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Apuntalando la cordura

28 de octubre de 2003

Mis amables lectores me han dado a entender, por sutiles y delicados medios, que llevo demasiado tiempo callada. Sirva esta entrada a modo de agradecimiento por su preocupación y, también, de humilde ruego. La cabeza de caballo en la cama fue un buen detalle, capté la indirecta, pero ya no hace falta. Ni los pollos clavados a la puerta. Ni los pentagramas de magia negra, gracias de todos modos. Sería bonito también que cesaran las llamadas a medianoche, las visitas de señores con traje gris y bultos bajo la chaqueta, y si no es mucha molestia, también las cartas anónimas. Todo ello se aprecia en lo que vale, y lágrimas de emoción acuden a mis ojos cuando rememoro tales muestras de cariño, pero me parece justo hacer saber que todo vuestro esfuerzo ha surtido el efecto deseado; podéis descansar. Vuelvo.
El problema ha sido que me he visto totalmente apabullada por una sucesión de libros. Todo empezó con Quicksilver, próximamente en sus pantallas, pero ya ha pasado por la mía y ando con el interior de los párpados todavía tatuado con escenas sueltas, frases, imágenes y los personajes de esas novecientas y pico páginas. Y dolor de muñecas, cómo pesa el tomito. No, no diré nada más, que algunos me matan, pero cualquier libro que te hace emerger a la superficie buscando aire y teniendo que mirar dos veces para confirmar en qué siglo estás, es un buen libro, en mi escala de bondades.
Si añadimos a eso que estaba cerrando Quicksilver y abriendo, sin solución de continuidad, Paladin of Souls, el último esfuerzo de mi admirada Lois McMaster Bujold en el mundo de Chalion, pues entonces el disloque mental y temporal se agranda, porque pasamos de aventura nerd a aventura heroica, con esa manera tan simpática que tiene Lois de tomar cualquier situación y hacértela ver desde el ángulo más inesperado. Baste decir que dormir se convirtió algo secundario durante los dos días y medio que me llevó terminarme el libro, y pena que no me pillara un fin de semana por en medio, porque entonces hubiera empezado antes con los dos siguientes libros, sin desmerecer el tiempo dedicado a Lois, que fue tiempo de puro gozo y adrenalina
Y los siguientes dos libros son dos libros escritos por William Goldman, sobre su trabajo, que es escribir guiones de cine, y si alguien no sabe quién es William Goldman, es porque Goldman tiene razón cuando dice que nadie piensa en los guionistas de una peli. Porque William Goldman escribió «Dos hombres y un destino», y adaptó su propia novela «La Princesa Prometida» al cine, y también le dio por ahí y adaptó «Todos los hombres del Presidente», y, ya que estamos, «Misery» (la mejor adaptación de King a la pantalla, para la que aquí teclea al menos). Y en los dos libros que me acabo de leer (Adventures in the Screen Trade y Which lie did I tell?) Goldman lo cuenta todo. No me refiero a cotilleos de Hollywwod (que también), sino a las bambalinas, al proceso por el que un guión nace y se convierte, o no, en película. No sólo eso, sino que Goldman te lleva de la mano por todas las agonías que él mismo pasa cuando escribe, y te pone ejemplos, y te escribe adrede un par de guiones para que sepas cómo van, y luego los analiza despiadadamente, y luego pide a otros amigos y colegas que los analicen despiadadamente, y cuando te has acabado los dos libros piensas que podrías escribir un guión de cine, aunque el retrato que Goldman te ha pintado de Hollywood es tan deprimente que enseguida decides que no merece la pena.
Siempre estoy leyendo algún libro, y siempre tengo algún libro por leer, pero estos últimos días he estado tan, pero tan inmersa en la lectura, que por fuerza el tiempo ha tenido que salir de algún sitio. En este caso, del blog. Por lo cual me disculpo, valgan lo que valgan mis disculpas (no es como si no hubiera alternativas a La Biblioteca por ahí; las hay, y mejores). Ahora necesito un poco de aire, porque tengo parte del cerebro que parece una colmena, revoloteando con imágenes de Newton y sus relojes de sol, el mundo terriblemente familiar de Chalion (leed las novelas y sabréis por qué), y la imagen de William Goldman, un día en su oficina; era la época en que estaba escribiendo La Princesa Prometida. De repente, se dio cuenta de que acababa de matar a Wesley, y de que no tenía ni idea de cómo salvarlo, y escribió en un trozo de papel las palabras «Wesley is dead», y se echó a llorar.

