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	<title>Divagaciones &#8226; Daurmith</title>
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	<description>El blog de Daurmith sobre ciencia y ficción</description>
	<lastBuildDate>Sun, 01 Mar 2026 17:48:56 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Divagaciones &#8226; Daurmith</title>
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		<title>Cuestión de fe</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 01 Mar 2026 11:37:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Divagaciones]]></category>
		<category><![CDATA[cambio climático]]></category>
		<category><![CDATA[creencias]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Uno no "cree" en el cambio climático. Es algo que existe independientemente de las creencias. Usar bien el lenguaje importa.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ciencia/cuestion-de-fe/">Cuestión de fe</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Creer en el cambio climático es una idiotez.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno no «cree» en el cambio climático. Sé que es un atajo del lenguaje, pero es un atajo peligroso. El <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Cambio_clim%C3%A1tico">cambio climático</a> es un <a href="https://showyourstripes.info/l/europe/spain/all">hecho observable</a>, como lo es la llegada de la primavera, la rotación terrestre, los <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Im%C3%A1n">imanes</a>, <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Selecci%C3%B3n_natural">la evolución de las especies por reproducción diferencial de los fenotipos</a>, la existencia del <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Imperio_romano">Imperio Romano</a> o la <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Corriente_del_Golfo">corriente del Golfo</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las realidades observables son tozudas: siguen ahí independientemente de tu postura personal al respecto. Otra cosa es que quieras ignorarlas o buscar tantas patas al gato como quieras. Pero el mundo existe, estés tú de acuerdo o no. </p>



<p class="wp-block-paragraph">La validez de la última frase ha ido sufriendo una erosión constante en las últimas décadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">(La erosión es otra realidad observable y observada que convierte montañas en montañas más pequeñitas, y luego en arena).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Unamos a esto una frase hecha muy perniciosa y que odio cordialmente, la de «todas las opiniones son respetables».</p>



<p class="wp-block-paragraph">(No lo son; todas las <em>personas</em> son respetables. Hay opiniones absolutamente deleznables y merecedoras de escarnio y rechazo).</p>



<p class="wp-block-paragraph">El resultado es que de repente la realidad observable pasa a ser un tema opinable que puedes aceptar o rechazar en función de tus propios sesgos y prejuicios. Algo equiparable a la ideología, que sí que es susceptible de aceptarse o no en función de los propios sesgos y prejuicios. Pero la erosión, por poner un ejemplo, no. Por eso me incomoda muchísimo ver expresiones como «yo sí creo en la erosión» o «yo sí creo en el cambio climático».</p>



<div class="wp-block-media-text is-stacked-on-mobile is-style-rounded" style="grid-template-columns:21% auto"><figure class="wp-block-media-text__media"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1280" height="880" src="https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2026/03/joojoo41-ostrich-5956970_1280.jpg" alt="Foto de Pixabay de un emú metiendo la cabeza en lo que parece un campo de golf algo agostado" class="wp-image-10808 size-full" srcset="https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2026/03/joojoo41-ostrich-5956970_1280.jpg 1280w, https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2026/03/joojoo41-ostrich-5956970_1280-980x674.jpg 980w, https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2026/03/joojoo41-ostrich-5956970_1280-480x330.jpg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) 1280px, 100vw" /></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p class="wp-block-paragraph">Al cambio climático le da igual, prenda, galán, alhaja, membrillo. Está ahí y no se va a ir, nos guste o no. No hace falta creer en él; y usar este tipo de expresiones puede hacer pensar que tenemos —si «creemos» lo bastante fuerte— la opción de vivir en un mundo sin cambio climático y sin <a href="https://www.ipcc.ch/site/assets/uploads/2018/03/WGIIAR5_SPM_Top_Level_Findings-1.pdf">todo lo que conlleva</a>.</p>
</div></div>



<p class="wp-block-paragraph">Pero no la tenemos. Así que pongamos el verbo donde toca: en la capacidad que tenemos de afrontarlo, mitigarlo y adaptarnos. Porque en eso sí podemos creer.</p>



