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	<title>valencia archivos &#8226; Daurmith</title>
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	<description>El blog de Daurmith sobre ciencia y ficción</description>
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		<title>La tórtola</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 04 Sep 2025 16:25:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Divagaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Encuentros]]></category>
		<category><![CDATA[narrativa]]></category>
		<category><![CDATA[Parque Central]]></category>
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		<category><![CDATA[valencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un paseo por el Parque Central, una tórtola cautiva, y un dilema.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/la-tortola/">La tórtola</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>Nota bene: casi todo lo que procedo a contar es verídico.</em></p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized" id="tórtola"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="2048" height="1730" src="https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2025/09/image.png" alt="Tórtolas" class="wp-image-10531" style="width:537px;height:auto" srcset="https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2025/09/image.png 2048w, https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2025/09/image-300x253.png 300w" sizes="(max-width: 2048px) 100vw, 2048px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Tórtolas (Wellcome Collection)</em></figcaption></figure>



<p>Hace unos días fui al Parque Central a dar un paseo. El verano había apretado hasta la asfixia y el parque se mostraba confuso, reseco y descuidado en algunas zonas y verde y jugoso en otras. El efecto era un poco incómodo y un poco entrañable, como la casa de un buen amigo que está siempre hecha un desastre pero en la que te sientes a gusto.</p>



<p>Di una vuelta por mis zonas favoritas. Conocí a un abejorro atareado, a unos gatos desdeñosos, y a una señora bajita de sesenta y muchos años que me chistó y me preguntó tímidamente si había visto a alguien que trabajara en el parque.</p>



<p>No, le dije. La señora tenía una tórtola joven y despeluchada en las manos.</p>



<p>—La he criado yo en casa dos meses —me dijo la señora. Tenía la voz dulce y titubeante—. Pero el piso no es buen sitio para ella, no sé si puedo soltarla aquí…</p>



<p>Miré a mi alrededor: era una zona con setos tupidos, un par de moreras de copa densa, una mesa de madera, sombra. Unos mirlos se insultaban con muchas ganas en las ramas de la morera.</p>



<p>La tórtola se agitaba en las manos menudas de la mujer.&nbsp;</p>



<p>—Quiero que tenga sitios en los que esconderse.</p>



<p>Miré los arbustos y los árboles: parecía un buen sitio. La tórtola seguía sacudiéndose y moviendo la cabeza para mirarnos con sus ojos caoba.</p>



<p>Pedí sujetar el ave un momento. Era joven y parecía en buen estado. Tenía una pequeña llaga en un ala.</p>



<p>—Eso es de agarrarla —me dijo la señora, preocupada. Tapé la cabeza a la tórtola, que se quedó quieta latiendo en mis manos, toda ella un corazón.</p>



<p>—El piso no es sitio para ella —insistió la señora, pasándose las manos&nbsp;vacías por su vestido de flores. Levantó una bolsa de plástico que llevaba colgando de la muñeca.</p>



<p>—Me he traído la comida porque me gustaría quedarme un rato con ella cuando la deje, para asegurarme de que está bien. La he estado cuidando dos meses, pero no se puede quedar en el piso.</p>



<p>Le dije que no creía que nadie le pusiera problemas para soltar a la tórtola, que ahora estaba acurrucada, ciega y tranquila, entre mis manos.&nbsp; La señora me miró sonriendo: era guapa, morena, de ojos marrones y grandes, como los de la tórtola.</p>



<p>Era agosto en Valencia. Tras la ola de calor el parque exhalaba fiebre y aun a esa hora de la mañana solo había gente paseando a sus perros. Los mirlos se habían ido de la morera; el rincón tupido en el que estábamos era un islote de silencio verde.</p>



<p>—Ya no puede estar en el piso —dijo de nuevo la señora en voz baja y algo pesarosa.</p>



<p>Le devolví la tórtola, indicándole que mantuviera su cabeza cubierta para que estuviera tranquila. El ave empezó a aletear frenéticamente. La mujer no le tapó la cabeza; la agarró entre ambas manos con poca maña y me sonrió, radiante.</p>



<p>—Qué bien que sepas de estas cosas —dijo. Un rayo de sol se filtró entre las moreras e hizo brillar con reflejos caoba sus grandes ojos marrones.</p>



<p>No sé por qué, pero empecé a sentirme muy incómoda, como si estuviera interrumpiendo algo. Les deseé suerte a las dos y me fui.</p>



<p>Un instante después dos tórtolas salieron volando de la morera que acababa de dejar atrás.</p>



<p>Aceleré el paso.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/la-tortola/">La tórtola</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
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		<title>Vida 2.0</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Sep 2025 22:14:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[ficción]]></category>
		<category><![CDATA[parodia]]></category>
		<category><![CDATA[Relato]]></category>
		<category><![CDATA[valencia]]></category>
		<category><![CDATA[Vida 2.0]]></category>
		<category><![CDATA[zapatería]]></category>
		<category><![CDATA[zapato]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Breve diálogo inventado sobre confundir una zapatería con un servicio técnico de algún cacharro electrónico</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/relatos/vidadospuntocero/">Vida 2.0</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>A veces caigo presa de ligeras confusiones en mis quehaceres diarios, pero qué queréis, la vida 2.0 tiene cosas así. El otro día, sin ir más lejos, fui al servicio técnico:</p>



