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Son las pequeñas cosas

19 de marzo de 2003

El otro día me compré una caja de mandarinas. No es mi fruta favorita, pero las naranjas últimamente están más bien pochas, y tuve suerte: las mandarinas resultaron ser deliciosas, dulces y frescas. Como hay un montón en la caja, últimamente siempre llevo unas cuantas en una bolsita en la mochila, y cuando me apetece me como una cual si fuera un caramelo.
Ayer estaba en la Beanery y coincidí con Iovanna, una amiga. Era mi hora del café, pero su hora de comer, así que desplegué cinco mandarinas en una servilleta, como cinco soletes, a guisa de postre.
Es época de exámenes, así que la Beanery estaba llena de estudiantes haciendo lo que todos los estudiantes hacemos: estudiar en el último momento. En la mesa de al lado, una chica vestida con un top demasiado pequeño y unos pantalones demasiado grandes, que hasta ese momento había estado enterrada bajo una montaña de apuntes, se levantó y se nos acercó.
-¿Eso son mandarinas? -dijo, y, la verdad, no pudimos negarlo: la evidencia no dejaba lugar a dudas. La chica sonrió como si hubiera encontrado a un pariente perdido hace tiempo.
-¡Son mi fruta favorita! -exclamó encantada-. ¿Dónde las has conseguido?
Con pesar tuve que revelarle mi suministrador secreto de mandarinas: el supermercado. Increíble pero cierto. Le ofrecí una, y reaccionó como si le hubiera ofrecido el tesoro de los Templarios.
-¡No! ¿De verdad? ¿En serio que puedo? ¿No te importa?
Le aseguré que no, no me importaba, que se sirviera a placer.
-Bueno, una chiquitita -dijo, y se llevó a su mesa la más pequeña de todas, apenas mayor que una pelota de ping-pong. Allí quedó la fruta, oronda y cálida, mientras la chica se terminaba su ensalada y leía sus apuntes. Iovanna y yo nos comimos el resto de las mandarinas y seguimos arreglando el mundo.
Al cabo de un rato, cuando yo ya me había olvidado del asunto, la chica se acercó de nuevo a nuestra mesa.
-Estaba deliciosa -dijo tímidamente-. Quería darte las gracias otra vez.
A pesar de todo lo que pasó ayer, el recuerdo de este incidente me mantuvo el buen humor durante todo el día.

Adela Torres "Daurmith"

Adela Torres "Daurmith"

Daurmith es bióloga de formación. Ha pasado las últimas décadas intentando hacer algo útil en sostenibilidad, contando historias de muchas maneras diferentes y disfrutando de todo lo que tiene cerca. Le gustan la ciencia y la ficción porque cree poder distinguirlas, y le encanta la gente amable y que le digan que ha gustado algo de lo que hace.

Puedes encontrarla en Bluesky, Mastodon, Instagram y X

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14 Comentarios

  1. Carlos Gabriel

    ¿Verdad que sí? Y todo eso sucede tan rápido, pero como que en nuestras mentes poéticas lo desfragmentamos y narramos para que cada oración ejemplifique la simpleza del evento, pero que no pierda la fascinación que tú tienes por lo sucedido. Me fascina tu manera de escribir, estaba buscando por Google y me topé con esto. Quedé prendido a las palabras al leer esta entrada, me recordó a como yo mismo escribo las cosas que me suceden (aunque claro, tú tienes una habilidad literaria mucho más desarrollada que yo). Esta página definitivamente voy a frecuentarla de ahora en adelante.

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  2. el paseante

    Gracias por compartir sus mandarinas también con nosotros, le aseguro que estaban deliciosas.

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  3. Algernon

    Me pregunto si eso pasaría en Europa…

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  4. lgs

    Pasa, pero hay que mirar.

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  5. el paseante

    Un regalo. (No sé por qué su texto me recordó este poema, así que se lo dejo aquí por si le gusta)
    William Carlos Williams –
    This Is Just To Say
    I have eaten
    the plums
    that were in
    the icebox
    and which
    you were probably
    saving
    for breakfast
    Forgive me
    they were delicious
    so sweet
    and so cold

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  6. Vendell

    Desde luego, vivimos en otro mundo. Mi única anécdota cítrica tiene que ver con un amigo que importa tablero de aglomerado de Valencia y en cada camión aprovecha para traer clandestinamente sacos de 20 kg de deliciosas naranjas. Ahora los camiones vienen con mitad y mitad, pero con tan mala suerte que un vuelco sin importancia dejó la carga del último de ellos desparramada por la carretera. «Qué, contrachapado de naranjo, ¿eh?», dijo el guardia civil comprobando los papeles de la carga.

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  7. ElRene

    …»¿A pesar de todo lo que pasó ayer?»…
    Me parece que dejaste fuera la mitad de la historia. Está bien. Como dice el paseante, gracias por las mandarinas, pero también queremos ayudarte a lavar los platos.

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  8. naulë

    Una vez me dio por leer un poema a una chica en una librería de Dublín, y su reacción fue idéntica. Es curioso. El poema se titulaba «Marriage» («Alzo la vista y tú pasas…») Me alegra saber que las mandarinas producen el mismo efecto.

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  9. Naulë

    I look up: you pass.
    I have to reconcile your
    Existence, and the meaning of it,
    With what I read: kings and queens
    And their battles
    For power.
    You had your battle, too.
    I ask myself: Have I
    Been on your side? Lovelier
    A dead queen than a live
    Wife? History worships
    The fact but cannot remain
    Neutral. For there are no kings
    Worthy of you. Because poets
    Better than I are not here
    To describe you. Because time
    Is always too short, you must go
    Now without mention, as unknown
    To the future as to
    The past, with one man’s eyes
    Resting on you
    In the interval of his concern.

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  10. Angel

    ¡ Mira ! Ya se como ligar si algun dia voy por el imperio.

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  11. ElRene

    Pudiste poner la foto del reflejo en el agua, y la de las papitas, ¿verdad? pero no pudiste poner la foto de la chica con el top demasiado pequeño…

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  12. Ctugha

    Creo que todos estamos de acuerdo con ElRene.

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  13. Daurmith

    Desde luego… Una intenta escribir cosas con color local y me pedís estas cosas… Jay que vé… No os daré mandarinas. Menos al paseante y a Naulë, que por los poemas tienen tantas mandarinas como quieran. Va a poder ser una bitácora en condiciones y tolerada menores…

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  14. Luiso

    Mira, te cuento una anécdota que duró varios años: Yo, desde ,los cinco años que me pusieron gafas, fui marcado con los estigmas más negativos de la infancia: empollón, gordito y con gafas. He oído historias de mucha gente que lo arrastra de por vida,e incluso he visto ese estigma en la forma de vida y en el rostro de amigos adultos. Mi chica y mis actuales amigos, cuando se lo contaba, me preguntaban cómo pude salir sin ni siquiera rencor de aquella vida, y yo les respondo la verdad: Cuando se me acercaba una chica atraída mínimamente por mi habitual sonrisa (a la gente le sorprende la gente feliz sin aparente motivo), sólo me hacía falta mirarla a los ojos y recitarle un poema o tocarle una canción con mi guitarra: en ese momento olvidaba completamente mi fama o mi aspecto, y miraba directamente a mi corazón.
    Sigue disfrutando de esas pequeñas mandarinas, guardan mucho sabor en su interior.

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