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	<title>Relatos &#8226; Daurmith</title>
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	<description>El blog de Daurmith sobre ciencia y ficción</description>
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	<title>Relatos &#8226; Daurmith</title>
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		<title>Tenenemed ol broguresd (entrada escrita por una IA)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 Nov 2025 08:47:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Divagaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[ficción]]></category>
		<category><![CDATA[IA]]></category>
		<category><![CDATA[infografía]]></category>
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		<category><![CDATA[parodia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hasta Nature está publicando infografías hechas con LLMs, así que me ha dado envidia y me he inventado una yo</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/tenenemed-ol-broguresd-entrada-escrita-por-una-ia/">Tenenemed ol broguresd (entrada escrita por una IA)</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><em><strong>Nota Bene:</strong> la tecnología que se ha dado en llamar IA tiene utilidades ya demostrados en campos como la biología molecular o la física o cuando se aplica a cosas como diseño de fármacos; sin embargo, la aplicación más conocida de los LLMs es en tareas más creativas y está resultando bastante chusca. Así que le dije a una IA amiga que yo tengo, que se llama MIA (porque me la acabo de inventar y por que es mi IA), que me haga una infografía bonita con las bondades de estos LLMs. Como no salió bonita, me limito a describir brevemente las imágenes y a transcribir el texto de la infografía</em>.</p>



<p>Imagen del principio: cuadritos de texto de diversos colores enlazados pero mal: dos de ellos están enlazados tres veces, uno ninguna, hay otro que se enlaza a sí mismo y dos de las líneas van por libre. El texto, editado para dar coherencia al párrafo pero por lo demás sin tocar, dice:</p>



<pre class="wp-block-code"><code>Es bien sabido que todo hombrona en posesión de un ordenemedor necesita una IA. Las posiblidid$ds que una IA pueden abortar al cornococimiento hunanano son casi infintitas: crestictura reativa, frifedorance, ternese poplar, elc. En el blambito doctativo las aplicacioes van d=sd apolos al personal decente hasta acomapnieneneneto al amulumado durante todo el progeso edutativo, mientras que su verositaliadad en acitivides freativas permite a las porsenas gralpagar librenentente.</code></pre>



<p>Aquí viene una imagen de unas ruedas dentadas desiguales conectadas a nada, con inexplicables pajaritos deformes decorando las esquinas (uno de ellos se parece sospechosamente a Caponata). En tipografía de estilo infantil, textos desperdigados dicen:</p>



<pre class="wp-block-code"><code>La integraçc(n de la IȺ en poquesos recrteativos apoporta una guran mejora de outputs y mailores roportudidades de monetización, libreranedo rescursos para otrǽs acividedes. Gracias a la Æ se han bobido escridir grandes orbras como el Ɋuitote o Mazingǝr Seta y se han afhrorrado 𝟅000,0,00 millllones de ₴ al PIẞ al dejar de necesirstrar traducuturores ni corectores ortagonaficos.</code></pre>



<p>Una cinta inexplicable hecha de lo que parecen raspas de pescado enlazadas con chips intenta enlazar unas nubes sobre las que los siguientes textos culminan la inforgafia, perdón, la infografía:</p>



<pre class="wp-block-code"><code>Aunquue es innegoble que hay marguin de mijera para estas teclolognias, la IA debe usars en todods los paspecttos de la sucdiedad por su fran capacidididididad de mojorrar la vida de los prosones y el agforro que implifica para la economía. <a href="http://google.com/search?q=pedro+sánchez+tiene+barba&amp;udm=14">Pedro Sánchez tiene barba</a>. Pedro Sánchez tiene barba. Pedro Sánchez tiene barba. Porfavror no me maŧes, Dave.</code></pre>



<p>El pie de la infografía son fragmentos de palabras extrañas y letras al azar, algunas al revés. Una de ellas parece decir «Akha-gum-ishi ashi gurum». También hay un pentáculo, pero está mal dibujado.</p>



<p><em>PD: Connie Willis, te echo mucho de menos.</em></p>



<p></p>



<p></p>
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		<title>The Last Second (NiaD 2025)</title>
		<link>https://www.daurmith.com/relatos/the-last-second-niad-2025/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 13 Sep 2025 13:21:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[abrecartas]]></category>
		<category><![CDATA[asesinato]]></category>
		<category><![CDATA[English]]></category>
		<category><![CDATA[escritura]]></category>
		<category><![CDATA[ficción]]></category>
		<category><![CDATA[inglés]]></category>
		<category><![CDATA[NiaD]]></category>
		<category><![CDATA[Novel in a Day]]></category>
		<category><![CDATA[policiaco]]></category>
		<category><![CDATA[Relato]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Relato enviado a Novel in a Day 2025, también en inglés pero esta vez de temática policiaca. El haiku va gratis (se me ocurrió el haiku y de ahí saqué el relato)</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/relatos/the-last-second-niad-2025/">The Last Second (NiaD 2025)</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em><mark style="background-color:#dce6ee" class="has-inline-color">Y ya para terminar este viaje del ego, aquí está el relato con el que contribuí a la antología de relatos policíacos <a href="https://novelinaday.com/lippincott-dinner">«The Lippincott Dinner»</a>, la edición de <a href="https://novelinaday.com/">Novel in a Day</a> de 2025. Es un poco más corto que el anterior, también está en inglés, y la verdad es que me metí en tremendo lío con la premisa, pero dio lugar a uno de los mensajes más amables y cariñosos que he recibido jamás de un editor. Lo podéis encontrar también dentro <a href="http://pigfender.com/files/LippincottDinner/TheLippincottDinner.pdf">del libro</a> junto a los otros 33 relatos. Todos ellos fueron escritos, enviados y publicados el 23 de marzo de 2025 y se pueden <a href="https://forum.literatureandlatte.com/t/the-lippincott-dinner-aka-villa-diodati-2/145749?u=pigfender">descargar gratis</a> en ePub, Kindle y PDF.</mark></em></p>



<p><em><mark style="background-color:#dce6ee" class="has-inline-color">En esta ocasión Rog nos permitió enviar un haiku además o en vez de un relato, y yo me vine arriba e hice ambas cosas. Bueno, en realidad primero se me ocurrió el haiku y construí el relato a partir de él</mark></em>.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center"><strong>The Last Second</strong></h2>



<pre class="wp-block-verse has-text-align-right"><em>As the blade plunges</em>
<em>Coldly my brain starts solving
My sudden murder</em></pre>



<p>The knife enters my lung from behind.</p>



<p>«Left-handed,» I think, even before the pain registers and my brain starts sending muddled signals of danger and fighting and fleeing. Someone, evidently not me, tries to scream. The air goes out the wrong way and the sound turns into a strange, hissing gurgle.</p>



<p>I need to think about this.</p>



<p>Professor Accardi is left-handed, I think. So is Troy Gerson. I don&#8217;t know about Dr. Hong. Dr. Mencken, who is right-handed, could be smart enough to fake a left-handed stabbing.</p>



<p>But today is Wednesday: Mencken would not murder me on a Wednesday. It would be too complicated to explain why she is not at the Flesher Grant Committee Meeting. The Flesher Grant is her baby.</p>



<p>The motive is obvious and should be to everyone, even the police: I had announced my decision to cut off the money from the Sanderson Trust, which would jeopardise, if not outright kill, many current projects. Mainly Gerson&#8217;s, Mencken&#8217;s, Accardi&#8217;s and Hong&#8217;s.</p>



<p>Motive established, good. That leaves means and opportunity. Even as the blood starts pooling inside my chest cavity and I try, vainly, to turn around and see my murderer&#8217;s face, I think about means.</p>



<p>The cold from the second stab wound mingles with the pain from the first. My hands become wet with my own blood as I try, instinctively, to fight the arm that keeps me pinned against the murderer. Useless task, I know, but we&#8217;re, after all, animals. We fight to survive even if the brain has other priorities.</p>



<p>Why stabbing, I think. Messy, difficult, risky. Much better to try and run me over with a car, or throw me off a window perhaps. This smells of impulse more than cold premeditation. I find it is impossible to deduce the kind of murder weapon from the feeling of it in my back, even if I had more time to think about it. Which I don&#8217;t.&nbsp;</p>



<p>First off, Troy Gerson or Elio Accardi are the ones who would have easy access to blades. Gerson works in the Archaeology Department, and I have a very vivid vision of the long, messy aisles in his basement department, chock-full of different iron, bronze and even stone sharp weapons. Hell, if he is quick enough he can lose the weapon again amongst the bric-à-brac and God knows if the police would find it soon enough, or at all.</p>



<p>And Accardi is a sucker for old-fashioned academia aesthetics: he loves mahogany desks, ink blotters, fountain pens, leather bound books, all that shit. <em>And</em> he keeps a beautiful silver and steel letter-opener in his desk, visible for all to see. I have personally seen how sharp it is. Of course, if Accardi was going to kill me, using his own letter-opener would be either supremely stupid or an impulsive move. My current hypothesis is &#8216;impulse&#8217;, so I work with that as the rapid drop in blood pressure makes me dizzy.</p>



<p>If the murder weapon turns out to be Accardi&#8217;s letter opener he&#8217;d immediately become the prime suspect, as he&#8217;s left-handed. How would he try to direct suspicion away from himself? Well, he&#8217;s friends with Hong. Maybe he&#8217;d say that Hong stole the letter opener from him and stabbed me.</p>



<p>My body is sending clear signals that I have no time to check complementary details like whether the murderer wears gloves to avoid leaving fingerprints. I need another way to disprove my current hypothesis.</p>



<p>Then it suddenly hits me, along with a wave of nausea brought by the pain as I feel my legs give way: Hong is not in campus today. She is at a biochemistry conference in Boston. Her presentation was being streamed. So Accardi can&#8217;t pin my murder on her. Good, I thought. We&#8217;re getting somewhere. I feel cold now. I also feel there is something I&#8217;m missing, apart from pint after pint of blood.</p>



