, luces, Guggenheim, ¡dale caña, Bilbao!</em></center></figcaption></figure>



<p>Que no era un condensador evaporativo quedó claro cuando cinco lenguas de fuego surgieron del agua, erizadas, azules y rosas, y cabrillearon inseguras unos instantes hasta estabilizarse como cinco cipreses iracundos. Arriba, en el cielo, los relámpagos recortaban la silueta amontonada del Guggenheim. Abajo, el fuego vencía a la niebla y despejaba una noche charolada de agua, llena de colores, brillante y espectacular. El efecto irreal duró apenas unos segundos. Pronto mi cerebro resolvió la niebla como un fino aerosol artificial, las lenguas de fuego como <a href="http://www.bilbaoturismo.net/BilbaoTurismo/es/arte-al-aire-libre/fuente-de-fuego" target="_blank" rel="noreferrer noopener">ifrits domados</a>, cada uno en su peana, el Guggenheim como… No, bueno, eso sí que es un ser mítico que cayó en Bilbao y anidó.</p>



<p>La tormenta seguía, seca y majestuosa. Seguí andando hasta llegar bajo el cobijo amable de <a href="https://www.guggenheim-bilbao.eus/en/the-collection/works/maman" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Maman</a>. Y luego dejé atrás a todas las bestias magníficas que acababan de saludarme y me fui al hotel a cenar.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/el-dragon-entre-la-niebla/">El dragón entre la niebla</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
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