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Poniendo el bozal a los Perros de Tíndalos

20 de enero de 2003

Cada vez pasa menos tiempo entre la aparición de un icono del terror y su conversión en alguna criatura de peluche con largas pestañas y ojazos brillantes estilo manga. Así es como mueren los monstruos: de risa.
Existe una especie de esfuerzo concertado por tomar cualquier cosa que dé, o que pueda dar, miedo, y proporcionar inmediatamente una contrapartida cómica. No me parece mal, la verdad; hay veces en que el ingenio demostrado en el empeño merece pagar el precio de la desaparición de un dragón o de un vampiro. Otras veces me entristece, como cuando se hace por moda, por reflejo, por epatar. Cuando no se hace con ese tipo de amor cruel y necesario que nos lleva a pintar bigotes a nuestros monstruos de la infancia; y cuando más me entristece es cuando se hace por razones mal entendidas como evitar un trauma a los niños. Esto es no entender los cuentos de hadas. Chesterton lo dijo muchísimo mejor que yo: «Los cuentos de hadas son más que ciertos; no porque nos dicen que existen los dragones, sino porque nos dicen que los dragones pueden ser vencidos».
Siempre me siento algo estafada cuando en las nuevas historias que van apareciendo el Enemigo resulta ser, desde el principio, un peluchito que sólo quería una palmadita en la cabeza o, -terrible frase, traducción nefasta de una expresión nefasta- «pertenecer a alguien», y su anterior pose asustante producto de nada más que de un malentendido. Y de repente, como en una epidemia de varicela, los niños empiezan su viaje por los cuentos adoptando al dragón, sacando a hacer pis a los perros de Tíndalos, bailando un alegre musical con los fantasmas, amando al vampiro, jugando al sambori con Nyarlathotep, abrazando a la momia, jugando con el zombie.
Hay que reírse de los monstruos. Pero no porque empiecen dando risa, sino porque ya vencimos el miedo que nos provocaron.
(Dedicado a El Pez, con mis disculpas; no era mi intención agriarle el domingo)

Adela Torres "Daurmith"

Adela Torres "Daurmith"

Daurmith es bióloga de formación. Ha pasado las últimas décadas intentando hacer algo útil en sostenibilidad, contando historias de muchas maneras diferentes y disfrutando de todo lo que tiene cerca. Le gustan la ciencia y la ficción porque cree poder distinguirlas, y le encanta la gente amable y que le digan que ha gustado algo de lo que hace.

Puedes encontrarla en Bluesky, Mastodon, Instagram y X

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7 Comentarios

  1. JJ

    Y qué bicho es el que pones? Parece una «slakemoth» de Perdido Street Station

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  2. Ctugha

    ¡Es Cthulhu! ¡El Cthulhu de peluche que comenté a ¿canopus?!

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  3. JJ

    Entonces es que las slakemoths se parecen a Cthulhu. Ya decia yo que Perdido Street Station era un tanto lovecraftiano.

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  4. El Pez

    Gracias Daurmith 🙂 (y muchas)
    menos mal que tú no te nos quedas nunca convertida en peluche (no hay quien te venza, realmente… claro que tampoco sé si eres del todo monstruo o sólo un poco jejejeje)

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  5. Algernon

    Ctugha, no sabía yo que los primigenios tenían una forma tridimensional… 😛

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  6. Epaminondas Pantulis

    Ese mismo Cthulhu lo vi en la tienda de comics Akira en el Barrio del Pilar transformado en…
    ¡Papa Noel!
    ¡Era el auténtico «X-mas Cthulhu»! ¡Ese sí que da miedo!

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  7. maria belen

    estubo bueo pero
    se puso bueno

    Responder

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