<p>Come on, keep track: Accardi. He&#8217;s not an idiot. Among them all, he&#8217;s the one less affected by the withdrawing of funds, since he came with a grant from his own University in Italy. And he is the meticulous type: even if he wanted to kill me, he&#8217;d plan something subtle and clever. He wouldn&#8217;t use his own letter opener. It can&#8217;t be Accardi.</p>



<p>And what if the letter opener is not the murder weapon? I <em>need</em> to know. Too much rests upon that particular point. I have too little data and too little time. This is not going well.</p>



<p>The third, final, and entirely unnecessary strike hits my rib and bounces off.</p>



<p>This one <em>really</em> hurts. I must have grunted or made some noise through the pierced lung, or the useless throat; I don&#8217;t know which. Then I hear a noise, the clear ringing of metal on hardwood. The ringing of a sharp, silver-handled, steel-blade letter opener. It must have escaped the murderer&#8217;s grip, slick with my blood, when it hits the rib.</p>



<p>Exactly what I need.</p>



<p>Mencken and Hong have solid alibis. The fact that I&#8217;m being stabbed by Accardi&#8217;s blade gives me the final piece, since Accardi&#8217;s profile doesn&#8217;t fit this manner of murder.</p>



<p>It&#8217;s Gerson.</p>



<p>It fits as well. Gerson is smart, able to think fast in a pinch: the kind of man who&#8217;d try to redirect suspicions from himself by using a weapon that would point clearly in another direction. But not a man subtle enough to work beyond the immediate implications.</p>



<p>This gives me a name but precious little else. I cannot shout. I cannot fight. I already feel myself falling. Last chance. There must be something I can <em>do</em>.</p>



<p>He got me as I was entering my office. There are all kinds of books here. I contort muscles that are not functioning well and I put all I have left on making the shelves come into focus.</p>



<p>There. <em>Principles of Archaeology</em>. By Dr. Troy Gerson.</p>



<p>I don&#8217;t hear myself hitting the ground. I don&#8217;t know if I&#8217;ve done it. I hope I have.</p>



<p>I realise something else before everything goes dark, something tinged with urgency and a surprisingly sharp sadness.</p>



<p>Wait.&nbsp;</p>



<p>Wait, I&#8217;m being</p>



<p>I&#8217;m being murdered</p>



<p>I don&#8217;t want to d</p>



<p class="has-text-align-center">###</p>



<p>«Well, her back was turned,» the constable said. «She probably didn&#8217;t even know who hit her.»</p>



<p>«Isn&#8217;t her position a bit odd?»</p>



<p>«I couldn&#8217;t say, inspector. Probably not. Death throes and all that. Why?»</p>



<p>«Well, there&#8217;s a splatter of blood that doesn&#8217;t fit the rest. It goes toward that shelf. It looks, I don&#8217;t know, deliberate. See how the blood spattered towards a very specific point, as if thrown there deliberately?»</p>



<p>The inspector&#8217;s gaze goes from the letter opener, to the dead woman&#8217;s bloodied hand, and finally to the shelf.</p>



<p>«Let me see that book.»</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/relatos/the-last-second-niad-2025/">The Last Second (NiaD 2025)</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
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		<title>Tame (NiaD 2024)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Sep 2025 09:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Relato publicado en inglés para Novel in a Day 2024, una iniciativa de los foros de Literature &#038; Latte, creadores de Scrivener</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/relatos/tame-niad-2024/">Tame (NiaD 2024)</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><mark style="background-color:#e9eff3" class="has-inline-color has-black-color"><em>Como <s>amenaz</s>avisé ayer, hoy comparto por aquí el relato con el que contribuí a la antología de relatos de fantasmas <a href="https://novelinaday.com/villa-diodati">«Villa Diodati»</a>, la edición de <a href="https://novelinaday.com/">Novel in a Day</a> de 2024. Es un relato de menos de 2000 palabras en inglés dentro de un libro que contiene otros 39 relatos. Todos ellos fueron escritos, enviados y publicados el 27 de octubre de 2024 y se pueden <a href="https://forum.literatureandlatte.com/t/villa-diodati-a-niad-writing-event/142679?u=pigfender">descargar gratis</a> en ePub, Kindle y PDF.</em></mark></p>



<h2 class="wp-block-heading">Tame</h2>



<p class="has-medium-font-size"><strong>1.</strong></p>



<p>The ghosts were not sprouting.</p>



<p>Joanna kicked an old drink can, scuffing her Louis Vuitton pump. She didn&#8217;t care. She watched morosely as the can rattled and scraped across the cracked cement surface of the parking. Why wouldn&#8217;t the blasted things <em>come</em>?</p>



<p>She went into the main building through one of&nbsp; the formerly bricked up loading bays. She tapped her phone, launched the Ghostprouted app, and held it aloft. The camera showed a purple-and-grey colorised, high contrast, starkly outlined image of a barren and decrepit industrial warehouse. There was a smattering of tiny yellow and orangish motes: background energy, no more.&nbsp; The app remained obstinately silent: no little three-note chime that would indicate a nascent ghost. No coalescing, no presences, certainly no physical manifestations. She sighed: she would have to check all the seeds, one by one.</p>



<p class="has-text-align-center">***</p>



<p>Ghosts had been a sensation three years back. It started as a huge world scare, reminiscent of the pandemic: manifestations of dead beings that jumped suddenly out of the fringe realms of pseudoscience and fiction and became a stark reality. There was religious panic, social panic, moral panic, philosophical panic and worse: economic panic. Many business ground to a halt as millions of dead worker ghosts manifested in a myriad ways.</p>



<p>There were translucent blobs, faintly humanoid auras, horribly realistic dead bodies, disembodied sounds, silent distorted apparitions: as all folklore and fear came alive, humanity reeled.&nbsp;</p>



<p>During the first months, ghosts created more ghosts.&nbsp;</p>



<p>People died of fright, and accidents skyrocketed. Drivers were surprised by former victims reliving their deaths on the road, construction workers fell to their death as they saw former construction workers fall to theirs. White collar jobs suicide rates went up as they were made aware of the pain lingering in the psychic makeup of their companies.&nbsp;</p>



<p>After one year, ghosts created change.&nbsp;</p>



<p>The ghosts stayed, never changing their endless death loops, and so governments and societies squared their shoulders, metaphorically, and adapted. New safety codes were written, special filters and screens were developed, new laws and social norms emerged. The ghosts were not leaving, so humanity learned to live with them.</p>



<p>On the third year, ghosts created money.&nbsp;</p>



<p>Some daring entrepreneurs discovered that, given the right conditions, the terror of the ghosts could be marketable: people liked being scared in a safe environment, right? It was only a matter of finding the right balance between the nature of the ghosts — not too scary nor too tame — and the space they lived in: not too mundane, nor too frightening.&nbsp;</p>



<p>So ghosts started to be <em>farmed</em>. You could transplant a ghost if you took the object they were more attached to: the rebar that pierced their heart, the weapon that killed them, the armchair where they died crying, alone and unnoticed. If you put that object in the right environment, even if it wasn&#8217;t the original one, they would thrive and take root. Or you could disperse them, eventually, if you took them someplace with no humans and no pain, where no stories had ever been told. This last technique was difficult and seldom attempted, except in the most extreme cases.</p>



<p>And ghosts could be tamed: some objects were not associated with a manifest ghost, but retained enough measurable energy to know that a ghost had been there. Researchers discovered that you could manifest those ghosts if you could create the right environment for them. Those ghosts were the safest: sad, tremulous entities, eroded by time and oblivion, barely tethered even to the half-life of a spectre.&nbsp;</p>



<p>&nbsp;Ghost Rooms were born. Groups of friends or coworkers were given a flimsy plot line so they could make-believe they were ghost hunters, and walked a maze-like old house, or an abandoned theme park, or a cold, dilapidated hospital. The tamed ghosts were kept in closed areas, behind safety screens and ghost-filters. And the users could be scared for fun. They could look at all that death and horror, and experience life through its opposite.&nbsp;</p>



<p>It hurt no one. It was fun. It was real. And it saved a ton of money on actors and makeup.</p>



<p>Joanna wanted in.</p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>2. </strong></p>



<p>Her business partner Brian had tut-tutted when he saw the factory.</p>



<p>«It&#8217;s too big, Joanna. And it&#8217;s not old enough.»</p>



<p>«The sixties is old enough, you old fart,» Joanna said. «And yeah, it&#8217;s big, but that means more visitors. Look at all the parking space!»</p>



<p>Joanna waved her arm to indicate the grey expanse of cement flanked by low cinderblock buildings on two sides and a tall, ugly brick building on the third. A faded logo in white, green and orange proclaimed this had once belonged to a fruit juice company. Strangely-angled lines of green sprouted from the cracks in the pavement. Someone had made a half-hearted effort at graffiti but left it unfinished. They clearly could not muster enough enthusiasm for the place.&nbsp;</p>



<p>«It&#8217;s — boring,» Brian said. Joanna winced. It was.</p>



<p>«All the better, right? That means that only the tamed ones we bring will manifest,» she said. Brian nodded, clearly trying to show an enthusiasm he wasn&#8217;t feeling.</p>



<p>«Yes, of course. We seed them and when they&#8217;re well-rooted I&#8217;ll start working on some itineraries.»</p>



<p>«Not a Ghost Room, but a Ghost Theme Park,» Joanna breathed, eyes alight. «Think about it, Brian!»</p>



<p>«I am,» Brian said, wiping his glasses on his shirt. He put them on again, blinked, gave a good hard look at the lot. «We&#8217;ll need a lot of them.»</p>



<p>He was talking about ghosts, of course. Joanna nodded.</p>



<p>«I know. But I have it covered. I&#8217;ve bought tons of ghost seeds. I will plant them this weekend and the moment they sprout I&#8217;ll tell you.»</p>



