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	<title>gente archivos &#8226; Daurmith</title>
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	<description>El blog de Daurmith sobre ciencia y ficción</description>
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		<title>Vidañetas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 26 Jan 2025 11:28:29 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[descriptivo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando tienes algo de vida personal empiezas a ver cosas, y en mi caso a contarlas. Perdón.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/vidanetas/">Vidañetas</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
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<p><em>Por circunstancias no ajenas a mi voluntad me hallo, como dicen los herejes, «between jobs». Llevo menos de dos semanas así que estoy en un espacio mental <a href="https://dle.rae.es/liminar">liminar</a>, de transición, de encrucijada: un sitio cómodo, al menos en las leyendas, para brujas, demonios y aparecidos. Saquen sus propias conclusiones.</em></p>



<p><em>Durante esta fase estoy asomándome a un mundo al que llevaba tiempo sin asomarme, un mundo cotidiano, prosaico y en mi caso, por lo poco usado, interesante. He estado extrayendo algunas notas de campo para practicar esto de juntar letras en el blog (tengo que desoxidar muchas aficiones que he tenido aparcadas en gran medida los últimos años; lo del rol vendrá en breve). </em></p>



<p><em>Con ustedes, un día de barrio.</em></p>



<p>En la plaza del mercado dos señores que ya no cumplen los sesenta fijan intensamente su atención en los mecanismos de una vieja bicicleta colocada ruedas arriba sobre un banco. Junto a la bicicleta, un surtido de herramientas. Uno de ellos mira a la bicicleta como si quisiera hipnotizarla mientras el otro hace un gesto en el aire con un destornillador invisible, explicando parte de lo que cree que debe hacerse.</p>



<p>En el mercado. Voy a por longanizas de pascua de un puesto en el que las hacen muy ricas. Ante mí una señora mayor sentada en uno de esos carritos que se convierten en sillas o en andadores según convenga. Está comprando muy metódicamente. Cuando termina, la señora hace amago de levantarse para coger las bolsas y se genera un pequeño momento de confusión mientras ella se levanta, el paradista coge todas las bolsas, y yo hago un gesto para cogerlas y pasárselas a la señora. Lo resuelve el paradista con una sonrisa y un «ya voy yo» dirigido a mí. Sale de la parada con las bolsas, ayudamos a levantarse a la señora, y él guarda las bolsas bajo el asiento del andador. La señora se va sin prisas, asintiendo cuando el paradista le recuerda que si se le ha olvidado algo que llame y ya se ocupa él.</p>



<p>En la cola de la ferretería el dueño comenta que le quedan cinco años para jubilarse y que tiene muchas ganas. Un hombre joven que acaba de entrar después de mí emite una especie de gemido desesperado: «¡Pero necesitamos ferreterías!», dice. Yo asiento con decisión. El dueño se encoge de hombros. Hablamos los tres un rato sobre burletes para puertas y ventanas.</p>



<p>Paso frente a una peluquería donde un chaval de quizá unos doce años sujeta nervioso las correas de dos perrillos que se dispone a sacar a pasear. La dueña de la peluquería le está explicando que debe llevar las correas bien cogidas y cortitas, y que debe ir <em>«</em>con decisión<em>».</em> El niño está muy nervioso. Los perritos miran a la peluquera, claramente su dueña, con cara de absoluta incredulidad. El niño consigue que se muevan tras un buen rato y se los lleva caminando con una mezcla de nerviosismo y excitación. El perro más pequeñito da saltos alrededor enredando una correa con la otra. Les auguro un paseo interesante y sigo caminando.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/vidanetas/">Vidañetas</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
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		<title>Cantando, bailando y pintando con Queen</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 23 Jan 2020 15:43:05 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Aunque no te guste Queen, esta iniciativa te pondrá de buen humor. ¿Por qué? Porque se ve disfrutar a gente. </p>
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<p>Ya sé que no es mi estilo habitual de títulos, pero esto tiene una explicación. E incluso es buena.</p>



<p>Si digo «Bohemian Rhapsody» todos o casi todos los que estáis leyendo esto sabréis de qué estoy hablando. Y si no, una rápida búsqueda en Google os sacará de dudas y os proporcionará casi seguro este vídeo:</p>



<figure class="wp-block-embed is-type-video is-provider-youtube wp-block-embed-youtube wp-embed-aspect-16-9 wp-has-aspect-ratio"><div class="wp-block-embed__wrapper">
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<p>Queen es uno de los grupos de rock más famosos de todos los tiempos y sus canciones forman parte del imaginario musical (y emocional) de varias generaciones. Sus vídeos son buscados y vistos continuamente, sus canciones siguen manteniéndose frescas, sus conciertos siguen siendo éxitos absolutos. Un grupo tan característico y conocido lo es por algo: de un modo u otro, millones de personas hablan el idioma de Queen, entienden la música de Queen y reaccionan de maneras parecidas a la música de Queen.</p>



<p>Así que cuando Queen les pidió que se grabaran cantando o tocando <em>Bohemian Rhapsody</em>, lo hicieron. Por decenas de miles. El resultado es el vídeo de más arriba.</p>