Adela Torres "Daurmith"

Adela Torres "Daurmith"

Daurmith es bióloga de formación. Ha pasado las últimas décadas intentando hacer algo útil en sostenibilidad, contando historias de muchas maneras diferentes y disfrutando de todo lo que tiene cerca. Le gustan la ciencia y la ficción porque cree poder distinguirlas, y le encanta la gente amable y que le digan que ha gustado algo de lo que hace.

Puedes encontrarla en Bluesky, Mastodon, Instagram y X

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14 Comentarios

  1. Pippa

    Está bien que vuelvas de vez en cuando a tomar contacto con esta realidad. Empezaba a dudar si habría salido mal algún experimento en el laboratorio 🙂
    El post tan agradable y entretenido como siempre. Me apunto los libros. Thanks.

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  2. Crystal

    Por fin!! Asustadita me tenía, semejante silencio no es bueno…
    No te preocupes, a mí también me tienen que avisar de que aún no he comido y de que dormir dos horas no es propicio para rendir al día siguiente siempre que tengo un buen libro entre manos.
    Y el post ha llegado muy a tiempo: detuve el envío de cierto paquete (con un curioso sonido de tic-tac) ;P

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  3. Daurmith

    ¡Huy! ¿Un reloj, era un reloj? 😉
    No haya pánico, si yo no me voy, pero de vez en cuando me pasan estas cosas. Cuando se depositen los limos y se aclaren las aguas, para aliviar la presión interna voy a tener que escribir, no hay más remedio. Avisados quedáis.

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  4. Jueves Addams

    no me extraña que llorase, ¿cómo pudo matar a Wesley?… A pesar de los lloros, lean La Princesa Prometida, que es fabuloso
    Saludos

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  5. eledhwen (modo: envidiosa)

    Ya sospechaba yo que sería por algo así.
    Hija mía, esta recaída no puede ser buena; tienes que superar esa adicción.
    Déjalo, déjalo….

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  6. El forastero

    La princesa prometida es esa divertida película/cuento para niñosn con el pobre campesino que se convierte en pirata y el espadachin zurdo qeu busca al hombre de seis dedos que mató a su padre. Cuando el protagonista muere lo tienen que revivir con una excrecable bebida que lo revive aunque sigue totalmente inanimado?. Pues es una película bastante divertida.

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  7. not a pretty girl

    Yo… yo sólo quería aclarar que no era ni preocupación de cariño, vamos, que ya puedes quitar la testa del caballo muerto de encima de la TV, que no era un florero de diseño, mona 🙂
    XD

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  8. Pérez

    No te dejes presionar. Cuando no quieras escribir, pues no lo hagas. Pones otra foto del culo y yasta, que la gente es muy exigente y les das la mano y se toman hasta el cuello.

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  9. Akin, delirando.

    Pues si no quieres escribir no lo hagas…
    Como desees…
    Eso si, luego aparecerá un chico de extraño bigote en tu puerta…
    Me llamo Iñigo Montoya, tu dejaste de escribir, prepárate a morir.

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  10. Ole

    Vaya, vaya… Malo es acudir aquí sin encontrar nada nuevo, pero vale la pena a cambio de alguna buena referencia para leer, como suelen ser las que aquí aparecen.
    Así que tomo nota.
    Por cierto, espero que Quicksilver no te haya hecho olvidarte de Flaca…

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  11. [Quique]

    Has hablando de Quicksilver. Eso es pecado.

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  12. Daurmith

    ¡Sólo un poquito! ¡Es pecado venial!
    /me tiembla como azogada.
    No te apures, Ole. Flaca está haciendo cada vez menos honor a su nombre.

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  13. Gonzalo

    ¡¡Bien!!
    (Por Daurmith y por la flaca)
    😉

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  14. rvr

    A mi me ha pasado al contrario. Justo cuando iba cogiendo carrerilla con Harry Potter, va y el asunto este de los blogs me atrapa y no me suelta… ;P
    PD: ¿Insinúas que *yo* no te dejo destripar películas y libros?

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