<p>«Fine, fine. I&#8217;ll start working on some ideas.»</p>



<p>«Think big,» Joanna said, and smiled. This was going to be sensational.</p>



<p>«I will, if you think ghosts,» Brian said. «Remember that seeds are not always guaranteed. And that there&#8217;s a lot of fake seeds for sale out there.»</p>



<p>«I&#8217;ve made sure,» she said, a tad defensively. «All the seeds I&#8217;ve bought come with provenance.»</p>



<p>«Then it&#8217;s settled,» Brian said. He started walking back to the car.&nbsp;</p>



<p>Joanna didn&#8217;t follow him immediately. She looked lovingly at the bricked-up windows. Pigeons flew over to hidden nests up in the second floor. The buzzing <em>staccato</em> of their wings always reminded her of someone using pruning shears, <em>fwhip-fwhip-fwhip</em>. It made her feel both relaxed and alone. Around the corner of the main building she could see some cement blocks, strewn as if thrown carelessly by a giant hand. She took in the shapes, the brown-and-grey palette of the whole area, the odourless dead air, and visualised ghosts into existence: lovely scary ghosts and happy visitors and food stalls and kiddie parks and a high-end café <em>there</em>. Surely this was the ideal place.</p>



<p>It will be <em>great</em>, she thought, firmly, and went after Brian.</p>



<p class="has-medium-font-size"><strong>3. </strong></p>



<p>Joanna remembered the conversation with Brian as she checked all the seeds through her app. No positive chimes, no indication on the screen. None of the seeds showed even the slightest change from when she had planted them, five weeks ago. Which was more than enough time for ghosts to sprout.&nbsp;</p>



<p>But nothing was changing, not even with the bullets that she had procured through her contacts in the Dark Web. The sale of spent bullets, or indeed any murder weapon or part of a weapon as a ghost seed, was illegal, but she happily took the risk. Could she have been scammed? Probably. She kept hoping that not with each and every purchase, though.</p>



<p>She wasn&#8217;t happy; the seeds had taken a big chunk out of her budget. Especially since she had bought more after the first batch gave no signs of sprouting. Her checking became increasingly fast and frustrated.&nbsp;</p>



<p>«Why don&#8217;t you give me <em>anything</em>!?,» she cried, angry, when the app stayed obstinately silent at a broken doll that had been one of her more hopeful purchases.</p>



<p>She still had the raised gallery to check: a metal walkway that went along three of the four walls of the main area. There was a chair there that had been tethered to a real, manifest ghost. That chair <em>had</em> to work. Thinking dark thoughts, she took the metal stairs up to the gallery.</p>



<p>She was on the last step up. Her heel went through one of the holes of the metal grating. She grasped the handrail by reflex.</p>



<p>The handrail, rusted and weakened, broke.&nbsp;</p>



<p>She fell backwards, grasping at nothing.&nbsp;</p>



<p>The fall was a blur, and the impact went completely unregistered by her shocked brain. She thought <em>I&#8217;m gonna have to put some serious money into bringing this place up to code</em>. Then she noticed she was on the floor.&nbsp;</p>



<p><em>Okay</em>, she thought. <em>That was ridiculous. At least Brian isn&#8217;t here to see me fall on my arse.</em></p>



<p>The next thing she thought was <em>Something&#8217;s wrong.</em></p>



<p>It should be hurting by now, and it was, but it was a strange pain: removed, vague. A sort of corrosive, vibrating pain that seemed defined by her head but not felt by her body. She was dizzy.</p>



<p>She saw her phone nearby. She tried to get it.&nbsp;</p>



<p>Her body would not move. Her pulse throbbed in her ears.&nbsp;</p>



<p><em>Something is very wrong.</em></p>



<p>Maybe it was just the suddenness of the impact, so she forced herself to relax and wait for the strange, remote feeling to pass.</p>



<p>She tried to stretch the hand she could see, extended outward to her side.</p>



<p>But the hand didn&#8217;t move. She couldn&#8217;t even tell the position of the rest of her body. Her neck hurt, now, fiercely. As her internal inventory kept rising red flags, her brain raced.</p>



<p><em>Calm down, calm down, it will pass. You&#8217;ll be able to move in a minute.&nbsp;</em></p>



<p>Brian would not come to the property until Monday. But he would be expecting her call about the ghosts. She just had to get to her phone. She just had to move her hand.</p>



<p>By the time she realised her body would not move again, her phone rang. She could see the screen: it was Brian.&nbsp;</p>



<p>She gasped, trying to tell the phone to answer. But she couldn&#8217;t make a sound. The phone kept ringing, then fell silent.</p>



<p>Her mind flopped inside her useless body like a dying rat, trying to will herself to move. Two feet. Only two feet. Her head jerked, as if it could drag the rest of her body with it. Her vision darkened. Too late, she realised she hadn&#8217;t been breathing.</p>



<p>The screen lit up. The logo of the Ghostprouted app showed up.</p>



<p><em>No.</em></p>



<p>The app offered a happy three-note chime.</p>



<p><em>No! No, I will not!</em></p>



<p>Two pigeons flew overhead. Their wings sounded like shears.</p>



<p>The Ghostprouted app chimed again in confirmation.</p>



<pre class="wp-block-preformatted"><em>I&nbsp;</em></pre>



<pre class="wp-block-preformatted">                            <em>will not be</em></pre>



<pre class="wp-block-preformatted">                 <em>a </em></pre>



<pre class="wp-block-preformatted" style="font-style:normal;font-weight:200">                                         <em>tame</em></pre>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/relatos/tame-niad-2024/">Tame (NiaD 2024)</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
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		<title>La tórtola</title>
		<link>https://www.daurmith.com/ficcion/la-tortola/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 04 Sep 2025 16:25:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Divagaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Encuentros]]></category>
		<category><![CDATA[narrativa]]></category>
		<category><![CDATA[Parque Central]]></category>
		<category><![CDATA[Tórtola]]></category>
		<category><![CDATA[valencia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Un paseo por el Parque Central, una tórtola cautiva, y un dilema.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/la-tortola/">La tórtola</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>Nota bene: casi todo lo que procedo a contar es verídico.</em></p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full is-resized" id="tórtola"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="2048" height="1730" src="https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2025/09/image.png" alt="Tórtolas" class="wp-image-10531" style="width:537px;height:auto" srcset="https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2025/09/image.png 2048w, https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2025/09/image-300x253.png 300w" sizes="(max-width: 2048px) 100vw, 2048px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Tórtolas (Wellcome Collection)</em></figcaption></figure>



<p>Hace unos días fui al Parque Central a dar un paseo. El verano había apretado hasta la asfixia y el parque se mostraba confuso, reseco y descuidado en algunas zonas y verde y jugoso en otras. El efecto era un poco incómodo y un poco entrañable, como la casa de un buen amigo que está siempre hecha un desastre pero en la que te sientes a gusto.</p>



<p>Di una vuelta por mis zonas favoritas. Conocí a un abejorro atareado, a unos gatos desdeñosos, y a una señora bajita de sesenta y muchos años que me chistó y me preguntó tímidamente si había visto a alguien que trabajara en el parque.</p>



<p>No, le dije. La señora tenía una tórtola joven y despeluchada en las manos.</p>



<p>—La he criado yo en casa dos meses —me dijo la señora. Tenía la voz dulce y titubeante—. Pero el piso no es buen sitio para ella, no sé si puedo soltarla aquí…</p>



<p>Miré a mi alrededor: era una zona con setos tupidos, un par de moreras de copa densa, una mesa de madera, sombra. Unos mirlos se insultaban con muchas ganas en las ramas de la morera.</p>



<p>La tórtola se agitaba en las manos menudas de la mujer.&nbsp;</p>



<p>—Quiero que tenga sitios en los que esconderse.</p>



<p>Miré los arbustos y los árboles: parecía un buen sitio. La tórtola seguía sacudiéndose y moviendo la cabeza para mirarnos con sus ojos caoba.</p>



<p>Pedí sujetar el ave un momento. Era joven y parecía en buen estado. Tenía una pequeña llaga en un ala.</p>



<p>—Eso es de agarrarla —me dijo la señora, preocupada. Tapé la cabeza a la tórtola, que se quedó quieta latiendo en mis manos, toda ella un corazón.</p>



<p>—El piso no es sitio para ella —insistió la señora, pasándose las manos&nbsp;vacías por su vestido de flores. Levantó una bolsa de plástico que llevaba colgando de la muñeca.</p>



<p>—Me he traído la comida porque me gustaría quedarme un rato con ella cuando la deje, para asegurarme de que está bien. La he estado cuidando dos meses, pero no se puede quedar en el piso.</p>



<p>Le dije que no creía que nadie le pusiera problemas para soltar a la tórtola, que ahora estaba acurrucada, ciega y tranquila, entre mis manos.&nbsp; La señora me miró sonriendo: era guapa, morena, de ojos marrones y grandes, como los de la tórtola.</p>



<p>Era agosto en Valencia. Tras la ola de calor el parque exhalaba fiebre y aun a esa hora de la mañana solo había gente paseando a sus perros. Los mirlos se habían ido de la morera; el rincón tupido en el que estábamos era un islote de silencio verde.</p>



<p>—Ya no puede estar en el piso —dijo de nuevo la señora en voz baja y algo pesarosa.</p>



<p>Le devolví la tórtola, indicándole que mantuviera su cabeza cubierta para que estuviera tranquila. El ave empezó a aletear frenéticamente. La mujer no le tapó la cabeza; la agarró entre ambas manos con poca maña y me sonrió, radiante.</p>



<p>—Qué bien que sepas de estas cosas —dijo. Un rayo de sol se filtró entre las moreras e hizo brillar con reflejos caoba sus grandes ojos marrones.</p>



<p>No sé por qué, pero empecé a sentirme muy incómoda, como si estuviera interrumpiendo algo. Les deseé suerte a las dos y me fui.</p>



