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Verde que me muero verde

14 de junio de 2003

Quizá no sea el diseño más agradable del mundo. Pero tiene su interés, no crean. Para empezar, hay quien cree que tener la habitación empapelada en verde mató a Napoleón.

Indirectamente, en todo caso.

En el siglo XIX se pusieron de moda diseños de papel pintado en un bello tono verde llamado Verde de Scheele que daba para hermosos (bueno, para el gusto de la época) diseños, muy alegres y adecuados para, digamos, la habitación de los niños. Era, además, un color bastante nuevo para la época (el color se conocía desde 1795, pero no se pudo manufacturar a gran escala hasta 1812), así que el tono tuvo mucho éxito, entre otras cosas porque en las habitaciones empapeladas con papel verde, las moscas caían como ídems. Y tenían otro detallito: olían a ajo.

Por desgracia, la gente también caía como moscas. Los enfermos que yacían en tales habitaciones se morían con bastante más frecuencia de lo que sus dolencias harían pensar. La gente sana que dormía entre estos verdores se ponía enferma, a la larga. No sé cuánto tardó en establecerse la conexión, ni quién la estableció (listísimo debió ser, si fue sólo una persona), pero finalmente se llegó a la conclusión de que el causante era el papel pintado.

¿Tan feo era que la gente se moría por no verlo? No. El culpable, como he dado ya a entender sin mucha sutileza, era el color verde del papel. No por sí solo: se daban una serie de circunstancias, a ver si sé explicarlas.

El Verde de Scheele, químicamente, es arseniato de cobre. Que es venenoso, pero sólo si te dedicas a chuparlo con ansia, cosa que -es de suponer- las víctimas de la decoración no solían hacer. Ni, espero, Napoleón. Las otras circunstancias que se daban eran: el clima, y el hecho de que el papel pintado va pegado a la pared. Y el olor a ajo. Estas son las piezas del puzzle.

¿Entonces qué pasaba? Pasaba que la cola para empapelar llevaba -quizá aún lleva, no sé nada de empapelados- mucho almidón. Que resulta ser muy alimenticio y nutritivo para todo tipo de bichos; entre ellos, mohos. Los mohos se dan en climas húmedos como los de Alemania y casi toda Francia y, en general (no me diga, Holmes), todos los sitios donde iba muriendo gente.

Así que los mohos, alimentándose del almidón de la cola de empapelar, crecían en las paredes de estas habitaciones. Pero claro, donde hay cola de empapelar hay papel, de modo que el arseniato de cobre del tinte verde entraba también a formar parte de la dieta del moho, que paso a presentar: aquí Scopulariopsis brevicaulis, aquí unos amigos. Llamémosle S. brevicaulis por no agotarme los deditos.

¿Y qué pasaba cuando S. brevicaulis se almorzaba unos miligramos de arseniato de cobre, a guisa de rico aderezo de su dieta de almidón? Pues pasaba que mediante una serie de reacciones bioquímicas muy complejas (eufemismo para decir que no tengo ni idea de cuáles son), el arseniato de cobre era convertido en óxido de trimetilarsina. ¡Hala, otro nombrecito! Sí, pero pasajero. El óxido de trimetilarsina no hubiera supuesto ningún problema. Pero, supongo que por fastidiar, finalmente el óxido era reducido a trimetiltarsina a secas que a) es un gas, b) huele a ajo, y c) es venenosísimo. Para los químicos, he aquí el paso de óxido de trimetilarsina a trimetilarsina, en bellos y convencionales símbolos. ¡Puzzle ensamblado!

La ausencia de moscas, el olor a ajo, y la muerte de la gente en esas habitaciones: todo se explicaba porque un hongo que se comía la cola de las paredes y, de paso, expelía un gas letal.

Y este es el cuento, niños y niñas, de cómo los pedos de un hongo causaron tantas bajas entre las familias con ansias de decoración de interiores del siglo diecinueve. ¿La moraleja? Estudiad bioquímica y no empapeléis las paredes.

Por cierto, lo de Napoleón no me lo creo mucho. No creo que le hiciera falta trimetilarsina para morirse. Pero como hay tanta obsesión por el caballerete, pues supongo que la gente se interesa por cualquier posibilidad. Sobre todo si, como esta, es novelesca a tope.

