Últimamente ha resurgido el eterno deseo de la inmortalidad, en este caso por el diálogo cazado al vuelo de dos personas que no voy a calificar porque aún no me toca meterme en según qué líos. La caducidad de nuestros cuerpos y su senescencia asociada siempre han sido un problema para los cerebros que se alojan en ellos, y no faltan historias, mitos, deseos y consejas para consolarnos del hecho de que somos caducos.
Añadamos que la ciencia (sííí) y la tecnología creada a partir del mejor conocimiento de nuestra biología (que sííííí) nos han permitido, a algunos afortunados, vivir en un entorno relativamente menos deletéreo y tener claves para una prolongación de la esperanza de vida y de la salud. Y eso es guay, aunque difícil de conseguir, y cada vez más precario de mantener.
Y siempre hay gente, como los dos residuos humanos pseudomencionados arriba, que quiere más. Que quiere ser inmortal, vivir para siempre, no dejar nunca de dar por sacexistir. A ellos les digo ¡no temáis! Porque la biología, como siempre, tiene la solución.
Aquí tenéis un listado de algunas maneras de ser inmortal, todas ellas reales y, poniendo un poco de empeño, seguro que posibles. Seguid vuestros sueños, oh autócratas acomplejados:
1. Convertirte en una almeja

Más concretamente una de la especie Arctica islandica, un bivalvo discreto y muy majo, elegante en su oscura sobriedad, que vive en el Átlántico Norte. Se han encontrado ejemplares de 500 años y a saber si hay alguno más longevo viviendo su apasionante vida bivalva por las profundidades. Claro que a cambio tienes que ser una almeja y eso lo pone difícil para decorar despachos o convocar reuniones, limita mucho tu coordinación ojo-mano al no tener nada de eso, y seguramente también haga que tus ruedas de prensa pasen a ser soporíferas. Relajantes, pero soporíferas.
2. Conseguir entrar en algún tipo de criptobiosis
La criptobiosis es la suspensión de los procesos metabólicos. Un poco como morirse, pero tranquis porque es reversible. Muchos tipos de plantas y bichos tienen fases o pueden entrar en criptobiosis en algún momento: un grano de polen, protozoos, algunos crustáceos pequeñitos o los siempre simpáticos tardígrados. El inconveniente aquí es que claro, mientras estás en criptobiosis no estás muerto, pero tampoco puedes dar por sachacer tus cosas. De hecho no puedes hacer nada porque estás ocupadísimo volviendo tu metabolismo del revés para poder aguantar en esa condición el tiempo que sea. Y, bueno, aunque ser un tardígrado añadiría muchos puntos al carisma y la bondad de algunas de las personas que desean ser inmortales, impone menos.
3. Convertirte en un tollo de Groenlandia

Vale, he puesto ese nombre porque me hace más gracia que otros como «tiburón gris». Seguro que nuestros dictadores amigos se alegrarán al saber que esta vía a la (quizá) inmortalidad pasa por convertirse en un tiburón, cosa que ellos ya creen ser. En concreto en un Somniosus microcephalus, un adorable bicho de unos seis metros de longitud (ideal para dictadores con complejo de bajitos, es decir, para casi todos) que puede ser que viva hasta los 500 años o incluso más. Si ser una almeja no os atrae, siempre podéis nadar indefinidamente (y despacito) por las aguas negras y gélidas del Océano Ártico como un tiburón. La ventaja es que vosotros conseguís lo que queréis y nosotros hacemos nuestra vida sin vosotros. Y aunque no me habéis pedido opinión, para mí ser un elasmobranquio escualiforme es varios órdenes de magnitud más digno que lo que sois ahora. Yo aquí me esforzaría, ¿eh?
4. Ser un tumor
¡Conseguido, tetes, enhorabuena! Ya sois una excrecencia maligna y dañina que parece incapaz de dejar de acaparar recursos y debilitar al tejido sano de su alrededor. Aunque ni eso os sale bien, porque hay células tumorales capaces de sobrevivir indefinidamente en el laboratorio y vosotros os veis lastrados por un órgano que resulta ser importante (en personas de verdad) y a la vez irreemplazable: el cerebro. Sí, incluso el vuestro. Lo único que aún tenéis que no es maligno es el límite de Hayflick, la cantidad de veces que una célula puede dividirse antes de entrar en senescencia1. Las vuestras están llegando a la línea roja. Tic tac, cariños. Tic tac.
Corolario
Si no estáis siendo capaces de poner en práctica estas maneras de ser inmortales, queridos dictadores, el problema está en vosotros: no lo estáis intentando con suficiente ahínco. Seguramente os falte fuerza, carácter y fibra moral. Cosa que ya sabíamos, claro, pero ahí no puedo hacer nada.
Bueno, sí: esperar.
1 Desconfiad de fáciles correlaciones y no penséis que mantener vuestros telómeros largos os va a hacer inmortales. La ciencia disponible es muy fragmentaria al respecto y los resultados son desiguales.

Me parece que son consejos u opciones que deberían ser seguidos por aquellos a los que van dirigidos. Si no los siguen… a esperar.
Otra opción es ser secuoya, he leído que algunas viven miles de años. No me puedes negar que mejorarían mucho, tanto en aspecto como en actitud (y en aptitud)
¡Hay montones de opciones! Me he dejado la de la red de hifas y por lo que veo también las secuoyas. Anda que no tienen opciones…
Interesante
Es la primera vez que oigo hablar del tollo.
¿Has leído algo sobre la llamada ‘medusa inmortal’?
https://en.m.wikipedia.org/wiki/Turritopsis_dohrnii
Yo conocía los tollos como trozos de pescado seco, populares en Cuaresma por Canarias. Asumí que eran de bacalao, pero a saber. Y por lo que veo va a haber que sacar segunda parte, aunque solo sea para poder mencionar una medusa llamada «Turritopsis», me he hecho fan instantánea del género.
– «Buf, vaya aburrimienti de película. ¿No se acaba nunca o qué?»
– «Yo que sé. Está durando más que un tollo de Grienlandia»
Yo es que eso de ser almeja para ser inmortal no creo que salga a cuentas. Así no puedo leer. Qué aburrimiento de vida.
Me ha faltado algún árbol milenario o Turritropsis nutricola, pero buena selección. Para esos tipos mejor que se queden en almeja.