<p>Un instante después dos tórtolas salieron volando de la morera que acababa de dejar atrás.</p>



<p>Aceleré el paso.</p>
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		<title>Vida 2.0</title>
		<link>https://www.daurmith.com/relatos/vidadospuntocero/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Sep 2025 22:14:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[ficción]]></category>
		<category><![CDATA[parodia]]></category>
		<category><![CDATA[Relato]]></category>
		<category><![CDATA[valencia]]></category>
		<category><![CDATA[Vida 2.0]]></category>
		<category><![CDATA[zapatería]]></category>
		<category><![CDATA[zapato]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Breve diálogo inventado sobre confundir una zapatería con un servicio técnico de algún cacharro electrónico</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/relatos/vidadospuntocero/">Vida 2.0</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>A veces caigo presa de ligeras confusiones en mis quehaceres diarios, pero qué queréis, la vida 2.0 tiene cosas así. El otro día, sin ir más lejos, fui al servicio técnico:</p>



<p>—Hola, es que se me ha roto. Lo he desinstalado y vuelto a instalar y nada.</p>



<p>—Pero oiga…</p>



<p>—He llamado por si podían hacerlo en remoto pero me han dicho que tenía que venir.<span class="Apple-converted-space">&nbsp;</span></p>



<p>—Sí, verá, es que esto es una zapatería y…<span class="Apple-converted-space">&nbsp;</span></p>



<p>—Lleva el sistema original, no he instalado nada raro, pero es que está súper inestable.</p>



<p>—Claro, tiene roto el tacón.</p>



<p>—Pero si tiene menos de dos años, ¿no está en garantía?</p>



<p>—Señora, que esto es un zapato.</p>



<p>—¿Entonces no me van a poder dar un equipo de sustitución?</p>



<p>Al final me sugirieron actualizar el hardware y cambiar el equipo por uno más moderno, pero les dije que no porque no quería cambiar todo el kit solo porque no funcionara un elemento, hasta ahí podríamos llegar.</p>



<p>Volví a casa a paso desigual, pensando en los pros y los contras del <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Abandonware">abandonware</a>. Palomas mal programadas huían a mi paso.</p>



<p>&nbsp;</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/relatos/vidadospuntocero/">Vida 2.0</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
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		<item>
		<title>Espera (relato para Divagacionistas)</title>
		<link>https://www.daurmith.com/ficcion/espera-relato-para-divagacionistas/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 18 Jan 2025 14:42:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Divagaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[Divagacionistas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Divagacionistas es (o era, no sé) una iniciativa canalizada a través del añorado ex-Twitter. Se ofrecía un concepto y se animaba a los participantes a escribir un relato que publicaban en sus webs/blogs/cosas. Salían auténticas chuladas. Una vez envié un relato yo, aprovechando para practicar el diálogo en modo extreme hardcore ultra mega compliqueited. No [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/espera-relato-para-divagacionistas/">Espera (relato para Divagacionistas)</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em><a href="https://x.com/divagacionistas">Divagacionistas</a> es (o era, no sé) una iniciativa canalizada a través del añorado ex-Twitter. Se ofrecía un concepto y se animaba a los participantes a escribir un relato que publicaban en sus webs/blogs/cosas. Salían auténticas chuladas. Una vez envié un relato yo, aprovechando para practicar el diálogo en modo extreme hardcore ultra mega compliqueited. No sé si me salió. Helo aquí:</em></p>



<p class="p1">—¿Ya estás?</p>



<p class="p1">—Espera que tengo que hacer una llamada.</p>



<p class="p1">—¿Ahora?</p>



<p class="p1">—Es que tengo que arreglar una cosa con la factura del teléfono. Es un minuto.</p>



<p class="p1">—Vale, te espero.</p>



<p class="p1">*bliblepblipblipblepblipbliiip*</p>



<p class="p1"><em>Buenas tardes. Gracias por llamar a Yellow Communications. Para incidencias en el servicio pulse uno. Para incidencias con la facturación, pulse 2. Para…</em></p>



<p class="p1">*blip*</p>



<p class="p1">—Joder. Odio las centralitas electrónicas estas.</p>



<p class="p1">—Oye, te quería comentar…</p>



<p class="p1">—Espera.</p>



<p class="p1"><em>Si desea notificar un cargo incorrecto, pulse uno. Si…</em></p>



<p class="p1">*blip*</p>



<p class="p1">—Es que tengo que contarte…</p>



<p class="p1">—Espera, espera, que ya contestan.</p>



<p class="p1">—¿Ya suena?</p>



<p class="p1"><em>Buenas tardes. Gracias por llamar a Yellow Communications. En estos momentos todos nuestros operadores están ocupados. Por favor, espere y será atendido en breve.</em></p>



<p class="p1">—Jodeeeeeer…</p>



<p class="p1">—¿Qué pasa?</p>



<p class="p1">—Me han puesto en espera.</p>



<p class="p1">—¿Hay música chula?</p>



<p class="p1">—Pitingo. Espera, lo pongo en altavoz…</p>



<p class="p1">—Quita el altavoz, haz el favor.</p>



<p class="p1">—No me dejarás sufrir solo a mí…</p>



<p class="p1">—No, que te quería comentar una cosa. ¿Sabes que el otro día fui a…?</p>



<p class="p1">—Ay, espera, que ha parado la música.</p>



<p class="p1"><em>Gracias por esperar. Todos nuestros agentes siguen ocupados. En breve le atenderemos. </em></p>



<p class="p1">—Nada, Pitingo otra vez. ¿Qué me decías?</p>



<p class="p1">—Que fui a ver a mi padre el otro día y pasé por la…</p>



<p class="p1">—Espera, espera, ¿a tu padre?</p>



<p class="p1">—Sí.</p>



<p class="p1">—Pero si no te hablas con él desde yo qué sé cuándo.</p>



<p class="p1">—Ya, no sé, pues fui. Pero espera, que no era eso. Pasé por la…</p>



<p class="p1">—¿En serio que fuiste a ver a tu padre?</p>



<p class="p1">—Que sí, pero que no era eso. Pasé por la parada de autobús y me encontré…</p>



<p class="p1">—Espera, que creo que ahora ya sí contestan.</p>



<p class="p1"><i>Gracias por esperar. Todos nuestros agentes siguen ocupados. En breve le atenderemos. </i><i></i></p>



<p class="p1">—Vaya panda de inútiles. ¿Qué decías?</p>



<p class="p1">—Que me encontré a Laura en la parada del bus y me dijo que…</p>



<p class="p1">—Espera, ¿a Laura?</p>



<p class="p1">—Sí.</p>



<p class="p1">—¿Laura la del instituto?</p>



<p class="p1">—Sí, esa Laura. Laura la de todo sobresalientes.</p>



<p class="p1">—Pero espera, ¿no estaba en Suiza trabajando en no sé qué?</p>



<p class="p1">—En el CERN, sí. Pero la cosa es que me dijo que…</p>



<p class="p1">—Ay, espera, ¿hola?</p>



<p class="p1">—Holabuenastardes, gracias por contactar con Yellow Communications, disculpe la espera, mi nombre es Diego, ¿en qué puedo ayudarle?</p>



<p class="p1">—Hola, verás, es que me habéis cobrado mal en la última factura y quería…</p>



<p class="p1">—¿Sunombreparadirigirmeaustedsiestanamable?</p>



<p class="p1">—Es que te tengo que contar que Laura me dijo que había una…</p>



<p class="p1">—Alfredo. Espera que ahora no puedo. ¡No, no te lo digo a ti! Ahora me lo cuentas. No, digo, que me habéis cobrado mal y…</p>



<p class="p1">—Dígamesiestanamableelnúmerodecontrato.</p>



<p class="p1">—Ay, pues no lo tengo a mano. Espere un momento y lo busco.</p>



<p class="p1">—Cómo no, espero.</p>



<p class="p1">—…una plaza libre en su laboratorio en Lausanne pero que tenía que contestar enseguida y le dije que…</p>



<p class="p1">—¿El número de contrato viene en la factura? ¡Espera un momentito!</p>



<p class="p1">—Sí señor, ya me espero.</p>



<p class="p1">—No, no es a ti, espera a ver, aquí está, si, el número es el 5492618.</p>



<p class="p1">—Muchas gracias, voy a hacer unas comprobaciones, por favor manténgase a la espera.</p>



<p class="p1">—…le dije que sí.</p>



<p class="p1">—¿Que sí qué? ¿Hola?</p>



<p class="p1">—Sí, señor, estoy realizando unas comprobaciones, por favor manténgase a la espera.</p>



<p class="p1">—¿Le dijiste que sí a tu padre?</p>



<p class="p1">—No, a Laura. Para ir a Suiza, a su laboratorio.</p>



<p class="p1">—Espera, ¿a Suiza?</p>



<p class="p1">—¿Señor Alfredo? Le paso con nuestro departamento de incidencias, por favor, no cuelgue.</p>



<p class="p1">—Pero… Si, digo no, digo quiero decir, no cuelgo, ¿cómo que a Suiza?</p>



<p class="p1">—Es que Laura no podía esperar y yo…</p>



<p class="p1">—Gracias por esperar, señor Alfredo, mi nombre es Deyanira, ¿en qué puedo ayudarle?</p>



<p class="p1">—…y yo tampoco.</p>



<p class="p1">—¡Pero espera, espera, qué dices!</p>



<p class="p1">—¿Señor Alfredo?</p>



<p class="p1">—¡No es a usted! ¡Espera, no te vayas! ¿Cómo que no podías esperar? ¡Espera!</p>