<p>Gente de todos los países, edades, colores, condiciones y aficiones se juntaron para cantar esta canción. Que, me apresuro a decir, no es fácil de cantar. Pero eso da igual cuando hay ganas y entusiasmo. Lo veréis en el vídeo: no son todos músicos profesionales, y está claro que muchos no son ni siquiera músicos. Algunos tienen equipos de sonido de alta calidad, otros un teléfono móvil y unos auriculares baratos. Los hay que participan con su cuarteto de cuerda y otros que sacan su acordeón o (no bromeo) unas copas con agua. Hay fans de Freddy Mercury y fans de Brian May y gente que usa la canción como excusa para practicar con el arpa o para dar cabezazos al ritmo de la batería. Hay alumnos de conservatorio y gente que no ha visto una guitarra en su vida. Y da<em> exactamente igual</em>: el resultado es magnífico.</p>



<p>Si no has cantado más que en la ducha y te animas a grabarte cantando <em>Bohemian Rhapsody</em> para aparecer en un vídeo que sabes que tendrá millones de visualizaciones es por algo.</p>



<p>Primero, porque te gusta Queen y conoces esa canción: hay un punto de encuentro, un espacio común y conocido, no tienes que aprender nada nuevo. Segundo, porque te lo han puesto fácil: <em>tú canta, tú toca</em>. Ese el mensaje. Con lo que tengas a mano. Sin requerimientos especiales, sin audición previa, sin complicaciones técnicas: <em>pilla lo primero que tengas a mano para grabar y disfruta, que del resto nos ocupamos nosotros</em>. Tercero, porque no estás solo: la responsabilidad de la canción no descansa solo sobre tus hombros y sabes que miles de personas van a estar contigo en esto, que todos nos vamos a exponer juntos.</p>



<p>Quizá individualmente nosotros, meros mortales, no nos atrevamos a cantar la <em>Bohemian Rhapsody</em> y subirla a YouTube. Pero esta iniciativa te hace parte de un grupo, de un todo, y te da un objetivo creativo y constructivo que puedes compartir con miles de personas por todo el planeta: cantar una de tus canciones favoritas con gente que tiene en común contigo, al menos, esa afición. Y eso es suficiente para vencer muchas timideces. El poder de Queen multiplicado por el poder de internet ha conseguido crear una canción verdaderamente coral, en más de un sentido.</p>
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		<title>Nuevos vecinos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 13 May 2007 14:09:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[edificios]]></category>
		<category><![CDATA[fantasía]]></category>
		<category><![CDATA[ficción]]></category>
		<category><![CDATA[gente]]></category>
		<category><![CDATA[Relato]]></category>
		<category><![CDATA[urbagénesis]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un relato primaveral, soleadito y raro pero amable. La primavera de 2007 me pilló, se ve, con la sesera floja. </p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/relatos/nuevos-vecinos/">Nuevos vecinos</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>La primavera mojó toda la ciudad, calando el asfalto hasta que pareció esponjarse y adquirir una pátina húmeda, un brillo gomoso de medusa varada. Los socavones se llenaron de agua parda y espumosa, y los parques adquirieron un verde intenso y lozano que las palomas, sobresaltadas, miraban suspicaces con un ojo, posadas en estatuas de bronce goteante. Los canalones escupían incansables agua cada vez más limpia, y las fachadas de estuco y de piedra, de ladrillo y de yeso, de titanio y cristal y aluminio, se arrebolaron de colores intensos. Cuando asomaba el sol durante algún momento la gente veía los nuevos colores, y muchos se detenían por la calle y levantaban las caras, como girasoles, para saborear el resultado del lavado de cara primaveral. Los parterres estallaron en brotes, y nunca se vio tanto color en los balcones, donde todas las macetas florecían como por ensalmo, altas y fuertes, llenándolo todo de flores rosas, rojas, blancas, azules y amarillas.</p>



<p>La ciudad empezó a crecer entonces, y al principio nadie lo notó. Un ladrillo aquí y allá, un abultamiento en el cemento del parapeto de una terraza, algún brote de vigueta sobre un pilar desmochado. Pero el ladrillo se convirtió en hilera, el abultamiento se redondeó en un nuevo muro, la vigueta se alzó y emitió una junta, y poco a poco la gente empezó a comentar, medio sin creérselo, lo que estaba pasando en sus edificios. De la noche a la mañana aparecieron paredes pulcramente tendidas, con el cemento aún húmedo, y marcas en los terrados donde empezaban ya a asomar las primeras hiladas de ladrillos. Algunas fincas sólo criaron pequeños miradores con columnas en una esquina de los terrados y se detuvieron ahí, mientras que otras empezaron a lanzar más y más muros, tabiques, vigas y paredes. Tuberías y conducciones se abrieron paso hacia abajo como una extraña plaga de carcoma fontanera. Los elegantes edificios decimonónicos vieron desaparecer los remates de sus terrados bajo una nueva planta en la que ya se rizaban las volutas de los balcones de hierro forjado, y las paredes se fueron revistiendo de una suave piel de yeso lucido, delicadamente coloreada. Los edificios modernos crecieron rectos y severos, exudando láminas de cristal color lima y plantando puertas de aluminio lacado y luces halógenas que florecían con un suave plop. Algunas fincas crecieron dos y hasta tres pisos. Otras parecieron satisfechas con añadir una gárgola o una caseta en lo más alto, las más humildes se conformaron con alguna cenefa ornamental. Otras no crecieron en absoluto, rodeadas por hermanas que alzaban al cielo los nuevos remates de tejas recién brotadas, un poco tiernas aún, frescas al tacto.</p>