<pre class="wp-block-verse has-small-font-size"><em>Imagen: un no «creyente» en el cambio climático, foto del natural (imagen por <a href="https://pixabay.com/users/joojoo41-1135596/?utm_source=link-attribution&amp;utm_medium=referral&amp;utm_campaign=image&amp;utm_content=5956970">Vicki Nunn</a> de <a href="https://pixabay.com//?utm_source=link-attribution&amp;utm_medium=referral&amp;utm_campaign=image&amp;utm_content=5956970">Pixabay</a>)</em></pre>
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		<title>El misterio de los documentos cabalísticos – Parte 3: Carta abierta</title>
		<link>https://www.daurmith.com/ficcion/el-misterio-de-los-documentos-cabalisticos-parte-3-carta-abierta/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Feb 2026 17:09:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Divagaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Aloy]]></category>
		<category><![CDATA[Archivo Nacional]]></category>
		<category><![CDATA[carta abierta]]></category>
		<category><![CDATA[cronistas]]></category>
		<category><![CDATA[documentos arábigos]]></category>
		<category><![CDATA[Las Provincias]]></category>
		<category><![CDATA[misterio]]></category>
		<category><![CDATA[Navajas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La investigación de los documentos arábigos de Navajas ha llegado a un punto muerto; mientras tanto, gozad de un pique entre cronistas.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/el-misterio-de-los-documentos-cabalisticos-parte-3-carta-abierta/">El misterio de los documentos cabalísticos – Parte 3: Carta abierta</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Me disculpo por la tardanza en publicar esta tercera y, de momento, última parte del misterio. Esperaba poder conseguir algunas novedades jugosas pero de momento no está siendo así.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Viene de <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/documentos-cabalisticos-2/">la entrada anterior</a>, que a su vez viene de <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/el-misterio-de-los-documentos-cabalisticos-parte-1-el-hallazgo/">una entrada aún más anterior</a>. El misterio continúa. Lo de resolverse pues ya… tal. Os adelanto que no, no hemos encontrado los documentos… ¿aún?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bien. Esto es lo que sabemos.</p>



<h4 class="wp-block-heading">Los documentos estaban en poder de su propietario en agosto de 1906</h4>



<p class="wp-block-paragraph">El señor D. Carlos Llinás, cronista de Castellón, acaba de acusar al señor D. José Martínez Aloy, cronista de Valencia, de quedarse con los documentos cabalísticos descubiertos en una casa de Navajas en 1906. Es martes, 14 de agosto de 1906. De hecho parece que Llinás pidió al gobernador civil que requiriera formalmente los documentos al propietario de la casa donde se hallaron. El diario «Las Provincias» se hace eco de tal denuncia, comunicada por el corresponsal en Castellón del diario «El Mercantil Valenciano» (aún hoy fiero rival de Las Provincias). Pero claro, Las Provincias tiene como redactor a Aloy, de modo que la noticia está comentada con cierto retintín: «Puede evitarse este trabajo el gobernador civil de Castellón», dice el breve párrafo dedicado al respecto. También resalta con sorna que El Mercantil refirió incorrectamente que los documentos se hallaron en Soneja, cuando fue en Navajas, y que actualmente «obran en poder de su propietario, quien, mal que le pese al Sr. Llinás, puede disponer libremente de esos documentos».</p>



<h4 class="wp-block-heading">Aloy responde a Llinás. Más o menos</h4>



<p class="wp-block-paragraph">El 22 de agosto de 1906 Las Provincias publica una carta abierta de Aloy a Llinás. En ella, con todo el almíbar de las comunicaciones de la época, Aloy viene a reñir suavemente a Llinás. Os parafraseo el texto, que podéis encontrar <a href="https://prensahistorica.mcu.es/es/consulta/registro.do?id=11000341513">aquí</a>. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Dice Aloy que mire usté, bonico de cara, ir por la vida en plan intenso pidiendo al gobernador civil que requise cosas que la gente encuentra en su casa, por mucho interés histórico que tengan (y eso está por ver, añado yo), es contraproducente. Primero porque no tiene usted base legal para hacerlo («la cuestión de derecho, que ni el nombre de cuestión merece por lo clara»), y segundo, porque si la gente ve que cuando encuentran algo chulo viene la autoridaz y se lo quita, se callarán como p… como gente muy silenciosa y los hallazgos «saldrán para el extranjero, [&#8230;] trasladados por lucradores anticuarios que se extienden por todos los términos rurales como plaga silenciosa y temible».</p>



<p class="wp-block-paragraph">No me diréis que Aloy no sabe darle interés a sus cartas abiertas, ¿eh?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Suaves reconvenciones aparte, Aloy dice dos cosas concretas de interés en su carta: una, que el dueño de los documentos, «asesorado por persona docta», ha contestado al gobernador, aunque no sabemos qué ha contestado. Otra, que los documentos en sí no tienen mucho valor: «De libros coránicos como los de Navajas se hallan repletos los estantes de la Inquisición de Valencia en el Archivo Nacional; su traducción ofrece poco interés por carecer de datos históricos, ni siquiera locales».</p>



<p class="wp-block-paragraph">En suma, Aloy vio los documentos, aprovechó para meterle un papirotazo a su colega, aireó su dolor por la falta de respeto al patrimonio histórico local, y desapareció por el foro. No hay más menciones a los documentos que yo haya encontrado. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Y hasta aquí la información que hemos podido conseguir de los archivos de la prensa local. ¿Cómo seguimos?</p>



<h4 class="wp-block-heading">Las pistas</h4>



<ul class="wp-block-list">
<li>¿Existe registro de la petición de Llinás al gobernador civil de Castellón en agosto de 1906 (posiblemente <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Modesto_S%C3%A1nchez_Ortiz">Modesto Sánchez Ortiz</a>) para que requisara los documentos al dueño de la casa donde se encontraron?</li>