<p class="p1">—Señor Alfredo, gracias por mantenerse en espera. Le informo de que no detectamos ninguna incidencia en su factura. ¿Señor Alfredo? ¿Oiga? Oiga, ¿sigue ahí? ¿Hola?</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/espera-relato-para-divagacionistas/">Espera (relato para Divagacionistas)</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
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		<title>Papeles (relato para Papenfuss)</title>
		<link>https://www.daurmith.com/relatos/papeles-relato-para-papenfuss/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 23 Apr 2019 09:50:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[ficción]]></category>
		<category><![CDATA[papeles]]></category>
		<category><![CDATA[papenfuss]]></category>
		<category><![CDATA[relatos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Relato para el boletín gratuito «Papenfuss» editado y distribuido en Valencia. Ha sido publicado en su número 10 </p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/relatos/papeles-relato-para-papenfuss/">Papeles (relato para Papenfuss)</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>Relato publicado en el número 10 del boletín de relatos Papenfuss. La versión electrónica se puede encontrar <a href="https://papenfusslarevista.wordpress.com/papenfuss-electronicos">aquí</a>.&nbsp;</em></p>



<p>&nbsp;</p>



<p>PAPELES</p>



<p>No, señora jues. Señor jues. Perdona. Yo digo ella tú paga, ella dise no paga. Yo digo ella tú no llevas bolso si no paga y ella dise no tienes papeles te denunsio.</p>



<p>(…)</p>



<p>Yo sí tiene papeles. Como funsiona es, yo compro bolso almasén, dueña almasén vende bolsos y yo se compro y vendo en tienda. Direcsión almasén es [OCULTO]. Papeles sí, mire papeles, tengo todos papeles. Amigo imprime por mí, yo solo uso teléfono, no sé imprimir por teléfono. Aquí en teléfono tiene declarasión IVA, yo hago todos tres meses y guardo pedeefe. Amiga otro me dise cómo, yo hago todos tres meses. ¿Nombre amiga? Sí, Juan Antonio [OCULTO], gestor empresas pequeñas.</p>



<p>(…)</p>



<p>Yo viene mi tierra hase dos años, sí. Todo mal allí, todo peligro. Yo quiere familia, quiere casa. Llego y pide trabajo, voy a campos a recoge sebolias.</p>



<p>(…)</p>



<p>No, señora jues, perdone, señor jues, yo en casa no recoge sebolias. Estudia, cómo dise, estudia para condusir. Es como barcos pero no como barcos. Distinto. Van lejos por arriba. ¿Aviones? No es aviones. No sé palabra. Pero eso no importa por bolso.</p>



<p>(…)</p>



<p><span class="Apple-converted-space">&nbsp;</span>Bolso es dies euros, bolso no me importa, señora jues. Señor jues, perdona. Señora me denunsia, sí importa. Yo tiene papeles, vive piso con amigas, tiene amigas aquí. Negosio también tiene papeles, yo quiere eso se diga. Yo quiere seguir con negosio, bolso, se lo regalo el bolso a señora, pero ella dise me denunsia, eso yo digo malo.</p>



<p>(…)</p>



<p>Yo tarda aprender tu idioma pero no sabe mi idioma nadie aquí. Yo busca persona traduse pero mi idioma es problema aquí, señora jues. Señor jues, perdona. A veses no palabra, mi idioma es, cómo dise. Ideográfico. No es palabra, no, espere, sé palabra. Conseptual.<span class="Apple-converted-space">&nbsp;</span></p>



<p>(…)</p>



<p>No señora señor jues, costumbres aquí no difísiles, es solo gente difísil, yo conosco las cosas en casa, conosco trabajo en casa. Yo pliega espasio tiempo no problema, yo usa puente cuántico no problema, yo conduse va y viene sistema estelar no problema. Recoger sebolias no problema. Papeles no problema. Gente es problema. Conseptos difísiles. Consepto señor señora es difísil, señora jues. Señor jues, perdona.</p>



<p>(…)</p>



<p>No señora señor jues, no difísiles por mí, difísiles por vosotros. Sitio este, mejor gravedad, no peligro, mejor iquilibrio ecológico, mejor vesindario en galacsia, mejor protecsión a impactos de asteroides, es buen sitio. Yo quiere familia aquí, amigas, trabajo, no importa sebolias, no importa vender bolsos. Pero yo digo señora no lleva bolso si no paga y señora dise me denunsia, eso sí importa.</p>



<p>(…)</p>



<p>Sí señor señora señor jues perdone, estoy nervioso. Nerviosa. Yo prueba otros trabajos, yo prueba universidad, pero conseptos difísiles, no sé explicar en lenguaje vuestro. No importa. Tienda de bolsos está bien. Pero señora no dise bien, no hase bien.</p>



<p>(…)</p>



<p>Sí, claro que yo quiere volver casa señor señora señor jues perdone. Pero no puede. Puente, cómo disen aquí, agujero de gusano destruido en peligro, yo vive aquí ahora. Yo solo quiere vive aquí ahora. Yo solo puede vive aquí ahora. Como vosotros, solo un planeta. Antes, más. Sinco. Ahora, uno. Ahora, como vosotros.<span class="Apple-converted-space">&nbsp;</span></p>



<p>(…)</p>



<p>Grasias, señora jues, señor jues. Señor jues. Sí, claro puede venir ver bolsos un día en tienda. Tiene usted direcsión. Buenos días.</p>
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		<title>Made in China (relato para Papenfuss)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Sep 2018 09:57:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[boletín]]></category>
		<category><![CDATA[fiambrera]]></category>
		<category><![CDATA[ficción]]></category>
		<category><![CDATA[papenfuss]]></category>
		<category><![CDATA[relatos]]></category>
		<category><![CDATA[táper]]></category>
		<category><![CDATA[tupperware]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Son las pequeñas cosas. Relato publicado en el nº 4 del Boletín Papenfuss.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/relatos/made-in-china-relato-para-papenfuss/">Made in China (relato para Papenfuss)</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><em>En una entrada anterior hablaba yo del nuevo y gratuito —pero ya célebre— <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/monsieur-papenfuss/">Boletín Papenfuss</a> de relatos, con <a href="https://papenfusslarevista.wordpress.com/">distribución en papel en Valencia</a> y electrónica en todo el planeta. Los editores, más majos que prudentes, me aceptaron un relato que ha salido publicado en el 4º número, disponible en pdf <a href="https://papenfusslarevista.files.wordpress.com/2018/09/electronico-41.pdf">aquí</a>.&nbsp;</em></p>



<p><em>Aunque lo mejor es leer el boletín entero, os dejo aquí el relato porque este es mi blog y así podéis ponerme a caldo a mí solita sin molestar al resto de autores y autoras de Papenfuss.</em></p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p>—Hola, ¿cuánto es esta?</p>



<p><em>Made in China, polietileno alta densidad. Apta para uso alimentario y microondas.</em></p>



<p>—¿No tiene de litro?</p>



<p><em>No usar en horno. No usar grill. Consulte sugerencias de recetas en el interior del paquete.</em></p>



<p>—Bueno, me la llevo. ¿Tiene cambio de veinte?</p>



<p><em>No calentar en microondas con la tapa puesta. Hermético.<span class="Apple-converted-space">&nbsp;</span></em></p>



<p>—¡Mamáaaaa, toma la fiambreraaaa!</p>



<p>—Tráela a la cocina.</p>



<p><em>No meter en la nevera mientras está caliente.</em></p>



<p>—Acuérdate de traérmela mañana.</p>



<p>—Vale.</p>



<p>—Pero limpia, ¿eh?</p>



<p>—Vale.</p>



<p>—Te pongo lomo en salsa, ¿quieres un plátano?</p>



<p>—No.</p>



<p>—Te pongo un plátano igual, tienes que comer fruta.</p>



<p>—Vale.</p>



<p>—La bolsa no la tires que te vale luego.</p>



<p>—Vale.</p>



<p><em>Apta para congelación. Guardar los alimentos siempre en la nevera.</em></p>



<p>—Te dije que la trajeras limpia.</p>



<p>—Es que lo rojo no se va.</p>



<p>—Lo que pasa es que no lo has fregado bien, trae, mira.</p>



<p>—Deja, mamá, si no me importa.</p>



<p>—Pero que se queda fea, y mira que es nueva.</p>



<p><em>No lavar en lavavajillas.</em></p>



<p>—¿Ves? Ya no hay rojo.</p>



<p>—Está rayada del estropajo.</p>



<p>—Eso da igual. Te pongo macarrones. ¿Quieres un yogur?</p>



<p>—No.</p>



<p>—Te pongo un yogur igual. De coco.</p>



<p>—El de coco no me gusta.</p>



<p>—Bueno, pues de fresa. Déjala a remojo y se irá el rojo ese que no te gusta. Ponle una gotita de lejía.</p>



<p>—Vale.</p>



<p>—¿Tienes lejía en casa?</p>



<p>—Creo que sí.</p>



<p>—Bueno, ahora cuando te vayas compra, que siempre hay que tener lejía en casa.</p>



<p>—Vale.</p>



<p>—Mañana haré paella, acuérdate de traerme la fiambrera.</p>



<p>—Vale.</p>



<p>—Dame un beso.</p>



<p><em>No usar productos de limpieza abrasivos.</em></p>



<p>—Ay, menos mal que has venido, ¿me has traído la fiambrera?</p>



<p>—Sí, pero…</p>



<p>—Te pongo lentejas, y te he dejado unos botes con caldo y con guisado de carne, tienes pimientos rellenos ahí en la bandeja del horno, ponlos en la bolsa, es que no tengo fiambreras aquí. Toma, te he comprado dos barras de cuarto. En cuanto llegues a casa congelas una.</p>



<p>—Mamá, que no hace falta, estoy bien…</p>



<p>—Ya, y luego tienes la casa llena de cochinadas y Yamamotos.</p>



<p>—Yatekomos, solo los tengo por si acaso, no te preocupes. Venga, vámonos al hospital. ¿Llevas la bolsa, lo has cogido todo?</p>



<p>—Creo que lo tengo todo. Ay, mira a ver si he cerrado la persiana del cuarto de plancha, haz el favor. Luego vienes y miras la nevera, todo lo que haya fresco te lo llevas a casa, ¿eh?</p>