<p>Poco a poco, los curiosos se atrevieron a subir por las escaleras jóvenes, que aún olían a pintura, y a curiosear las nuevas dependencias. Descubrieron pisos vacíos, relucientes, con los suelos abultados por la inminente aparición del mobiliario: aquí asomaba ya un sofá de microfibra de color vivo, allá los armarios de una cocina empezaban a llenarse de vajilla, en el otro cuarto, pintado de azul claro, una pared se arrugaba preparándose para hacer brotar cortinas a juego. Las mesas de comedor se estiraron en los salones, y pronto perdieron la pelusa juvenil y se asentaron, pulidas y brillantes, con centros de fruta de cera o mantelitos de fibra de coco teñida. Tras un poco de esfuerzo todas las puertas consiguieron girar sobre los goznes y se abrieron a salitas y despachos, dormitorios y cocinas, trasteros y cuartos de baño, cuyos azulejos se coloreaban lentamente como fruta que va madurando.</p>



<p>Nadie ocupó las nuevas viviendas, porque aún había un leve aire de espera, de expectación, en los edificios rebrotados. Durante unos días todo pareció detenerse mientras se secaba la pintura y se asentaban los muebles y los muros de los edificios, y durante ese tiempo pararon las lluvias y salió el sol.</p>



<p>Los nuevos vecinos empezaron a aparecer entonces, alentados por la luz de melocotón y la suave brisa que hacía moverse levemente las cortinas apenas secas. Asomaron yemas en las paredes, sobre las alfombras, en algunas camas; al principio sólo parecían huellas de humedad, pero las manchas se abultaron y endurecieron, y fueron haciéndose cálidas y rosadas. Los cobertores se elevaron por el empuje de la nueva materia que se formaba lentamente bajo ellos. Muy pronto se empezaron a reconocer rasgos: aquí un hombro, allí una cabeza, en el sofá una pierna que se desprendía poco a poco de la tapicería y crecía hacia arriba, formando con paciencia una rodilla huesuda. Lampiñas al principio, desnudas, las pieles (rosas, blancas, tostadas, oscuras, tersas, arrugadas, moteadas o fofas) no tardaron en sombrearse con los primeros indicios de tejido. Algunos aparecieron ya a medio vestir, otros no tardaron en lucir elegantes chaquetas o camisetas de colores vivos antes incluso de salir de la pared, desde la que asomaban como extrañas hortalizas multicolores.</p>



<p>Los nuevos vecinos resultaron ser gente amable, que no se tomó a mal el constante flujo de curiosos; saludaban cortésmente, dando las gracias a las familias que pasaban y que les traían alguna cosita mientras no germinaran del todo; una revista, una mantita, o una empanadilla para entretener el hambre. No era molesto, decían, cuando les preguntaban cómo era eso de estar surgiendo de las paredes o desde el interior de la bañera. Un poco como cuando se te queda dormida una pierna, dijo una mujer mayor con bata que brotaba con mucha decisión de un coqueto sillón de orejas.</p>



<p>Y antes de que nadie se diera cuenta, los nuevos vecinos dejaron sus lechos de cemento y esmalte y fibra de vidrio y empezaron a deambular por sus nuevas casas, en sus nuevas fincas, bajando a la compra y saludando por la escalera y llevando a los niños al parque. Parecía que la ciudad ya no sentía la necesidad de crecer más, y la gente suspiró, miró una vez más las partes brotadas, se encogió de hombros, y volvió a la rutina. Nadie sabe por qué la ciudad decidió crecer de pronto; quizá sentía que le faltaba algo, que había cosas que le quedaban por hacer, gente que necesitaba tener dentro, sangre que llevar en sus venas de hormigón. Nadie sabe por qué surgieron los nuevos pisos ni los nuevos vecinos, aunque nadie se queja por ello.</p>



<p>Pero algunos se preguntan de vez en cuando, mirando una ventana reluciente que todavía lucha para acomodar un ángulo complicado, si realmente el fenómeno se ha detenido. Y hay quienes vigilan, inquietos, a los nuevos vecinos, esperando quizá que una ciudad nueva empiece a brotar a partir de ellos: huesos estallando en pilares, piel endurecida en ladrillos, músculos hechos viguetas y bovedillas, venas y arterias convirtiéndose en bajantes, canalones y tuberías, ciudad nacida de la gente como antes la gente nació de la ciudad.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/relatos/nuevos-vecinos/">Nuevos vecinos</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
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