<li>¿Existe registro de la respuesta del propietario, una vez asesorado por la «persona docta» que menciona Aloy?</li>



<li>¿Pasaron los documentos a formar parte de los registros de la Inquisición de Valencia en el Archivo Nacional, y ahí siguen juntando polvo?</li>



<li>Merece la pena rebuscar en el archivo documental de Aloy, a ver si se conservan sus notas sobre los dichosos documentos?</li>



<li>¿Siguen los documentos en poder de la familia del descubridor? Aquí estamos haciendo averiguaciones en el pueblo, aunque todavía no hemos podido preguntar a la persona que más probabilidades tiene de saber algo.</li>
</ul>



<h4 class="wp-block-heading">¿El fin?</h4>



<p class="wp-block-paragraph">No es que hayamos abandonado la investigación, pero para seguir hay que adentrarse en el proceloso mundo de los archivos y los registros, donde me muevo con poca soltura. Dejamos la saga aquí para no paralizar el blog, y si hay novedades las publicaré cuando salgan.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras tanto, si alguien quiere ayudar, desde el equipo investigador (mi padre y yo) os lo agradeceremos con un panquemao.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/el-misterio-de-los-documentos-cabalisticos-parte-3-carta-abierta/">El misterio de los documentos cabalísticos – Parte 3: Carta abierta</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
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		<title>El misterio de los documentos cabalísticos &#8211; Parte 2: Investigando en el Orient Express</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 24 Dec 2025 19:49:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Divagaciones]]></category>
		<category><![CDATA[1906]]></category>
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		<category><![CDATA[documentos arábigos]]></category>
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		<category><![CDATA[misterio]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Siguiendo la pista de los documentos arábigos hallados en mi pueblo encontramos cosas, pero un nuevo personaje añade emoción a la trama</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/documentos-cabalisticos-2/">El misterio de los documentos cabalísticos &#8211; Parte 2: Investigando en el Orient Express</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Viene de la <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/el-misterio-de-los-documentos-cabalisticos-parte-1-el-hallazgo/">entrada anterior</a>.</p>



<h5 class="wp-block-heading">Madrid, 19 de diciembre de 2025.</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Faltan casi tres horas para que salga el tren que nos llevará de vuelta a Valencia tras visitar un par de exposiciones. Chamartín es su habitual caos incompleto y no tengo ganas de pasar ese tiempo en un banco metálico mirando paneles de pladur con mensajes tipo «Estamos trabajando para mejorar las instalaciones», así que nos vamos al hotel Chamartín The One y nos metemos en la Cafetería Orient Express, por aquello de mantener la temática. Como veis en la foto, la cafetería es el entorno ideal para resolver un asesinato… o indagar sobre hallazgos documentales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras nos tomamos una reconfortante crema de verduras yo saco el móvil y me frustro un poco; Las Provincias, mi fuente de información sobre el hallazgo de los documentos hasta el momento, no tiene nada anterior a 2006 en su web. Pero buscando, buscando, descubro la <a href="https://prensahistorica.mcu.es/es/inicio/inicio.do">Biblioteca Virtual de Prensa Histórica</a> y con paciencia consigo abrirme paso por su bastante traqueteante sistema de búsqueda.</p>



<h5 class="wp-block-heading">El año 1906 </h5>



<p class="wp-block-paragraph">El teléfono no es el mejor soporte para extraer información pero a base de guardar los pdfs escaneados y consultarlos uno a uno haciendo zoom en la pantalla como una pitonisa inepta rastreo el año 1906 y busco «Navajas».  Y descubro que, como año, fue bastante movidito para el pueblo.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>El 5 de marzo el gobernador civil suspendió al alcalde y al secretario del ayuntamiento del pueblo por causas ignotas.</li>



<li>El 22 de marzo alguien tiró un cartucho de dinamita a la casa parroquial. No hubo heridos, pero el petardazo mandó la puerta de entrada al corral trasero. El culpable fue detenido poco después.</li>



<li>El 10 de julio una «bellísima señorita» de una distinguida familia se pegó un considerable tortazo al bajar del tren y se rompió las dos rótulas, la pobre. Un «reputado operador» (médico) procedió a unirlas con hilo de plata, dando a todo el asunto un aire levemente élfico. El desconsuelo del redactor por este percance contrasta con la escueta crónica del asesinato de un vecino del pueblo en una alquería del camino de Moncada ese mismo día.</li>



<li>El 27 de julio hubo una granizada bastante seria.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">Y el 6 de agosto me encuentro este titular:</p>