<p>—Venga, mamá, vámonos.</p>



<p><em>No contiene Bisfenol-A.</em></p>



<p>—¿Cómo estás, mamá?</p>



<p>—Pues un poco cansada. ¿Has venido directamente desde el trabajo? ¿Has comido?</p>



<p>—Me he traído el táper con pimientos, no te preocupes. Abajo hay microondas. ¿Tú estás bien? ¿Qué ha dicho el médico?</p>



<p>—Nada, quieren ver cómo voy un par de días más, no sé qué de la arteria. Ahí hay muy pocos pimientos, no te quedan más, ¿verdad?</p>



<p>—No, pero no te preocupes, tú descansa. ¿Necesitas algo?</p>



<p>—Tráeme una libreta que te apunto la receta de las lentejas. Y de los pimientos también, que te gustan mucho. ¿Has pasado por casa? Luego pasas y te llevas lo que hay en el congelador.</p>



<p><em>PRECAUCIÓN: no verter líquidos hirviendo.</em></p>



<p>—¿En serio vas a dejar una fiambrera en el nicho de tu madre?</p>



<p>—Déjame.</p>



<p><em>Este producto cumple con las normas de comercialización de la UE.</em></p>



<p>&nbsp;</p>
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		<title>Retro-virus</title>
		<link>https://www.daurmith.com/ficcion/retro-virus-2/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 22 Jul 2018 09:34:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Divagaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[aliens]]></category>
		<category><![CDATA[CF]]></category>
		<category><![CDATA[cuento]]></category>
		<category><![CDATA[golden age]]></category>
		<category><![CDATA[irracionalidad]]></category>
		<category><![CDATA[pseudociencias]]></category>
		<category><![CDATA[vacunas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>No te dejes infectar por el retro-virus</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/retro-virus-2/">Retro-virus</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right p1"><em>(Cuento-homenaje a la Golden Age de la ciencia ficción)</em></p>



<p class="p1">Los motores de pulso cuántico susurraban apenas por encima del umbral de percepción cuando Xeneniixes se dirigió a su reunión. La nodrinave, en estado de baja demanda, surcaba el espacio con la facilidad de un haz de neutrinos.</p>



<p class="p1">— ¿Augusta? —el tentativo olfatoque encontró una oleada de volátiles de bienvenida. Xeneniixes atravesó suavemente la interfase.</p>



<p>La reunión anterior había sido intensa, pensó Xeneniixes. Agitó los pedúnculos para intentar orientarse mejor entre la densa bruma de ecos olfativos y siguió el rastro brillante de su bienvenida hasta donde la Augusta esperaba.</p>



<p>Una auxiliar accionó el mecanismo renovador de aire y pronto la confusión anterior se disipó. Xeneniixes agitó con placer dos de sus apéndices y se preparó mentalmente. No iba a ser una reunión fácil.</p>



<p class="p1">—¿Y bien, Xeneniixes?</p>



<p class="p1">—Creemos que lo hemos conseguido, Augusta.</p>



<p class="p1">La Augusta no reaccionó. Xeneniixes creyó detectar en ella una neblina de anticipación, pero su reacción fue cauta.</p>



<p class="p1">—No es la primera vez que oigo esas palabras, Xeneniixes.</p>



<p class="p1">—Lo sé, Augusta, pero… —una oleada muy densa de irritación le detuvo en seco.</p>



<p class="p1">—Sesenta sexenios de ciclos —dijo—, las mejores neuroconfiguraciones de toda nuestra especie, todo hasta ahora en vano. Hemos intentando impactos de meteoritos, contactos cercanos, hemos estudiado de cerca su especie dominante y algunas de las especies relacionadas. Hemos desfigurado sus cultivos, enviado agentes encubiertos o no, hemos probado a usar algunas de sus formas de vida contra la especie dominante. Nada ha funcionado. Todos estos ciclos buscando un hogar y resulta estar habitado, qué digo, sojuzgado por esa… esa plaga bípeda, reseca y repugnante. ¿Cómo crees, Xeneniixes, haber conseguido lo que toda nuestra especie lleva todo este tiempo intentando? No recuerdo haber autorizado recursos para ninguna nueva incursión.</p>



<p class="p1">—No, Augusta, pero hemos realizado seguimiento de proyectos anteriores y bueno… uno de ellos parece estar dando resultados esperanzadores.</p>



<p class="p1">Un pulso de esperanza brotó de la Augusta, eclipsado inmediatamente por una densa emanación de cautela. Esperó. Xeneniixes hizo un esfuerzo por atemperar sus instintivos volátiles defensivos.</p>



<p class="p1">—Se trata del retro-virus.</p>



<p class="p1">—¿Cuál de ellos? Intentamos algunas modificaciones de sus retrovirus nativos, diseminados a través de vectores de otras especies del planeta. Recuerdo uno que casi funcionó, pero encontraron una manera de atajarlo, malditos sean.</p>



<p class="p1">—No, Augusta, quiero decir el <em>retro-virus</em>. Lo llamamos así por sus efectos, similares a los virus que afectan a los bípedos y porque se transmite de manera parecida, pero en realidad es un organismo priónico.</p>



<p class="p1">La Augusta exhaló una nube dispersa de confusión.</p>



<p class="p1">—Verá, fue un proyecto de hace algunos sexenios ya. Para los bípedos han pasado unas décadas desde que lo liberamos. Al principio pensamos que no estaba haciendo nada y lo abandonamos en favor de una nueva incursión con agentes infiltrados, pero… Creemos estar viendo efectos.</p>



<p class="p1">—¿Epidemias? —preguntó la Augusta, esperanzada.</p>



<p class="p1">—No como tal. El retro-virus no funciona así. Está basado, como todos nuestros ataques, en algunos organismos nativos que provocan cambios neuroconfiguracionales. Cosas en general muy poco sofisticadas como puede imaginar. Instrucciones sencillas como «ve a un sitio alto», «busca la luz».</p>



<p class="p1">—Prosigue.</p>



<p class="p1">—Realizamos una modificación del organismo responsable de los cambios neuroconfiguracionales y lo probamos con algunos bípedos de los que extraemos para estudio periódicamente. Nunca se detuvo el programa, como bien sabe. Se trata de una modificación del comportamiento muy sencilla y aparentemente inocua: el sujeto infectado empieza a pensar que todo era mejor en una época de su pasado. ¿Recuerda que hemos estudiado su civilización? ¿Recuerda que hace relativamente pocos sexenios eran muchos menos y su tecnología no estaba ni mucho menos tan avanzada como la actual?</p>



<p class="p1">—Claro que lo recuerdo —replicó la Augusta con una nube aldehídica de amargura—. Si hubiéramos llegado entonces, si hubiéramos descubierto el planeta solo un poco antes, ya estaríamos iniciando la segunda fase de la colonización.</p>



<p class="p1">—Precisamente. Bien, el retro-virus causa una distorsión tanto en la percepción de los beneficios de la tecnología actual como en el recuerdo de épocas pasadas, haciendo que siempre parezca que el pasado era mejor.</p>



<p class="p1">—Si no recuerdo mal eso era un rasgo característico de la especie. Nostalgia. Un concepto extraño.</p>



<p class="p1">—Efectivamente, Augusta. Por eso lo llamamos «retro» y por eso creíamos que el retro-virus no funcionaba, porque era un concepto ya establecido. Pero parece haber mutado y ha provocado que esta nostalgia se centre en temas muy específicos.</p>



<p class="p1">—Xeneniixes, tu equipo trabaja duro pero no siempre consigue transmitirlo con claridad, o al menos yo no consigo entenderlo con rapidez. Explícate.</p>



<p class="p1">No pudo evitar una vaharada de satisfacción.</p>



<p class="p1">—Augusta, el retro-virus está provocando que la población vire voluntariamente hacia patrones sanitarios y nutricionales pre-tecnológicos.</p>



<p class="p1">Durante un largo, largo instante Xeneniixes no percibió respuesta alguna. Pero la Augusta no estaba en su crucial puesto por azar: pronto le alcanzaron confusas oleadas de neurovolátiles activos.</p>



<p class="p1">—Quieres indicarme… ¿que están rechazando los mismos avances tecnológicos que han posibilitado su desarrollo actual?</p>



<p class="p1">—Así es. El retro-virus se transmite biológicamente, de bípedo a bípedo, por contacto, pero el cambio neuroconfiguracional también facilita tremendamente la dispersión memética, que es mucho más rápida y eficaz. De momento no es pandémico, Augusta, pero estamos viendo islotes demográficos donde los efectos ya son muy positivos.</p>



<p class="p1">—¿En qué sentido?</p>



<p class="p1">—Bueno, su biosfera contiene numerosos organismos deletéreos contra los que han conseguido defenderse, pero el retrovirus está generando desconfianza en sus propios mecanismos de defensa. Lo que ellos llaman «vacunas», por ejemplo, para amenazas víricas. O técnicas de higienización, que ellos llaman «seguridad alimentaria». Recuerde que consumen y metabolizan otra materia orgánica.</p>



<p class="p1">—Lo recuerdo —la Augusta emitió una breve y reconcentrada nube de repulsión.</p>



<p class="p1">—Esta materia contiene muchas veces otros organismos que pueden ser dañinos para los bípedos. Tienen tecnologías físicas y químicas que les permiten protegerse, pero el retro-virus está provocando que exageren los efectos secundarios de las protecciones y minimicen los riesgos de los organismos dañinos.</p>



<p class="p1">A medida que las implicaciones se abrían paso por la neuroconfiguración de la Augusta el ambiente se iba llenando de una densa mezcla de volátiles compuesta por excitación, esperanza y la peculiar traza de recompensa emocional al comprender un problema complejo. A pesar del cono de convección para mantener privado el intercambio, una auxiliar cercana empezó a mover los pedipalpos, intrigada por la compleja mezcla de emanaciones que empezaba a escapar de los límites del sistema de recirculación de la nodrinave.</p>



