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Así se hace

1 de marzo de 2009

Pasado ya el problema telecomunicador (resuelto a base de mandar el modem de Ono a hacer gárgaras y hacerme con la banda ancha móvil de otro operador), vuelvo a estar conectada con el mundo de manera relativamente fiable, de modo que, para celebrarlo, ayer apagué el mac y me fui a ver una ópera de Mozart. Così Fan Tutte. En el Palau de les Arts Reina Sofía, que es un edificio asaz impresionante, con venga rincones y formas y curvas y huecos y perspectivas, que queda molón haga el tiempo que haga, y que ayer, con una tarde lechosa y fantasmagórica, embebida de agua fría, quedaba especialmente molón, como una nave alienígena caída por error en un planeta desierto.

No me llevé la cámara. Hice bien, porque si me la hubiera llevado no hubiera entrado a ver la ópera, tantas y tan chulas eran las fotos potenciales del Palau, casi transparente porque el blanco roto de su cubierta era exactamente del mismo color que el blanco roto del cielo amortajado de nubes. Pero hice mal, porque me picaba todo de ganas de tirar fotos (que por otra parte otros han hecho mejor que yo, obviamente).

¿Y la ópera? Bien, gracias. Si os gusta la ópera, o Mozart, o las dos cosas, podréis entenderlo cuando os diga que me pasé las tres horas encandilada, con los ojos clavados en el escenario, disfrutando de cada minuto. Porque además la representación fue fabulosa, con una orquesta increíblemente buena y unos intérpretes a cuál mejor. Y encima es una ópera divertida, chispeante y delicada, con unos dúos, tríos y cuartetos como para caerse de espaldas. Cosa que yo, enriscada en las alturas del tercer piso, no me atrevía a hacer por si me perdía una sola nota.

A la salida, cerca de la medianoche, el Palau refulgía como una joya de nácar y lapislázuli contra el resplandor rojizo del cielo, engarzada en los reflejos multicolores de los semáforos sobre los charcos. Y nos volvimos al pueblo tarareando compases barrocos, entre una neblina que lo difuminaba todo, hacia el silencio frío y pacífico del pueblo.

Adela Torres "Daurmith"

Adela Torres "Daurmith"

Daurmith es bióloga de formación. Ha pasado las últimas décadas intentando hacer algo útil en sostenibilidad, contando historias de muchas maneras diferentes y disfrutando de todo lo que tiene cerca. Le gustan la ciencia y la ficción porque cree poder distinguirlas, y le encanta la gente amable y que le digan que ha gustado algo de lo que hace.

Puedes encontrarla en Bluesky, Mastodon, Instagram y X

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2 Comentarios

  1. Gonzalo

    ¡Que mala es la p… envidia!
    Me alegro que disfrutes, porque te lo mereces.

    Responder
  2. Mankel

    Al menos la corrupción y el despilfarro de dineros públicos tienen a veces efectos colaterales positivos.

    Responder

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