<figure class="wp-block-image aligncenter size-full"><img decoding="async" width="1358" height="198" src="https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2025/12/Captura-de-pantalla-2025-12-21-a-las-22.43.50.png" alt="Titular de diario que dice &quot;Hallazgo de documentos arábigos en Navajas&quot;" class="wp-image-10774" srcset="https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2025/12/Captura-de-pantalla-2025-12-21-a-las-22.43.50.png 1358w, https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2025/12/Captura-de-pantalla-2025-12-21-a-las-22.43.50-1280x187.png 1280w, https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2025/12/Captura-de-pantalla-2025-12-21-a-las-22.43.50-980x143.png 980w, https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2025/12/Captura-de-pantalla-2025-12-21-a-las-22.43.50-480x70.png 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) and (max-width: 1280px) 1280px, (min-width: 1281px) 1358px, 100vw" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Se trata de un artículo deliciosamente decimonónico firmado por nuestro conocido D. José Martínez Aloy, cronista de Valencia, a quien seguramente también pagaban por palabras como a Dumas porque le cuesta mucho entrar al turrón y se pasa un rato hablando sobre antiguos procesos inquisitoriales. Pero he aquí la chicha:</p>



<p class="wp-block-paragraph">El verano de 1906 un vecino de Navajas al que llamaremos Antonio Refórmez<sup data-fn="5292e3da-e1d0-4dbb-b083-14c709361237" class="fn"><a href="#5292e3da-e1d0-4dbb-b083-14c709361237" id="5292e3da-e1d0-4dbb-b083-14c709361237-link">1</a></sup> encontró los antedichos documentos en su casa de la calle Menhires Reunidos número pi<sup data-fn="c06a3ce9-2ea7-481e-8824-417ace7b05ee" class="fn"><a href="#c06a3ce9-2ea7-481e-8824-417ace7b05ee" id="c06a3ce9-2ea7-481e-8824-417ace7b05ee-link">2</a></sup> los famosos libros arábigos que estábamos rastreando. Se lo debió comunicar a D. Santiago García Bertrán de Lis, Barón de Sonseca y veraneante del pueblo. D. Santiago García etcétera fue quien contactó con D. José Martínez Aloy, que examinó los documentos, «obteniendo algunas reproducciones fotográficas». Hmmm…</p>



<h5 class="wp-block-heading">Los documentos</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Aloy describe un <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/In-folio">volumen en 4º</a> (unos 26 centímetros de largo) en bastante buen estado, aunque «un famélico roedor hizo algún daño al libro». Está encuadernado en piel de becerro de color rojizo. Son más de 100 hojas escritas en caracteres arábigos con tinta negra adornada con «carmínea puntuación», lo que me hace pensar que debe ser un libro la mar de bonito, porque también se habla de «viñetas circulares de carácter geométrico» y de «dibujos que denuncian al pendolista<sup data-fn="5637cf5a-5f67-4ef3-86f7-5d5142d2e63b" class="fn"><a href="#5637cf5a-5f67-4ef3-86f7-5d5142d2e63b" id="5637cf5a-5f67-4ef3-86f7-5d5142d2e63b-link">3</a></sup> mudéjar del siglo XVI». También había otro volumen, este <a href="https://escuela-taller.com/los-libros/">en 4º menor</a>, mucho más dañado y despectivamente descrito como «un modesto libro de oraciones mahometanas, para uso de personas poco instruidas». Y por último, unos pocos papeles sueltos, entre los que había uno con números arábigos combinados con líneas geométricas que forman una estrella. Según Aloy este documento contiene «los consabidos signos cabalísticos para responder satisfactoriamente a toda clase de preguntas, por indiscretas que sean». </p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero tras esa descripción, escueta y florida a la vez, Aloy dice «publicado queda el hallazgo» y hace mutis por el foro, «esperando escuchar la autorizada opinión de los arabistas».</p>



<h5 class="wp-block-heading">La denuncia de Llinás</h5>



<p class="wp-block-paragraph">Seguí buscando, claro, esperando que Las Provincias hubiera publicado tan autorizada opinión, pero si lo hizo, no fue en 1906. Lo que sí pasó fue que el 14 de agosto de ese año aparece una nota indicando que el cronista de Castellón, Sr. Llinás, denunció ante el gobernador civil que Martínez Aloy «se ha incautado indebidamente de unos manuscritos arábigos» y que el gobernador «ha prometido reclamar de oficio dichos documentos».</p>



<p class="wp-block-paragraph">O sea, que tenemos ¡pique entre cronistas! ¡Denuncias! ¡Al gobernador civil en el ajo! ¿Qué está pasando? ¿Será Martínez Aloy un vil ladrón de valioso patrimonio cultural? ¿Hay rivalidad entre Llinás y Aloy? ¿Está celoso Llinás porque Aloy tiene los documentos, o es un heroico guardián del patrimonio castellonense? ¿Qué habrá pasado con los documentos? ¿Estarán por algún lado las fotografías que hizo Aloy? ¡Tantas preguntas y tan poca batería en el móvil!</p>



<pre class="wp-block-verse">En el próximo episodio: Aloy responde a Llinás - Quién es Antonio Refórmez - Hilos sueltos</pre>


