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El infinito entre dos notas

30 de noviembre de 2025

El otro día estuve en un concierto de Chucho Valdés.

Yo ya había oído hablar de Chucho Valdés. Había visto algo de Chucho Valdés. Pero nunca había estado con Chucho Valdés, ni escuchando con calma a Chucho Valdés.

Por si no lo conocéis, Chucho Valdés es un pianista afrocubano, hijo de Bebo Valdés, otro pianista afrocubano. Si os gusta llevar cuentas, ha ganado trece Grammys y ha grabado más discos que años tiene (y es del 41).

Estos datos han sido obtenidos de Wikipedia (echadle un cable si podéis que tenemos un problema AIlucinatorio grave con la información online). De hecho Wikipedia matiza que Chucho Valdés es un pianista «de jazz». Tras el concierto de ayer, creo que es más adecuado decir que Chucho Valdés es un pianista.

Hay gente que toca un instrumento y luego están los que hablan música. Ambas categorías me dan mucha envidia, pero Chucho Valdés nos dio una conferencia sobre por qué cualquier música es todas las músicas. ¿Jazz? Sí. Y clásica, y popular, y lo que quiso. Fue una pedorreta tremenda a las fronteras entre géneros musicales, y una carta de amor a todos ellos. Entre dos notas de «El Manisero» podía colar una sinfonía entera. Lo que hacía, y era divertido darse cuenta, era amagar un cambio de tono y colar unas frases traviesas o temas de otras canciones dentro del marco melódico de la pieza que estuviera tocando. Como alguien que en una novela policíaca metiera párrafos de fantasía heroica, pero consiguiendo que nada chirriara. Se disculpó con Chopin por hacer esto en su Preludio nº 4, Op 28 pero lo que hizo fue traer, entre dos notas de Chopin, un mundo entero musical. No creo haber asistido nunca a un concierto tan fractal, tan sutil y engañosamente denso. La gente respondió con entusiasmo, pidió un bis, obtuvo un momento divertido de participar en algunas improvisaciones que parecían tan ligeras como la facilidad con que este hombre toca el piano. Lo pasamos muy bien.

Mi resfriado y yo salimos muy satisfechos del concierto. Él porque tuvo la oportunidad de casi fastidiar a todo el auditorio durante el «Bésame mucho» del concierto (gracias a la amable desconocida que me regaló su botella de agua y me permitió no tener que abandonar la sala). Yo porque recordé que, igual que hay infinitos universos matemáticos entre el 1 y el 2, hay infinitos universos musicales entre el do y el re.

Adela Torres "Daurmith"

Adela Torres "Daurmith"

Daurmith es bióloga de formación. Ha pasado las últimas décadas intentando hacer algo útil en sostenibilidad, contando historias de muchas maneras diferentes y disfrutando de todo lo que tiene cerca. Le gustan la ciencia y la ficción porque cree poder distinguirlas, y le encanta la gente amable y que le digan que ha gustado algo de lo que hace.

Puedes encontrarla en Bluesky, Mastodon, Instagram y X

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