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Pon tu mano

29 de octubre de 2003

«Hola, ¿quieres trazar la silueta de tu mano con rotulador en este mural como manifestación en contra de la violencia sexual en los campus de todo el país?»
Hay que admirar a alguien que es capaz de soltar todo eso de un tirón, sin trabucarse, y sin parecer que lo ha preguntado ya ochocientas veces. Me quedé tan fascinada que le hice repetir la pregunta.
«¿Quieres trazar la silueta de tu mano con rotulador en este mural como manifestación en contra de la violencia sexual en los campus de todo el país?»
Qué demonios; se me había pasado ya la vena gruñona de por la mañana, y aunque me dirigía a un nutritivo pero topológicamente complicado sandwich de atún en el Pangea, decidí perder nueve segundos de mi valioso tiempo, agarré un rotulador verde, apliqué mi mano izquierda -no sin ciertas contorsiones- en un pedacito de panel libre, y tracé airosamente su contorno mientras llenaba mi mente de puros pensamientos antiviolencia de cualquier tipo en cualquier lado. Luego firmé mi obra, devolví el rotulador, y sonreí al chico que me había hecho la pregunta.
Extraña iniciativa, recuerdo haber pensado mientras frotaba, distraída, el eco de la silueta que se había repartido en tinta verde entre el panel y la piel de mi mano. ¿Es mejor que recoger firmas? ¿Peor? ¿Indistinguible? ¿Es una forma de pensamiento mágico que nos hace pensar, a los inocentes, que estamos poniendo algo de nuestra parte para evitar algo sobre lo que no tenemos culpa ni control?
«Dame un rotulador violeta», pedía la chica de detrás mío. También ella silueteó su mano y la firmó. Fue todo como un flashback al parvulario, cuando pintábamos con los dedos. Sólo que entonces no lo hacíamos contra nada; sólo porque lo quería la seño (el parvulario es una misión importante que nos tomábamos con seriedad; es increíble la de cosas que había que hacer para tener contenta a la seño).
Dos minutos después me estaba lavando las manos; la marca verde en mi mano desapareció con muchísima facilidad, como si nunca hubiera estado allí. Cuando, otro rato después, salí del Pangea de vuelta al lab, el mural también había desaparecido. Como si nunca hubiera estado allí.

Adela Torres "Daurmith"

Adela Torres "Daurmith"

Daurmith es bióloga de formación. Ha pasado las últimas décadas intentando hacer algo útil en sostenibilidad, contando historias de muchas maneras diferentes y disfrutando de todo lo que tiene cerca. Le gustan la ciencia y la ficción porque cree poder distinguirlas, y le encanta la gente amable y que le digan que ha gustado algo de lo que hace.

Puedes encontrarla en Bluesky, Mastodon, Instagram y X

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8 Comentarios

  1. Angi

    A lo mejor pusieron en un sobre el mural y lo enviaron a quien sabe donde…

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  2. eledhwen

    ¿Y queda bonito?

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  3. Pippa

    ¿Cuánto ocupaba el mural?

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  4. Akin

    Y si en vez de la silueta de la mano se trazasen las siluetas del cuerpo completo… ¿Estaríamos promoviendo la violencia sexual?

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  5. Crystal

    Uf! deja un poco de mal rollo ese final, no? tantas manos desaparecidas…
    A mi me hubiera gustado colaborar, pero no sé qué extraño motivo me ha impulsado a pensarlo. ¿Qué tendrán las dichosas manos de especial que me cautivan?

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  6. Vailima

    Yo vivo en una tierra de pintadas. Por todos sitios. En mi facultad no había ni rastro de la pintura original en sus paredes. Pintadas amenazantes a profesores demócratas y racionales. Pintadas violentas dirigidas a buenas personas.
    Esas pintadas nunca desaparecían ni nadie tentía agallas suficientes como para hacerlas desaparecer.
    un saludo

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  7. not a pretty girl

    No me fío del título de este post… ¬¬ Paso de darte mi mano, que seguro que no es para pedirme en matrimonio, sino para traficar con órganos O_o

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  8. adriana maria garcia

    es una forma de manifestarnos en contrea de la violencia que observamos en nuiestro diario vivir

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