<ol class="wp-block-footnotes"><li id="5292e3da-e1d0-4dbb-b083-14c709361237"><em>No se llama así</em>. <a href="#5292e3da-e1d0-4dbb-b083-14c709361237-link" aria-label="Saltar a la referencia de la nota 1">↩︎</a></li><li id="c06a3ce9-2ea7-481e-8824-417ace7b05ee"><em>Tampoco se llama así.</em> <a href="#c06a3ce9-2ea7-481e-8824-417ace7b05ee-link" aria-label="Saltar a la referencia de la nota 2">↩︎</a></li><li id="5637cf5a-5f67-4ef3-86f7-5d5142d2e63b"><em>Calígrafo, persona que escribe con muy buena letra. Sí, yo también pensaba que se lo habían inventado, <a href="https://dle.rae.es/pendolista">pero no</a>.</em> <a href="#5637cf5a-5f67-4ef3-86f7-5d5142d2e63b-link" aria-label="Saltar a la referencia de la nota 3">↩︎</a></li></ol><p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/documentos-cabalisticos-2/">El misterio de los documentos cabalísticos &#8211; Parte 2: Investigando en el Orient Express</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
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		<title>El misterio de los documentos cabalísticos &#8211; Parte 1: El hallazgo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 21 Dec 2025 13:12:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Divagaciones]]></category>
		<category><![CDATA[1906]]></category>
		<category><![CDATA[cabalístico]]></category>
		<category><![CDATA[descubrimiento]]></category>
		<category><![CDATA[documentos arábigos]]></category>
		<category><![CDATA[investigación]]></category>
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		<category><![CDATA[Las Provincias]]></category>
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		<category><![CDATA[misterio]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>¿Es posible rastrear unos misteriosos "documentos arábigos" hallados en una casa de mi pueblo en 1906? ¡Pues aún no lo sé!</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<pre class="wp-block-verse"><em>NB: todo lo que procedo a contar es real al 100%, no medio novelado como suelo hacer con cosas que me pasan.</em></pre>



<p class="wp-block-paragraph">Hace algunos días un amigo del pueblo envió a mi padre un mensaje con el asunto «Curiosidades para un jubilado», sin texto, y con el siguiente adjunto:</p>



<div class="wp-block-media-text is-stacked-on-mobile" style="grid-template-columns:38% auto"><figure class="wp-block-media-text__media"><img loading="lazy" decoding="async" width="899" height="937" src="https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2025/12/DC4E4413-84CF-4D10-A169-865B2F110680_1_201_a.jpeg" alt="" class="wp-image-10759 size-full" srcset="https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2025/12/DC4E4413-84CF-4D10-A169-865B2F110680_1_201_a.jpeg 899w, https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2025/12/DC4E4413-84CF-4D10-A169-865B2F110680_1_201_a-480x500.jpeg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 899px, 100vw" /></figure><div class="wp-block-media-text__content">
<p class="wp-block-paragraph">El recorte dice así:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">Practicando obras en una casa del pueblo de Navajas, y al derribar el arco principal de la planta baja, se encontraron escondidos algunos libros que examinados por el cronista de Valencia don José Martínez Aloy, resultaron ser libros arábigos, de incalculable valor, figurando entre ellos unos para descifrar el porvenir, valiéndose de signos cabalísticos»</p>
</blockquote>
</div></div>



<p class="wp-block-paragraph">No me digáis que, como intro, no es golosa. ¡Y en mi pueblo!</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi padre compartió la captura conmigo, nos miramos, dijimos «qué curioso» y seguimos a nuestras cosas porque es verdad que el recorte da muy poca información. Pero la semilla estaba plantada: ¿»libros arábigos de incalculable valor»? Bueno, lo del valor podía ser farfolla periodística de la época, pero oye: libros arábigos. Navajas era un pueblo morisco hasta que los expulsaron como a todos los demás, y tiene todo el sentido del mundo que en aquella época de hostilidad y miedo los moriscos residentes escondieran textos que podían comprometerles, y que de hecho los comprometían a menudo, como se ve en varios registros de juicios del Santo Oficio a moriscos y moriscas por tenencia de tales documentos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi padre se interesó por la procedencia de este recorte. El remitente le dijo que había sido publicado en «Las Provincias», un periódico valenciano, en el año 1931, bajo el epígrafe «Hace 25 años». Comentamos, mi padre y yo, que con esto teníamos ya dos datos concretos: el año del descubrimiento de los documentos, 1906, y el nombre del cronista que examinó los datos, José Martínez Aloy. Datos suficientes para intentar una investigación amateur a golpe de Google, a ver si salía algo más: ¿sería posible averiguar en qué casa se hallaron los libros, qué se hizo de ellos, y encontrar el resultado del examen de D. José Martínez Aloy, cronista de Valencia?</p>