Adela Torres "Daurmith"

Adela Torres "Daurmith"

Daurmith es bióloga de formación. Ha pasado las últimas décadas intentando hacer algo útil en sostenibilidad, contando historias de muchas maneras diferentes y disfrutando de todo lo que tiene cerca. Le gustan la ciencia y la ficción porque cree poder distinguirlas, y le encanta la gente amable y que le digan que ha gustado algo de lo que hace.

Puedes encontrarla en Bluesky, Mastodon, Instagram y X

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17 Comentarios

  1. eva-lamaga

    Novelesco, dices??
    Daurmith, tienes que escribir esa novela, lo tienes todo!!

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  2. Algernon

    Excelente historia Daurmith. Sin embargo el verde es mi color favorito, ¡no me lo maltrates! 😛

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  3. lgs

    la generación de hipótesis causales en «melecina» da para uno de esos capítulos 😉

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  4. Jaio la espía

    ¿Y el verde de las páginas güés? :O ¿También es venenoso y corrosivo?
    Daur, me fascina más la forma que has tenido de contar la historia, que la historia misma ¡y mira que es impresionante!

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  5. Ctugha

    Guay, yo en el siglo XIX hubiera palmado alegremente entre mis amigos los mohos tóxicos.

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  6. ElPez

    Recuerdo que escribí hace un tiempo algo sobre lo de Napoleoncio… quede como una referencia más. el 11 de noviembre de 2002. Se titulaba «the many deads of Napoleon» (o era Kenny?)

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  7. Daurmith

    [sonrojo]Jo, Pez, qué despiste, se me había olvidao tu historia… Bueno, digamos que esta es un remake. Como el de Psicosis, o algo. [/sonrojo]

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  8. tawa

    ¡ Que buena historia!, me encanta.

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  9. Baby

    Uf, menos mal que nunca me ha gustado el papel para empapelar las paredes 😉

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  10. [Quique]

    Pobre Napoleón. Recuerdo haber leído hace mucho tiempo un artículo que relataba cómo se analizaron los mechones de pelo q se conervan de Napoleón y que fueron recortados de sus cabezas para q sus seguidores q estuvieron a su lado durante el/los destierros los guardasen de recuerdo. Analizando desde las puntas hacia la raiz, se encontraron concentraciones cada vez más altas de arsénico, o eso decía el artículo. No hablaban de la hipótesis esta del verdín y si decían que los síntomas de su postrera enfermedad coincidían con los de un envenenamiento crónico por arsénico. La hipótesis inmediata es que alguien de entre sus allegados le estuvo envenenando hasta la muerte. Ahora yo me pregunto si no será que lo q hace el metabolismo de la bacteria esa lo deshacen las tripas humanas…

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  11. Vendell

    He corrido a casa de mis padres porque sabía que en uno de esos armarios que ya nunca se abren, los que esconden los juguetes de los hijos que se guardaron para los nietos que ya nos los quieren, quedaban rastros de aquel papel de flores y rosetones en tonos beiges. Al margen del colocón emocional (ay, esos airgamboys mancos…), fue como la primera vez que alguien entró en Altamira y pensó: estos le pegaban al morapio.

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  12. sebastian alecsander maldonado alvarez

    mis padres fueron asesinados por un hombrekullo nombre alberto

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  13. sebastian alecsander maldonado alvarez

    yo estaba tomando derepende vino el seba
    y mecago la honda
    seba 1097 2001

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  14. italox

    me atropello un kamion y ahora estoy kagao de la kbesa y eskuxo eminem i 50 cent…. vieron ke estoy kagao de la kbsa i hablo puras webadas jajaja

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  15. C!iNd¥

    Me gusto mucho la pajina espero k´sigan cresiendo cadavez→mas↑☻↔hahahaha
    Pd:♀los coments☻ son para ablar(escribir) de la pajina,,,,%:_[]¨*no para ablar dee tonteriasæ¹æ■·
    §aludos desde §hikal¥(mexicali)

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  16. BioMaxi

    Y el ajo, ¿por qué huele a ajo?

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