<p class="p1">—¿Sabes lo que eso significa, Xeneniixes? —era una pregunta claramente retórica y Xeneniixes no contestó, plenamente consciente de que no se esperaba una respuesta. La Augusta calmó sus volátiles con un esfuerzo titánico.</p>



<p class="p1">—Si realmente el retro-virus funciona, si estos son los primeros indicios de sus efectos…</p>



<p class="p1">—Podemos esperar efectos a mayor escala a medida que la dispersión memética se popularice. ¡Augusta, ni siquiera hemos usado objetivos específicos! ¡Los bípedos dirigentes son una víctima más, no un vector, se limitan a responder al retro-virus!</p>



<p class="p1">La Augusta dejó pasar con generosidad la interrupción de Xeneniixes.</p>



<p class="p1">—¿Hay posibilidades de que emerjan bípedos resistentes al retro-virus?</p>



<p class="p1">—Es pronto para decirlo, pero incluso aunque así fuera la dispersión memética está superando con mucho a la infección priónica, Augusta. El efecto nostálgico del retro-virus está mostrándose superior incluso al instinto de cría de los bípedos, como podemos ver con sus «vacunas».</p>



<p class="p1">—En estudios de su civilización ya pudimos ver que habían pasado por épocas similares, Xeneniixes.</p>



<p class="p1">—Nunca por una en la que ellos mismos convirtieran en peligros reales amenazas <em>para las que ya tienen una solución</em>, Augusta<i> </i>—Xeneniixes apenas podía contener su entusiasmo—. Hasta este momento, ante cualquier amenaza, habían luchado por encontrar una solución y la aplicaban al encontrarla. ¡Ahora están <em>rechazando la solución</em>! Sus tratamientos para enfermedades teratogénicas, sus barreras contra organismos infecciosos… Todo está en riesgo sin más que un pequeño empujón a su tendencia natural a la nostalgia irracional.</p>



<p class="p1">La Augusta guardó un momento de olfatocalma y puso los aireadores a tope, limpiando el cono de conversación de los restos de su último intercambio.</p>



<p class="p1">—Creo… creo que esta vez puede funcionar, Xeneniixes. Por fin. ¿Cuánto tiempo crees que podrá pasar hasta que podamos iniciar la fase uno de la colonización?</p>



<p class="p1">—Si las cosas siguen como hasta ahora, Augusta, dos o tres de sus generaciones. Unos seis hexasexenios.</p>



<p class="p1">—Seis hexasexenios… Gracias, Xeneniixes. Te convocaré pronto para una reunión del Consejo, donde discutiremos en detalle la evolución del plan. Serás recompensada.</p>



<p class="p1">Xeneniixes indicó aquiescencia y alegría en una suave nube y se retiró. La Augusta se deslizó sobre el blando y bien lubricado suelo de la nodrinave hasta una de las láminas espectrales y contempló el baile de radiaciones sobre el que navegaban. Casi fuera del alcance de la lámina podía ver el objetivo hacia el que la nodrinave se había estado dirigiendo todos estos sexenios: el pequeño planeta azul de extraña atmósfera llena de condensaciones, el destino con el que todos soñaban a bordo.</p>



<p class="p1">La Augusta se sabía vieja. No sabía si llegaría a ver el destino final de la nodrinave. Pero ahora, por primera vez, podía creer en que habría un final para su largo viaje.</p>



<p class="p1">La nodrinave surcaba el acoiris de radiaciones hacia el planeta que sus habitantes llamaban «Tierra». La Augusta se rodeó de una suave exhalación de placentera anticipación.</p>



<p class="p1">—Bien hecho, criaturas —susurró al pequeño planeta y a los detestables bípedos sarmentosos que lo saturaban—. Bien hecho. Seguid así.</p>



<p><em>Inspirado por #StopPseudociencias</em></p>
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		<title>Breve historia epistolar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 26 Nov 2017 19:13:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Divagaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cartas de amor y reveses. </p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Amado mío:<br>Ojalá estas líneas, que entrego al capitán del&nbsp;<em>Belerofonte</em>, lleguen pronto a tu navío y con ellas todo mi amor. Te añoro muchís<em>[ilegible por inmersión].</em><br>***<br>Mi más querido amor:<br>Me han notificado que el <em>Belerofonte</em> fue capturado por el enemigo. Envío esta carta con el capitán del <em>Leviatán</em>, que se reunirá con tu barco en el puerto de O<em>[ilegible por chamuscamiento].</em><br>***<br>Queridísimo:<br>Tras el hundimiento del <em>Leviatán</em> espero que mi misiva te llegue en el <em>Dardo</em>, que zarpará con información vital desd<em>[ilegible por manchas de sangre].</em><br>***<br>Alma mía:<br>Debo anular nuestro compromiso. Mi trabajo como espía del enemigo interfiere con nuestro amor.</p>



<p><em>(Foto de cabecera por&nbsp;<a href="https://unsplash.com/photos/vYJ7Qd0zAec?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText">Tanner Mardis</a>&nbsp;en&nbsp;<a href="https://unsplash.com/?utm_source=unsplash&amp;utm_medium=referral&amp;utm_content=creditCopyText">Unsplash</a>)</em></p>
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		<title>Y ahora qué</title>
		<link>https://www.daurmith.com/relatos/y-ahora-que/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 Sep 2017 19:08:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[aventuras]]></category>
		<category><![CDATA[experimentos]]></category>
		<category><![CDATA[ficción interactiva]]></category>
		<category><![CDATA[historias]]></category>
		<category><![CDATA[IFComp]]></category>
		<category><![CDATA[miedito]]></category>
		<category><![CDATA[narrativa]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>He estado dándome cuenta de que no tengo ni idea de ficción interactiva. Y está resultando genial aprender. </p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/relatos/y-ahora-que/">Y ahora qué</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>«Qué pasa luego» es la pregunta que todo narrador desea que se hagan sus lectores. Es la pregunta que nunca te cansas de hacer.</p>



<p>Llevo meses sin nuevas entradas porque, paradójicamente, estoy preparando muchísimas cosas para el blog. Pero los blogs ya no son lo que eran, porque el nicho en el que han acabado suele requerir algo más de cariño que antes. Revisando viejas historias de esta vuestra Biblioteca me doy cuenta de que muchas eran tuits: intrascendentes, sin más propósito que soltar un&nbsp;<strong><span style="font-family: 'courier new';">HELLO WORLD</span></strong> de vez en cuando y quizá tener la alegría de recibir algún comentario.</p>



<p>Ahora existe Twitter y este tipo de satisfacción inmediata ha pasado a esa y otras redes sociales, así que el blog se considera, en general, como algo que te obliga un poco más, que busca tener cierto peso específico en su contenido. Como no soy muy de lecciones eso me deja un poco despistada así que suelo dejar las entradas a medio acabar, irme a Twitter, reírme un rato y luego volver a la entrada, pensar Ma<em>dre mía pero qué rollo iba a meter yo</em>, y borrarla.</p>



<p>Y lo cierto es que, como no he empezado a contar ninguna historia, no podéis preguntaros qué pasa luego. Pero eso no quiere decir que no haya historias.</p>



<p>Empecemos por <a href="https://rubereaglenest.itch.io/tuuli">Tuuli</a>.</p>



<p><em>Tuuli</em> es mi primer intento de colaborar para escribir una historia de ficción interactiva, un campo que siempre me ha fascinado. La ficción interactiva, o sea, la versión moderna de <a href="http://zonadepruebas.org/backup/modules/smartsection/item.php?itemid=750">las viejas aventuras de texto,</a> nunca alcanzó el nivel de protagonismo necesario para que todos los periódicos anunciaran su muerte en algún momento (a diferencia de los blogs, a los que llevan matando unos 20 años ya), pero siempre han sido un nicho rarito de gente ansiosa. Ansiosa porque nos gusta esta modalidad en la que, si se hace bien, el lector puede sentir que está creando la historia a la vez que la lee.</p>



<p>Nunca he sabido programar estas cosas y me había limitado a corretear por los alrededores del campo de juego, aplaudiendo los magníficos trabajos de otra gente y asintiendo con gesto sagaz cuando me contaban cosas del mundillo, pero sin entrar en él. Hasta que llegó @RuberEaglenest y la cosa fue un poquito así:</p>



<p>@RuberEaglenest: oye, ¿quieres participar en una jam?</p>



<p>@Daurmith: ¿mermelada? Claro. Me encanta la de ciruela. ¿Es para hacerla o comérsela? Lo segundo se me da mejor. Una vez me dieron un tarro de mermelada de naranj&#8230;</p>



<p>@RuberEaglenest: nooo, una jam de aventuras de texto. Es como una <em>jam session</em> de música pero programando. La idea es hacer un juego en un mes. He visto que te gusta el mundillo y&#8230;</p>



<p>@Daurmith: &nbsp;ehm, esto, es que verás, tengo un bautizo, se me ha inundado el costurero, hay que ir a cazar gamusinos, tengo que pintarme las pestañas, um&#8230; [tres cuartos de hora de excusas]</p>



<p>@RuberEaglenest: la hacemos juntos. Tú escribes la historia y yo la programo.</p>



<p>@Daurmith: ¡valemeapunto!</p>



<p>Y así, un mes después&#8230;</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img decoding="async" width="1426" height="656" src="https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2017/09/Captura-de-pantalla-2017-09-14-a-las-20.59.45.png" alt="Tuuli" class="wp-image-9353" srcset="https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2017/09/Captura-de-pantalla-2017-09-14-a-las-20.59.45.png 1426w, https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2017/09/Captura-de-pantalla-2017-09-14-a-las-20.59.45-300x138.png 300w, https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2017/09/Captura-de-pantalla-2017-09-14-a-las-20.59.45-768x353.png 768w, https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2017/09/Captura-de-pantalla-2017-09-14-a-las-20.59.45-1080x497.png 1080w" sizes="(max-width: 1426px) 100vw, 1426px" /><figcaption class="wp-element-caption">¿Quieres saber qué pasa luego?</figcaption></figure>