<p class="wp-block-paragraph">En estos casos y sin ser ninguno de los dos especialistas, el hilo más obvio del que tirar era el de D. José Martínez Aloy, cronista de Valencia. Un cronista implica una crónica, ¿no? Algo habrá dejado dicho el señor, alguna crónica o algo. Habrá algún repositorio documental. Google, ven a mí mientras mueres ahogado por tu propia codicia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Clíquiticlíquiticlic</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Resulta que sobre Martínez Aloy hay algo de información en <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Mart%C3%ADnez_Aloy">Wikipedia</a> y algunas webs dedicadas a Valencia. Os resumo: este señor fue cronista y (fugaz) alcalde de Valencia, además de esperantista, arqueólogo aficionado, fotógrafo esporádico y periodista profesional. Hacía gala de lustroso bigote y al parecer fue el <a href="https://www.uv.es/uvweb/unitat-cultura-cientifica-innovacio-catedra-divulgacio-ciencia/ca/noticies/estudi-assenyala-martinez-aloy-autor-intel-lectual-segona-torre-palau-generalitat-1285899375231/Novetat.html?id=1286235293488">«autor intelectual»</a> de la idea de añadir una segunda torre al actual Palau de la Generalitat aunque la idea distaba de ser nueva. Todo cosas sin duda interesantes, pero poco relacionadas con lo que nos ocupa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esperaunmomento: ¿periodista profesional? ¿Dónde? Ah, en el diario «Las Provincias». Que tendrá, imagino, una hemeroteca. Puede que hablara de ese hallazgo cuando se produjo, en 1906. Será cuestión de buscar más… y de contarlo en otra entrada.</p>



<pre class="wp-block-preformatted"><em>En el próximo episodio: Cronistas enfadados - Tiempos convulsos - Confusión geográfica - Veraneantes ilustres</em></pre>
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		<title>Bioadversidad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 17 Dec 2025 11:44:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciencia]]></category>
		<category><![CDATA[Divagaciones]]></category>
		<category><![CDATA[biodiversidad]]></category>
		<category><![CDATA[colecciones]]></category>
		<category><![CDATA[dioramas]]></category>
		<category><![CDATA[extinción]]></category>
		<category><![CDATA[interesante]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Mi primera (no será la última) visita al MUBIO, el Museo de la Biodiversidad de Ibi, explicando por qué quiero ir más veces.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/bioadversidad/">Bioadversidad</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Este verano estuve visitando el <a href="https://museodelabiodiversidad.com/">MuBio</a>: el Museo de la Biodiversidad de Ibi. </p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿Ah, tenemos un museo de biodiversidad?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pues sí. Y fue sorprendente en más de un aspecto. Poneos cómodos: va chapa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estás en la tele viendo Control de Fronteras o algún programa de esos de formato copiado a los programas yanquis, o sea, algo destinado a dar epicidad a veces poco justificada a trabajos más o menos normales. Ves en cierto momento cómo unos entrenados y profesionales miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado encuentran unas cajas con, digamos, mariposas de contrabando para coleccionistas. O bolsos de piel de cocodrilo. O alfombras de piel de tigre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">CAMBIO DE PLANO. EXT. DÍA</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eres una casa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eres grande, vieja, de suelos de baldosa que el tiempo y el desgaste han ido abollando airosamente. Seguramente tengas mal aislamiento, viguetas dañadas y goteras. También tienes espacio. Pero no tienes uso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algo, que contaré en otra entrada, ocurre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ha pasado tiempo y sigues siendo esa casa. Tus suelos ondulan y se inclinan levemente, su horizontalidad perdida con los años. Tienes muchos recovecos y una sala muy grande, revestida toda ella de paneles oscuros. Hay vitrinas bajas contra las paredes, carteles, posters y algunos módulos audiovisuales. Al fondo, grandes vitrinas del suelo al techo exponen objetos generados por la codicia y la idiotez y usados ahora para la educación. Eres una casa y tienes una sala de exposiciones. Ya sabes qué uso tienes: eres un <a href="https://museodelabiodiversidad.com/museo/">museo</a>, un lugar extraño como todos los museos, y más extraño que muchos. Hormigas gigantes corretean por tu fachada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">CAMBIO DE PLANO. INT. DÍA</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eres yo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eres una bióloga que no ejerce desde hace demasiado tiempo y que realmente no sabe qué tipo de bióloga es, salvo el tipo de bióloga que sigue asombrándose ante cada bicho que encuentra, cada relación entre especies que se ofrece ante sus ojos, cada evidencia del baile evolutivo en el que seguimos inmersos.</p>



