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A pedrada limpia

16 de mayo de 2003

Hoy he sido coprotagonista (toma ya) de una escenita que parecía sacada de un libro de Connie Willis. La cosa ha sido más o menos así:
Iba yo tarareando por el campus (una ensalada de Mateo Flecha, pa los curiosones), tan feliz, cuando vi en un puestecito una linda cesta llena de piedras pulidas. Yo, es ver una cosa brillante y enseguida me despisto, así que me detuve a examinar un trozo de malaquita. Al lado, un tupperware bastante más pedestre albergaba unas cuantas piedras negras sin especial pedigree geológico ni gemológico; cantos rodados negros, sin más.
Al verme toquetear la mercancía, acudió una dama de oscuros cabellos y ciento cincuenta centímetros de altura, y me invitó a elegir una de las piedras negras. «¿Para mí?» pregunté, abrumada por tanta generosidad. Sí, sí, me aseguró ella, toda para tí. Mientras yo elegía la piedra ideal para mí, la mujer me explicó que, si calentaba una y me la ponía en donde me doliera, me aliviaría. Qué me dice usted, dije yo, ¿de verdad? Como se lo cuento, oiga, dijo ella (en inglés). ¿Y no iría mejor ponerse un paquete de esos de gel térmico? pregunté yo en mi inocencia. Sí, dijo, quizá, pero no es ni la mitad de natural, dónde vamos a ir a parar, y mientras tanto su expresión decía «por favorrr, qué pregunta, donde esté una piedra orgánica recalentada que se quite un gel». Para disimular, le pregunté por la cestita con piedras pulidas, ¿se vendían? No, no, dijo, es para el stress. Modo de empleo: hunde la mano en la cesta y relájate con las sensaciones táctiles y auditivas de docenas de cachos de malaquita, ónice, cuarzo y jaspe. La piedra negra, me siguió explicando mientras yo manoseaba una de elegantes proporciones y evocadoras chispitas de mica, también es para el stress. La toqueteas y se te va el stress, me dijo, aunque ella usó jerga más técnica. «Manipular», creo que dijo. Luego me dio un folleto, que me metí en el bolsillo, y me explicó cómo las piedras canalizaban y enfocaban mi energía; puede que incluso dijera mi energía vibracional, no sé. También mencionó la energía positiva. Y la armonía. Todavía con la piedra en la mano, me quedé mirándola un largo instante, mientras sopesaba en mi mente los pros y los contras de distintos modos de acción, algunos verbales y otros, me temo, físicos y bastante poco armónicos.
Pero la piedra debía ser de las buenas, porque al final se apoderó de mí el pre-hartazgo que me atenaza en casos de flagrante magufismo, y fuime y no hubo nada. Salvo que tengo un pedrusco negro, que está ahora mismo en el laboratorio sirviendo de pisapapeles, y un cupón para un diez por ciento de descuento en un masaje. «Fully clothed», avisa castamente el papelito. Es posible que hasta lo use. Para el stress.

Adela Torres "Daurmith"

Adela Torres "Daurmith"

Daurmith es bióloga de formación. Ha pasado las últimas décadas intentando hacer algo útil en sostenibilidad, contando historias de muchas maneras diferentes y disfrutando de todo lo que tiene cerca. Le gustan la ciencia y la ficción porque cree poder distinguirlas, y le encanta la gente amable y que le digan que ha gustado algo de lo que hace.

Puedes encontrarla en Bluesky, Mastodon, Instagram y X

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8 Comentarios

  1. el paseante

    Veo que ha caído bajo la influencia de la conocida piedra-parásito. Como todo el mundo sabe las piedras están por ahí para tirarlas contra las ventanas, como se encargan de recordarnos de vez en cuando los niños. Pero existen algunas piedras refractarias a eso de ser arrojadas contra las ventanas y por eso han desarrollado diversas tácticas para eludir finalidades tan poco poéticas. Entre ellas, servir de pisapapeles. Pero a mí, la verdad me relajaba más lo de tirarlas. Aunque fuera al agua, que como todo el mundo sabe también, no es más que una ventana blanda.

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  2. Algernon

    Que romántico, un cacho kriptonita 😀

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  3. lgs

    La piedra no es más que polvo apretado.
    «Burris eris, et in burris reverteris», decía mi agüelo.
    Y luego traducía: «eres más burro que lo que pareces – ¡y mira que lo pareces!».
    Pa los magufos, hala!

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  4. Ctugha

    Siempre está bien que al entrar el jefe en el lab la vea a usted «manipulando» un pedrusco negro. Si es haciéndolo saltar repetidas veces mientras silba y pone una mirada tipo «Simpsons», su jefe entrará en mejor armonía con usted. Comprobado.

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  5. Rigel

    ¿Y darle unos buenos lametones a la piedra no servirá para limpiar la lengua sucia?. La propagandista se olvidó de esa posibilidad y de la le rozarla fuertemente contra los dientes y las encías, y…¡buf!, cienes y cienes de otras aplicaciones no bélicas.

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  6. ElRene

    Nomás cuídate de las piedras, peque. No te vaya a salir de debajo de una de ellas el «equipo K».

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  7. Jean Paul

    Mmm, pura superstición. ¿que come?.

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  8. Golan

    Pos vaya entrada. En fin, menos da una piedra

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