<p>—Hola, es que se me ha roto. Lo he desinstalado y vuelto a instalar y nada.</p>



<p>—Pero oiga…</p>



<p>—He llamado por si podían hacerlo en remoto pero me han dicho que tenía que venir.<span class="Apple-converted-space">&nbsp;</span></p>



<p>—Sí, verá, es que esto es una zapatería y…<span class="Apple-converted-space">&nbsp;</span></p>



<p>—Lleva el sistema original, no he instalado nada raro, pero es que está súper inestable.</p>



<p>—Claro, tiene roto el tacón.</p>



<p>—Pero si tiene menos de dos años, ¿no está en garantía?</p>



<p>—Señora, que esto es un zapato.</p>



<p>—¿Entonces no me van a poder dar un equipo de sustitución?</p>



<p>Al final me sugirieron actualizar el hardware y cambiar el equipo por uno más moderno, pero les dije que no porque no quería cambiar todo el kit solo porque no funcionara un elemento, hasta ahí podríamos llegar.</p>



<p>Volví a casa a paso desigual, pensando en los pros y los contras del <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Abandonware">abandonware</a>. Palomas mal programadas huían a mi paso.</p>



<p>&nbsp;</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/relatos/vidadospuntocero/">Vida 2.0</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
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		<title>Vidañetas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 26 Jan 2025 11:28:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Divagaciones]]></category>
		<category><![CDATA[descriptivo]]></category>
		<category><![CDATA[gente]]></category>
		<category><![CDATA[mercado]]></category>
		<category><![CDATA[perretes]]></category>
		<category><![CDATA[valencia]]></category>
		<category><![CDATA[viñetas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando tienes algo de vida personal empiezas a ver cosas, y en mi caso a contarlas. Perdón.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/vidanetas/">Vidañetas</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>Por circunstancias no ajenas a mi voluntad me hallo, como dicen los herejes, «between jobs». Llevo menos de dos semanas así que estoy en un espacio mental <a href="https://dle.rae.es/liminar">liminar</a>, de transición, de encrucijada: un sitio cómodo, al menos en las leyendas, para brujas, demonios y aparecidos. Saquen sus propias conclusiones.</em></p>



<p><em>Durante esta fase estoy asomándome a un mundo al que llevaba tiempo sin asomarme, un mundo cotidiano, prosaico y en mi caso, por lo poco usado, interesante. He estado extrayendo algunas notas de campo para practicar esto de juntar letras en el blog (tengo que desoxidar muchas aficiones que he tenido aparcadas en gran medida los últimos años; lo del rol vendrá en breve). </em></p>



<p><em>Con ustedes, un día de barrio.</em></p>



<p>En la plaza del mercado dos señores que ya no cumplen los sesenta fijan intensamente su atención en los mecanismos de una vieja bicicleta colocada ruedas arriba sobre un banco. Junto a la bicicleta, un surtido de herramientas. Uno de ellos mira a la bicicleta como si quisiera hipnotizarla mientras el otro hace un gesto en el aire con un destornillador invisible, explicando parte de lo que cree que debe hacerse.</p>



<p>En el mercado. Voy a por longanizas de pascua de un puesto en el que las hacen muy ricas. Ante mí una señora mayor sentada en uno de esos carritos que se convierten en sillas o en andadores según convenga. Está comprando muy metódicamente. Cuando termina, la señora hace amago de levantarse para coger las bolsas y se genera un pequeño momento de confusión mientras ella se levanta, el paradista coge todas las bolsas, y yo hago un gesto para cogerlas y pasárselas a la señora. Lo resuelve el paradista con una sonrisa y un «ya voy yo» dirigido a mí. Sale de la parada con las bolsas, ayudamos a levantarse a la señora, y él guarda las bolsas bajo el asiento del andador. La señora se va sin prisas, asintiendo cuando el paradista le recuerda que si se le ha olvidado algo que llame y ya se ocupa él.</p>



<p>En la cola de la ferretería el dueño comenta que le quedan cinco años para jubilarse y que tiene muchas ganas. Un hombre joven que acaba de entrar después de mí emite una especie de gemido desesperado: «¡Pero necesitamos ferreterías!», dice. Yo asiento con decisión. El dueño se encoge de hombros. Hablamos los tres un rato sobre burletes para puertas y ventanas.</p>