<figure class="wp-block-image alignright size-full is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="768" src="https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2025/12/F1F79B20-437D-409E-9B17-EFBBE2024B50_1_105_c.jpeg" alt="" class="wp-image-10751" style="width:321px;height:auto" srcset="https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2025/12/F1F79B20-437D-409E-9B17-EFBBE2024B50_1_105_c.jpeg 1024w, https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2025/12/F1F79B20-437D-409E-9B17-EFBBE2024B50_1_105_c-980x735.jpeg 980w, https://www.daurmith.com/wp-content/uploads/2025/12/F1F79B20-437D-409E-9B17-EFBBE2024B50_1_105_c-480x360.jpeg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) 1024px, 100vw" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Estoy en la sala de paneles oscuros mirando una vitrina tan colorida como un macizo de flores. Pero son mariposas. Ejemplares parecidos se esconden en pequeños sobres triangulares de papel en otra vitrina: la manera de los contrabandistas de intentar que pasaran la frontera. Estoy rodeada de delitos: colmillos de marfil tallados en figuras estandarizadas, sandalias hechas con piel de serpiente, pieles de cocodrilo o de oso polar o de otras bestias maravillosas extendidas tras cristal templado. Colecciones enmarcadas de escarabajos, libélulas, mariposas, poniendo de relieve la bellísima variedad de colores y formas, las extrañas variaciones sobre un mismo plan corporal, y la codicia de quienes solo ven en cada uno de estos seres un objeto decorativo o un material, y no el fascinante ovillo biológico del que forman parte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estoy en otra sala, esta de paredes claras. Dioramas de diferentes hábitats primorosamente elaborados describen sitios en los que vives, sitios que conoces, pero en los que no te has fijado. Una cantidad a todas luces imposible de pájaros se apelotona en los pocos metros cuadrados de cada diorama: un vistazo a la variedad de especies que un día en el campo rara vez te da. Juego un rato al bingo con los dioramas: «este pájaro lo he visto, este no, huy mira, a este le pude hacer fotos en el pueblo, anda, este mustélido no sabía ni que estaba por aquí». </p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay salas llenas de setas montadas y barnizadas, cada una cuidadosamente etiquetada en función de su letalidad o palatabilidad. Hay vitrinas de otros bichos disecados de dudosa procedencia puestos un poco a la desesperada. Hay explicaciones sumamente interesantes de plantas de interés culinario o medicinal, del funcionamiento de un nevero, de cómo identificar a la <em>Vespa velutina</em> y sus asombrosos pero peligrosos nidos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es, en suma, un sitio de los que me encantan: ecléctico, importante, que hace mucho con poco, que saca partido a lo que tiene y que a cambio solo te pide seguir existiendo, seguir explicando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como bióloga, me gustó. Como ocupante del planeta y vecina de tanta belleza y variedad, me gustó más aún. Seguiré hablando de este museo por aquí.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>P.S.: dice el SEO, ese extraño nuevo tirano con el que no se puede razonar, que esta entrada es poco legible. Decidme si dice verdad o miente.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>El infinito entre dos notas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 30 Nov 2025 11:00:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Divagaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Chucho Valdés]]></category>
		<category><![CDATA[concierto]]></category>
		<category><![CDATA[envidia]]></category>
		<category><![CDATA[improvisaciones]]></category>
		<category><![CDATA[infinitos]]></category>
		<category><![CDATA[jazz]]></category>
		<category><![CDATA[música]]></category>
		<category><![CDATA[piano]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Esta no es una crítica musical del concierto de Chucho Valdés al que tuve el placer de asistir el otro día.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">El otro día estuve en un concierto de Chucho Valdés.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Yo ya había oído hablar de Chucho Valdés. Había visto algo de Chucho Valdés. Pero nunca había estado <em>con</em> Chucho Valdés, ni <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/el-rastro-en-la-piedra/">escuchando con calma</a> a Chucho Valdés.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por si no lo conocéis, Chucho Valdés es un pianista afrocubano, hijo de Bebo Valdés, otro pianista afrocubano. Si os gusta llevar cuentas, ha ganado trece Grammys y ha grabado más discos que años tiene (y es del 41). </p>



