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¿Para qué?

24 de mayo de 2010

El problema cuando hablas de evolución, cuando quieres explicar un concepto evolutivo a un público que no tiene por qué saberlo pero que está, o parece estar, interesado, es que el lenguaje tiene sujeto y predicado.

Es muy difícil hablar de evolución y no dar la sensación de intencionalidad. El otro día, en una cena la mar de agradable donde nos hinchamos a un riquísimo sushi, lo comentaba con un amigo que es profesor de secundaria.

-De lo que me he dado cuenta -decía, entre bocado y bocado de sushi de salmón- es de que tienes que tener un cuidado tremendo con cómo usas el lenguaje.

Y yo masticaba maki sushi, saboreando el arroz y la firme textura del alga nori, y asentía. Sé muy bien lo que quería decir.

Coged un titular, cualquier titular, por ejemplo este mismo, cogido al azar de una búsqueda en Google: «Los tibetanos desarrollan unos genes específicos para adaptarse a la altura«. Lo que quiere decir el titular es que los mecanismos evolutivos de mutación (aleatorio) y selección natural (no aleatorio) han favorecido la presencia de unos genes que facilitan la reproducción diferencial de los pobladores de esa zona de la Tierra en concreto, en unas condiciones concretas. Pero claro, no queda tan mono.

Incluso en la frase de arriba yo he caído en esa teleología, esa búsqueda de sentido, esa atribución de intenciones y finalidades. «Genes que facilitan», he dicho. Quien sabe de esto me entiende, pero existe siempre el peligro de que la frase haga pensar a más de uno que un gen tiene voluntad o intenciones, o que ha sido puesto ahí por lo que nosotros llamamos voluntad, un agente consciente. No es así. Como tampoco han sido «los tibetanos» los que han desarrollado genes específicos como quien desarrolla úlceras. Una se imagina a los tibetanos en torno al fuego, tomando té con manteca de yak o lo que proceda en estos casos, desarrollando genes con paciencia oriental y pericia artesana.

Pero es que es muy difícil no hablar así, leñe… «El mamut lanudo evolucionó para adaptarse a las condiciones climáticas», «El equidna se adaptó a una vida crepuscular», «Los koalas desarrollaron la habilidad de digerir los venenosos brotes de eucalipto»…

En todos estos casos la tendencia es a imaginar una especie de comité de trabajo génico, con el ADN todo aovillado alrededor de una mesa, bajo los fluorescentes:

-A ver -dice un exón, que lógicamente lleva la voz cantante- , ¿cómo podemos obtener ventajas competitivas? Ya sé, vamos a hacer que podamos digerir los brotes de eucalipto.

-Pero si son venenosos -objeta una diana de restricción, cortita pero hiperactiva, apartando con aspavientos una nube de enzimas amorosas.

-Es eso o la extinción -sentencia un homeobox. Y todo el resto del genoma se pone, obedientemente, a hacer lo necesario para poder digerir brotes de eucalipto.

Ese es el error. Creer esta historia. Porque es bonita, y para nuestros cerebros primates, es lógica. Al fin y al cabo nosotros abordamos así muchas situaciones, y nos cuesta pensar en otras maneras de hacerlo.

En realidad los koalas son tontos. Y sus genes, también. Ningún koala se quedó mirando pensativo un brote de eucalipto , meditando algo como «Mmm, esto estaría bien poder digerirlo». A saber cuántos koalas estiraron la pata por masticar ensaladas de brotes de eucalipto. Pero (por puro azar) algunos de esos koalas llevaban una mutación que hacía que comer brotes de eucalipto no fuera tan letal como para otros. Quizá les doliera la tripa, pero podían comer, puede que en una época en que no hubiera gran cosa más. De modo que, con retortijones pero vivos, pudieron reproducirse, y con ellos el gen que aportaba la capacidad de comer brotes de eucalipto sin morirse mientras otros koalas caían a diestro y siniestro (esta es la parte de selección natural, lo opuesto al azar). Y entonces puede que la población estuviera formada por koalas con dolor de tripa, capaces de sobrevivir al veneno. Hasta que alguna otra mutación hizo disminuir el dolor de tripa, y esos koalas, más contentos y también más gordos, tuvieron más koalitas. Que a su vez criaron. El resto son matemáticas.

Quizá no sea tan rápido de captar, pero tiene la ventaja de ser cierto. De modo que me permito sugerir que los tibetanos no desarrollaron unos genes específicos para nada. Sí diré que los mecanismos por los que actúa la evolución posibilitaron que los tibetanos pudieran quedarse a vivir donde están ahora. Que sigue sin ser correcto del todo, pero es que si no ya el titular no sale ni p’atrás.

Y aquí paz, y después koalas.

Adela Torres "Daurmith"

Adela Torres "Daurmith"

Daurmith es bióloga de formación. Ha pasado las últimas décadas intentando hacer algo útil en sostenibilidad, contando historias de muchas maneras diferentes y disfrutando de todo lo que tiene cerca. Le gustan la ciencia y la ficción porque cree poder distinguirlas, y le encanta la gente amable y que le digan que ha gustado algo de lo que hace.

Puedes encontrarla en Bluesky, Mastodon, Instagram y X

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11 Comentarios

  1. eledhwen

    Pregunta: ¿Se solucionaría en parte el problema lingüístico si se optara preferentemente por el empleo de las impersonales o pasivas para eliminar el agente?
    Por ejemplo, el titular indicado transformado en algo parecido a lo siguiente: Unos genes específicos para la adaptación a la altura se desarrollaron en los tibetanos. (Cambiando la preposición habitual «por» por la preposición «en» eliminamos parte de esa intencionalidad, me parece; y creo que también habría que retocar el verbo… pero no se me ocurre ahora ninguno).

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  2. Anónima

    Mi propuesta:
    «Adaptación a la altura de los tibetanos por selección natural: descubiertos genes específicos»
    Por lo demás deberían analizar cual es el gen de la escritora con sentido del humor que permite escribir posts que activan las neuronas y las sonrisas, todo por el mismo precio 🙂
    PD agitprop: ¡Menos facebook y más blogs!

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  3. El PaleoFreak

    Hay miedo a la palabra que empieza por E.

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  4. Daurmith

    ¿Evolución? ¿Estómago? ¿Ekoala?

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  5. Anónima

    «Evolución: la adaptación a la altura de los tibetanos se explica por la aparición por selección natural de unos genes específicos»
    ¿Eso es no tener miedo o exagerar?

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  6. Anónima

    Palabras con E que causan miedo:
    e-book, si tienes gen de escritor en papel no evolucionado a e-scritor
    e-mule, si tienes gen de productor de cine
    e-lefante, si eres ratón de biblioteca
    😛

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  7. El PaleoFreak

    E-volución, of coursr.
    ¿Por qué dicen desarrollo cuando quieren decir evolución?
    Respecto al titular, parece como si los tibetanos fueran pioneros en ingeniería genética.

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  8. Daurmith

    Eso es lo que me ha chocado, entre otras cosas, claro. Cualquiera de los titulares sugeridos en los comentarios valdría mucho más que el que eligieron. Y así seguiremos, claro, a quién le importa un periodismo de calidad habiendo fumbo…

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  9. eledhwen

    Es que estamos «perdidos»…

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  10. Daurmith

    ¿Y yo que jamás he visto un epi de Lost, por razones varias, qué hago? ¿Me destierro a una isla desiert…? Um, no, mejor no…

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  11. viejolobodemar

    Hay que entender con claridad un solo concepto ¡La evolución no es inteligente! Es sencillamente lógica.

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