<p>Paso frente a una peluquería donde un chaval de quizá unos doce años sujeta nervioso las correas de dos perrillos que se dispone a sacar a pasear. La dueña de la peluquería le está explicando que debe llevar las correas bien cogidas y cortitas, y que debe ir <em>«</em>con decisión<em>».</em> El niño está muy nervioso. Los perritos miran a la peluquera, claramente su dueña, con cara de absoluta incredulidad. El niño consigue que se muevan tras un buen rato y se los lleva caminando con una mezcla de nerviosismo y excitación. El perro más pequeñito da saltos alrededor enredando una correa con la otra. Les auguro un paseo interesante y sigo caminando.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/vidanetas/">Vidañetas</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
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		<title>Monsieur Papenfuss</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Aug 2018 12:15:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Divagaciones]]></category>
		<category><![CDATA[boletín]]></category>
		<category><![CDATA[edición]]></category>
		<category><![CDATA[fanzine]]></category>
		<category><![CDATA[papenfuss]]></category>
		<category><![CDATA[relatos]]></category>
		<category><![CDATA[valencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hay un nuevo boletín mensual gratuito de relatos en Valencia, y merece la pena.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/monsieur-papenfuss/">Monsieur Papenfuss</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>El mundo editorial es, a nadie se le escapa, una maraña de entusiasmo, intereses crematísticos, negocio puro y duro, malas prácticas, buenas prácticas, y discusiones interminables e inconclusas sobre autores, visibilidad, calidad, popularidad y comillas latinas. Este monstruo, este <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Behemot">Behemot</a>, este Cthulhu de palabras, se basa en que somos animales con hambre de historias. Con mucha hambre de historias. Y siempre habrá gente que, a pesar de tenerlo todo en contra, se lance a la tarea, nunca fácil y siempre desagradecida, de poner historias a disposición del público.</p>



<p>A esto se han dedicado los alegres muchachos del <a href="https://papenfusslarevista.wordpress.com/">Boletín Papenfuss</a>. Y vamos a entender «alegres muchachos» como «señor gruñón con barba que reniega mucho y se pega unos currazos de impresión con un proyecto hecho enteramente por amor al arte». Amor al dinero también, pero como de momento no está aún en esa fase de la (inevitable) fama, el arte tendrá que bastar. </p>



<p>Siempre me ha admirado la capacidad de gente como Monsieur Papenfuss (lo llamaremos así porque, al menos por el momento, nada indica que quiera romper el anonimato) para tomarse molestias. Cuando emerge de su imprenta clandestina en el sótano, aún manchado de tinta y con las manos encallecidas de manejar las planchas de su prensa Stanhope, Monsieur Papenfuss parece una persona normal y afable. Como en tantas otras cosas de la vida, las apariencias engañan. M. Papenfuss te invitará a un café o a analizar el cine de Lars Von Trier, todo sin provocación previa, y podrás conversar agradablemente durante horas sin sospecha alguna de que estás ante el Jekyll de un Hyde de la edición.</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter"><img decoding="async" width="1419" height="1095" src="https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2018/08/Chodowiecki_Basedow_Tafel_21_c_Z.jpg" alt="" class="wp-image-9463" srcset="https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2018/08/Chodowiecki_Basedow_Tafel_21_c_Z.jpg 1419w, https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2018/08/Chodowiecki_Basedow_Tafel_21_c_Z-300x232.jpg 300w, https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2018/08/Chodowiecki_Basedow_Tafel_21_c_Z-768x593.jpg 768w, https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2018/08/Chodowiecki_Basedow_Tafel_21_c_Z-1080x833.jpg 1080w" sizes="(max-width: 1419px) 100vw, 1419px" /><figcaption>M. Papenfuss, al fondo, dirigiendo los trabajos de impresión de su boletín <em>(Fuente: <a href="https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Chodowiecki_Basedow_Tafel_21_c_Z.jpg">Wikipedia</a>, que es fan de M. Papenfuss)</em></figcaption></figure>



<p>Pero en las noches de luna llena suena el <em>chac-chac</em> incesante de la prensa, y con determinación digna de un golem, M. Papenfuss revisa, elige, maqueta, edita, distribuye y difunde (poco, ay, hemos de ayudarle) el trabajo resultante de las largas y sofocantes noches de verano, de las frías y húmedas noches de invierno, de las, um&#8230; medianejas y sosas noches de otoño, pasadas en su imprenta clandestina en el sótano.</p>



<p><a href="https://papenfusslarevista.wordpress.com/papenfuss-electronicos/">Tres números</a> embellecen ya el panorama editorial valenciano, <a href="https://twitter.com/PapenfussRev/status/1032191310999040000">un cuarto</a> está en camino, y como en este último número M. Papenfuss tuvo a bien seleccionarme un relato, es justo que yo os avise: hay un nuevo editor en la ciudad. Proteged a vuestros seres querids, caminad con cautela por las calles nacaradas de Valencia, y si en una noche cálida de luna llena oís un <em>chac-chac</em> metálico que resuena en los adoquines y contra las fachadas de colores, preparaos: Monsieur Papenfuss viene a por vosotros, con páginas y páginas cargadas de ficciones.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/monsieur-papenfuss/">Monsieur Papenfuss</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
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