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Efectos del frío

5 de noviembre de 2003

Hace un frío que pela. Está pelando desde Halloween, pero la verdad es que a estas alturas ya deberíamos estar todos en los huesos. Frente polar. Los pingüinos tomando puntos estratégicos de la ciudad, y jugando al mus en los semáforos. Yo asomando la puntita de la nariz entre capas y capas de jerseys, abrigos, bufandas y gorros, y los nativos, en chancletas y mangas de camisa. Aumento desmesurado del uso del hervidor de agua en el lab para preparar reconfortantes tés, a los que nos abrazamos con fruición y grave riesgo de quemadura.
En este contexto, volvía yo del Memorial Union, bien envueltita y acunando un café, cuyo vapor servía para protegerme la nariz del frío cortante. Quiere esto decir que iba yo un poco hundida en mí misma, mirando hacia abajo y confiando en mi oído para esquivar cualquier obstáculo o enemigo vil que me pudiera atacar en los bien cuidados senderos de cemento del Quad, helado, gris y vacío.
El balido me pilló totalmente por sorpresa.
«¡Maaaah!» sonó otra vez la voz, rompiéndose al final en un quiebro al falsete muy poco ovejil. Enjugándome el café que me había salpicado las manos, busqué la oveja.
Era rubia, gordita, y vestida con el atuendo corvallense típico para el frío polar: camiseta, pantalón de algodón, y chancletas de tira. Llevaba las uñas de los pies pintadas de azul pavo real. Estaba sentada en uno de los escasos bancos de madera que rodean el Quad, indiferente al frío y al mundo, con las orejas eficazmente cubiertas por unos auriculares de última generación. Un cable desaparecía en su mochila, conectado a cualquier tipo de reproductor musical que se puedan imaginar. Fuera cual fuera, llevaba el volumen al máximo. Lo sé porque hasta mí llegaba el rumor chasqueante y levemente insectoide de la música que, al parecer, le resultaba tan conmovedora que tuvo que unir su garganta a la del artista, ocasionando con ello los balidos que me costaron el susto y los quince centavos de café que ahora se secaban sobre mi mano.
«¡Maaa-aa-ah-ahhhh!», insistía ahora, en trance, moviendo la cabeza al compás, sin percatarse de mi presencia. Había una nota en algún lado de sus esfuerzos, pero se le escapaba traviesamente. Debía ser una canción realmente arrebatadora, si motivaba a la audiencia a enfrentarse a una tarde de cuchillos para poder cantar a coro. Bueno, al menos hacer algo a coro.
A estas alturas, yo me estaba helando viva. Pero no podía resistirme al espectáculo. La cantant… la chica seguía en su mundo interior, con los ojos cerrados, tocando reverentemente los auriculares para mejorar la futura perforación de tímpano.
«¡Yúuuu-uuuu-uuuhhhh!», decía ahora la letra. Todas las letras estadounidenses dicen «yú», es un poco la marca de fábrica. La chica estaba extrayendo todas las posibilidades expresivas a la sílaba, aunque nuevamente, por desgracia, la nota se le mostraba esquiva. Rondaba cerca, pero no acababa de aparecer en escena. En cierto modo era un fascinante ejercicio en exploración de nuevas inarmonías.
Ciertos sutiles indicios me decían que la canción estaba cerca de su final, y no quería que el objeto de mi atención fuera consciente de ella. Hubiera sido un poco violento. Así que suspiré, bebí un trago de café ya apenas tibio (treinta segundos en el exterior bastan, hoy, para pasar de ebullición a congelación), y seguí camino.
«¡Ooo-oo-oohhhhh!», se oyó detrás de mí, en un aterrador glissando descendente para el que los pulmones de la intérprete no estaban preparados. El intento de nota murió en una serie de crujidos asmáticos y un jadeo, y yo, colmado mi aguante, aceleré el paso de vuelta al laboratorio.

Adela Torres "Daurmith"

Adela Torres "Daurmith"

Daurmith es bióloga de formación. Ha pasado las últimas décadas intentando hacer algo útil en sostenibilidad, contando historias de muchas maneras diferentes y disfrutando de todo lo que tiene cerca. Le gustan la ciencia y la ficción porque cree poder distinguirlas, y le encanta la gente amable y que le digan que ha gustado algo de lo que hace.

Puedes encontrarla en Bluesky, Mastodon, Instagram y X

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13 Comentarios

  1. Daurmith

    Estas chicas mediterráneas… cualquier cosa les parece frío 🙂

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  2. Pippa

    Pippa, Pippa… mi nick es Pippa y no Daurmith.. dios, menudo día me espera, voy a tomarme un par de cafés a ver si despierto.

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  3. Algernon

    Buenísimo 😀
    Todas las chicas americanas son rubias y gorditas, yo creo

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  4. Rigel

    Creo que ha conseguido usted, querida Daurmith, transmitir en su escrito el ambiente. Muy logrado.

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  5. el paseante

    Ambiente de pesebre, cabe entender…

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  6. Paco Penas de DORVISOU

    Esas cosas intranscendentales que suceden todos los dias y que nos pueden servir de atenuante contra el fastidio….¡ Oiga, miss Daurminth! con tanto hielo y frio me ha constipado.

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  7. Crystal

    Jajajaja, buenísimo, sencillamente genial.
    Propóngala para OT, seguro que se gana el cariño de todos con su conmovedora forma de ¿cantar? y nos martiriza, digo, ameniza los veranos con curiosas interpretaciones….por decir algo ;P

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  8. Gonzalo

    ¡Uf, que frio!

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  9. la araña de las palabras

    Acabo de conocer tu blog, y te felicito por él. La verdad es que podría haber comentado casi cualquier post (el del Día de la Liberación Femenina es simplemente genial), porque me han gustado mucho los que he leído…
    Cun tu permiso incluiré un link a tu página en la araña, porque mereces ser leída 😉
    Un abrazo largo

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  10. Ole

    A mí me ha llamado la atención que un día hablases del ritual de los cubitos de hielo (e incluso del nitrógeno líquido) en el laboratorio, y otro del uso alternativo del hervidor de agua.
    Y me pregunto… ¿podría resultar útil dejar a los bichitos cuya actividad metabólica se quiere reducir en la calle, y ahorraríais paseos a por los cubitos de hielo?

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  11. Daurmith

    ¡Gracias, araña! Es un honor 🙂
    Ole: se podría, pero por mucho frío que haga fuera, no llega a los necesarios veinte bajo cero. Mucho menos a los ochenta bajo cero que hacen falta otras veces. Celsius, faltaría más. Los Fahrenheit que se vayan a paseo.

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  12. jose

    ¿Qué es «glissando»?

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  13. Daurmith

    Glissando:
    Efecto obtenido con los instrumentos de teclado y con el arpa al hacer resbalar con mucha rapidez los dedos sobre las teclas/cuerdas; el efecto también puede conseguirse con el arco de los instrumentos de cuerda.

    Y, añado yo, con la voz.

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