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Monsieur Papenfuss

25 de agosto de 2018

El mundo editorial es, a nadie se le escapa, una maraña de entusiasmo, intereses crematísticos, negocio puro y duro, malas prácticas, buenas prácticas, y discusiones interminables e inconclusas sobre autores, visibilidad, calidad, popularidad y comillas latinas. Este monstruo, este Behemot, este Cthulhu de palabras, se basa en que somos animales con hambre de historias. Con mucha hambre de historias. Y siempre habrá gente que, a pesar de tenerlo todo en contra, se lance a la tarea, nunca fácil y siempre desagradecida, de poner historias a disposición del público.

A esto se han dedicado los alegres muchachos del Boletín Papenfuss. Y vamos a entender «alegres muchachos» como «señor gruñón con barba que reniega mucho y se pega unos currazos de impresión con un proyecto hecho enteramente por amor al arte». Amor al dinero también, pero como de momento no está aún en esa fase de la (inevitable) fama, el arte tendrá que bastar. 

Siempre me ha admirado la capacidad de gente como Monsieur Papenfuss (lo llamaremos así porque, al menos por el momento, nada indica que quiera romper el anonimato) para tomarse molestias. Cuando emerge de su imprenta clandestina en el sótano, aún manchado de tinta y con las manos encallecidas de manejar las planchas de su prensa Stanhope, Monsieur Papenfuss parece una persona normal y afable. Como en tantas otras cosas de la vida, las apariencias engañan. M. Papenfuss te invitará a un café o a analizar el cine de Lars Von Trier, todo sin provocación previa, y podrás conversar agradablemente durante horas sin sospecha alguna de que estás ante el Jekyll de un Hyde de la edición.

M. Papenfuss, al fondo, dirigiendo los trabajos de impresión de su boletín (Fuente: Wikipedia, que es fan de M. Papenfuss)

Pero en las noches de luna llena suena el chac-chac incesante de la prensa, y con determinación digna de un golem, M. Papenfuss revisa, elige, maqueta, edita, distribuye y difunde (poco, ay, hemos de ayudarle) el trabajo resultante de las largas y sofocantes noches de verano, de las frías y húmedas noches de invierno, de las, um… medianejas y sosas noches de otoño, pasadas en su imprenta clandestina en el sótano.

Tres números embellecen ya el panorama editorial valenciano, un cuarto está en camino, y como en este último número M. Papenfuss tuvo a bien seleccionarme un relato, es justo que yo os avise: hay un nuevo editor en la ciudad. Proteged a vuestros seres querids, caminad con cautela por las calles nacaradas de Valencia, y si en una noche cálida de luna llena oís un chac-chac metálico que resuena en los adoquines y contra las fachadas de colores, preparaos: Monsieur Papenfuss viene a por vosotros, con páginas y páginas cargadas de ficciones.

Adela Torres "Daurmith"

Adela Torres "Daurmith"

Daurmith es bióloga de formación. Ha pasado las últimas décadas intentando hacer algo útil en sostenibilidad, contando historias de muchas maneras diferentes y disfrutando de todo lo que tiene cerca. Le gustan la ciencia y la ficción porque cree poder distinguirlas, y le encanta la gente amable y que le digan que ha gustado algo de lo que hace.

Puedes encontrarla en Bluesky, Mastodon, Instagram y X

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