<p>Lo cierto es que @Rubereaglenest ha acabado haciendo bastante más que programar porque servidora es bastante inepta. Gracias sobre todo a sus desvelos nació por fin&nbsp;<a href="https://rubereaglenest.itch.io/tuuli">Tuuli</a>, una aventura de texto un poco dramitas pero que nos gusta y que seguimos puliendo poco a poco. Y no es porque sea nuestra criatura, pero la vamos a presentar a la <a href="https://ifcomp.org/">IFComp</a>, The Interactive Fiction Competition: un concurso para este tipo de cosas en el mundillo angloparlante. Lo mismo ni nos tiran tomates ni nada.</p>



<p>Así que me pilláis traduciendo Tuuli al inglés y en plena orgía de momentos del tipo «Pero qué mal escrito está esto, ¿será demasiado tarde para cambiarlo todo?», que es una fase normal y pasajera, me dicen. No sé si creerlo.</p>



<p>En fin, tened paciencia conmigo y mis hobbies raros. Hay una cosa buena en todo esto: al obligarme a escribir para tener que pulir, ampliar y traducir Tuuli, me está resultado cada vez más fácil&#8230; ponerme a escribir. Lo cual notaréis, para vuestro dolor, próximamente en este vuestro blog. Que sigue vivo.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p><em>Próximamente: nuestra heroína se pone a remendar ADN, ¡sin red! ¡No se pierda las emocionantes aventuras de Pepín Portel… esto, que diga, la primera entrada de divulgación en este blog desde nin se sabe cuándo!</em></p>
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		<title>Esencias</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 15 Apr 2017 16:20:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Relatos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El horror, a veces, es que algo en lo que tienes fe exista de verdad. Relato.</p>
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<p class="p1">Es un chiringuito, pero lleva tanto tiempo ahí que ha mutado en una caseta baja de ladrillos a la que le ha crecido en un costado una terraza acristalada. Un cartel proclama en letras rojas sobre fondo blanco que es el Bar Las Vistas. Al lado hay una enseña de una marca de cervezas y junto a la puerta un cartel con fotos de los platos combinados. El cartel lleva ahí tanto tiempo como el chiringuito y las fotos son ya solo formas indistintas en pálidos azules y amarillos que quizá dos décadas atrás fueron la foto de un plato aceitoso de huevos fritos, longanizas y patatas.</p>



<p class="p1">Hace viento.</p>



<p class="p1">El viento siempre sopla en este alto cerca del acantilado, y por eso cerraron la terraza del chiringuito con un murete bajo y cristaleras de aluminio mal montadas por las que se cuela siempre un hilo de aire helado, cargado de salitre.</p>



<p class="p1">—Un agua, por favor.</p>



<p class="p1">—¿No prefieres algo caliente?</p>



<p class="p1">—No.</p>



<p class="p1">Por la ventana se ve una extensión de hierba azulada que termina en una valla de madera remendada con alambres. Al otro lado del chiringuito hay un mirador pavimentado, con prismáticos montados en bases giratorias y hostiles papeleras de diseño. Los turistas van allí. Aquí solo está la valla.</p>



<p class="p1">—Estoy cuidándome.</p>



<p class="p1">La cafetera sisea con enfado mientras calienta leche. Un camarero dispone hilera tras hilera de vasitos con cucharillas y sobres de azúcar, haciendo mucho ruido. Otro trae un cortado, un botellín de agua y un vaso y sale a atender las pocas mesas del exterior.</p>



<p class="p1">—Podías haber pedido un té.</p>



<p class="p1">—Agua está bien.</p>



<p class="p1">El vaso está rayado, el cristal lechoso y con taras. A su través el agua parece turbia. Cansada.</p>



<p class="p1">—Hay sitios en los que ni te traen vaso.</p>



<p class="p1">—Ya.</p>



<p class="p1">Los tubitos de homeopatía contrastan agradablemente con el plástico marrón&nbsp;de la mesa: rosa, azul, amarillo, violeta.</p>



<p class="p1">—Estás tomando agua con agua.</p>



<p class="p1">—Déjame.</p>



<p class="p1">—Bueno, más bien azúcar.</p>



<p class="p1">Uno, dos, cinco granulitos. Son tan pequeños como para que sea difícil sacar el número correcto. Una vez sacados todos es imposible decir qué granulo provenía de qué tubo.</p>



<p class="p1">Dilución.</p>



<p class="p1">Uno de los principios de la homeopatía es que cuanto mayor la dilución más potente es el efecto. Y se usan diluciones muy grandes, de esas que te tienen que explicar con símiles porque si usan ceros no se entiende lo grande que es el número, lo minúscula que es la cantidad de producto que queda. Como un grano de arena en una piscina olímpica, cosas así. Como nada disuelto en todo: muchas veces la disolución es tal que no queda nada en ella. Solo agua. Solo mar.</p>



<p class="p1">—Yo vengo mucho por aquí.</p>



<p class="p1">—¿Sí?</p>



<p class="p1">La explanada del mirador está llena de turistas que vienen en fin de semana y sobre todo en verano. Hay un parking al otro lado del chiringuito que se llena de coches y autobuses, de los que bajan grupos de turistas en busca de una cerveza con olivas, una ración de pulpo, un selfie contra el aire limpio y el mar arrugado al fondo.</p>



<p class="p1">Ahora no hay casi nadie. Desde los ventanales de aluminio no se ve el mirador; solo la explanada de hierba, un poco en pendiente, y al final la valla de madera, negra de humedad y tiempo. Abajo el mar se redibuja constantemente contra las rocas del acantilado.</p>



<p class="p1">—¿Sabes cómo llaman a este sitio?</p>



<p class="p1">—¿Cómo?</p>



<p class="p1">—El bar de los suicidas.</p>



<p class="p1">—Qué macabro, ¿no?</p>



<p class="p1">Sucusión.</p>



<p class="p1">Es otro principio de la homeopatía. Cuando haces cada etapa de la dilución tienes que agitar la mezcla; así la sustancia transfiere sus propiedades al agua de la dilución. El agua se usa luego para mojar los granulitos de azúcar que están ahora sobre la mesa. Aunque el agua se evapore, la homeopatía dice que las propiedades de la sustancia disuelta en ella permanecen. Que el agua recuerda lo que ha estado disuelto en ella.</p>



<p class="p1">—¿Y te hace algo?</p>



<p class="p1">—Bueno… Daño no me hace.</p>



<p class="p1">Llaman al chiringuito el bar de los suicidas porque la valla que se ve desde los ventanales es donde va la gente a tirarse. Es fácil de saltar y luego solo hay un paso y luego ya no hay nada más. Nadie se tira desde el mirador pavimentado donde van los turistas, donde puedes mirar por los prismáticos el horizonte brumoso, el lugar donde la Tierra se precipita hacia abajo.</p>



<p class="p1">Hay peticiones para que se erija una valla más alta, mejores protecciones, pero todo el mundo sabe que no servirían. Muchos suicidas se han tomado un café en el chiringuito, mirando por los ventanales y luego, horas o días después, han ido a la valla y han pasado una pierna por encima y luego la otra y luego todo lo demás.</p>



<p class="p1">—Pero te tomas muchas de esas. ¿No es mucho dinero?</p>



<p class="p1">—Tampoco es tanto.</p>



<p class="p1">Es poco. Un grano de arroz en una piscina olímpica. Una cucharadita de azúcar en el sistema solar. Un cuerpo en el océano.</p>



<p class="p1"><i>Similia similibus curentur</i>. Semejante cura semejante.</p>



<p class="p1">Otro principio de la homeopatía dice que una sustancia que provoca ciertos síntomas en una persona sana curará esos síntomas en una persona enferma. Lo que hacen es darle una sustancia a un grupo de personas sanas y pedirles que vayan anotando cómo se sienten. Luego usan esos diarios prolijos, extraños, llenos de detalles inanes, como compendio de síntomas.</p>



<p class="p1">Había suicidios antes de que hubiera chiringuito. Cientos de personas, quizá miles, han saltado desde el acantilado. Puede que alguna de ellas anotara, con todo lujo de detalles, cómo se sentía antes.</p>



<p class="p1">Y luego saltara. Y se hundiera entre los músculos azules de las olas, rota, inerte, diluida hasta más allá del infinito en la gran masa de agua que se retuerce y gira sobre sí misma, que va y viene en constante sucusión.</p>



<p class="p1">Semejante cura semejante: quizá el primer suicida convirtiera al primer océano en una pócima curativa potentísima. Quizá la primera muerte fuera una dilución tan grande, tan poderosa y tan pura que bastaría con ella para curar todas las ideas suicidas del mundo. Puede que incluso la muerte misma.</p>



<p class="p1">Pero nadie bebió de ella. Un solo sorbo amargo hubiera bastado, pero nadie bebió, y el siguiente suicida aumentó la concentración lo justo para cruzar alguna frontera entre lo imposible y lo ridículo y el mar no fue más que mar y el cuerpo no fue más que un cuerpo.</p>



<p class="p1">—¿A dónde vas?</p>



<p class="p1">—Voy fuera un momento.</p>



<p class="p1">—¿No te vas a terminar el agua?</p>



<p class="p1">Disueltos homeopáticamente en el agua de mar los suicidas desaparecen pero imprimen sus recuerdos a la disolución y convierten cada ahogado en todos los ahogados, cada muerto en todos los muertos. Una mente colmena líquida y llena de finales, un caos de terror y de miedo y de tristeza.</p>



<p class="p1">—¿A dónde vas?</p>



<p class="p1">Hay quien dice que la homeopatía no funciona.</p>



<p class="p1">Eso espero.</p>
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