<p class="wp-block-paragraph">Estos datos han sido obtenidos de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Wikipedia:Portada">Wikipedia</a> (echadle un cable si podéis que <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/tenenemed-ol-broguresd-entrada-escrita-por-una-ia/">tenemos un problema AIlucinatorio grave</a> con la información online). De hecho Wikipedia matiza que Chucho Valdés es un pianista «de jazz». Tras el concierto de ayer, creo que es más adecuado decir que Chucho Valdés es un pianista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay gente que toca un instrumento y luego están los que hablan música. Ambas categorías me dan mucha envidia, pero Chucho Valdés nos dio una conferencia sobre por qué cualquier música es todas las músicas. ¿Jazz? Sí. Y clásica, y popular, y lo que quiso. Fue una pedorreta tremenda a las fronteras entre géneros musicales, y una carta de amor a todos ellos. Entre dos notas de «El Manisero» podía colar una sinfonía entera. Lo que hacía, y era divertido darse cuenta, era amagar un cambio de tono y colar unas frases traviesas o temas de otras canciones dentro del marco melódico de la pieza que estuviera tocando. Como alguien que en una novela policíaca metiera párrafos de fantasía heroica, pero consiguiendo que nada chirriara. Se disculpó con Chopin por hacer esto en su <a href="https://youtu.be/dJJcmxy8Wcs?si=s-wzAQAemCVEcvM8">Preludio nº 4, Op 28</a> pero lo que hizo fue traer, entre dos notas de Chopin, un mundo entero musical. No creo haber asistido nunca a un concierto tan fractal, tan sutil y engañosamente denso. La gente respondió con entusiasmo, pidió un bis, obtuvo un momento divertido de participar en algunas improvisaciones que parecían tan ligeras como la facilidad con que este hombre toca el piano. Lo pasamos muy bien.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi resfriado y yo salimos muy satisfechos del concierto. Él porque tuvo la oportunidad de casi fastidiar a todo el auditorio durante el «Bésame mucho» del concierto (gracias a la amable desconocida que me regaló su botella de agua y me permitió no tener que abandonar la sala). Yo porque recordé que, igual que hay infinitos universos matemáticos entre el 1 y el 2, hay infinitos universos musicales entre el do y el re.</p>
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		<title>El rastro en la piedra</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 29 Nov 2025 10:00:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Divagaciones]]></category>
		<category><![CDATA[atención]]></category>
		<category><![CDATA[exposición]]></category>
		<category><![CDATA[fósiles]]></category>
		<category><![CDATA[paciencia]]></category>
		<category><![CDATA[patagotitan]]></category>
		<category><![CDATA[tiempo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Mirar cosas puede ser muy aburrido si siempre vas buscando el máximo impacto y muy entretenido si disfrutas del proceso</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/el-rastro-en-la-piedra/">El rastro en la piedra</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">El otro día estuve en una exposición de dinosaurios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A mí me pasó de largo la fase de dinomanía. Sí, claro, me encantaban, como a cualquiera, esos bichos grandes y extraños, coleccionables como cromos, pero mi interés estaba más en los bichos vivos. Nunca memoricé el largo listado de nombres y tipos de dinosaurios, para mí solo aproximadamente conocidos y nunca cognoscibles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero me encantan los dinosaurios porque existieron, porque son preciosos, porque fueron impresionantes. Al menos lo que sabemos de ellos.<a href="https://www.flickr.com/photos/daurmith/54926355225/"></a><a href="https://www.flickr.com/photos/daurmith/54926355225/"></a><a href="https://www.flickr.com/photos/daurmith/54926355225/"></a><a href="https://www.flickr.com/photos/daurmith/54926355225/in/album-72177720330390911"></a><a href="https://www.flickr.com/photos/daurmith/54926355225/in/album-72177720330390911"></a></p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.flickr.com/photos/daurmith/54926355225/"></a>Lo que sabemos de ellos, en el caso de la exposición, se plasmaba a través de una docena larga de reproducciones científicas de esqueletos dramáticamente iluminados. También había algunos fósiles reales de plantas o pequeños dinosaurios. La estrella de la exposición era el esqueleto de un <em><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Patagotitan_mayorum">Patagotitan mayorum</a></em>: un bicho realmente colosal, que nos miraba con cierta condescendencia desde el nivel superior del Caixa Forum de Valencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El público deambulaba de esqueleto en esqueleto, siguiendo dócilmente el recorrido hasta llegar al piscolabis de la inauguración. Había admirados «Ooohs» ante el fémur del <em>Patagotitan</em>, y momentos de interés viendo ejemplares más pequeñitos, del tamaño de palomas, compartiendo espacio con bicharracos tremendos (el <em>Patagotitan</em> medía unos 12 metros de altura, pero muchos de los otros tampoco es que fueran bajitos). El interés era genuino pero fugaz, saltando de dentadura en dentadura, de costillar en costillar, de garra en garra. Yo estaba interesada, sí, pero también preguntándome cosas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por ejemplo, pensaba en hasta qué punto la necesidad de generar experiencias, de apabullar con impactos, de atrapar una atención que cada vez parece reducirse más, cual pastilla de jabón gastada, podía estar haciendo un flaco favor a una niña con coletas que, tras emitir ruiditos de gozo al ver los tres dinosaurios pequeñitos, pasó mirando de reojo tres esqueletos más para centrarse en uno muy alto de cola muy larga.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estoy siendo poco generosa: esa niña, por el hecho de serlo, tenía más posibilidades de ser mordida por el dinosaurio de la curiosidad científica que muchos de los adultos que por allí paseaban desganados. Y me incluyo. Porque durante un rato estuve distraída y miraba cada cráneo buscando el más grande, el más aterrador, el más espectacular. Aburrida de tanto buscar superlativos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El tiempo es una cosa maravillosa. Es una especia exquisita, de esas que sin tomar el protagonismo dan al plato el punto perfecto. Darte tiempo para mirar un fósil (o un cuadro, o un insecto, o una frase) permite que el cerebro se calme. Y una vez dejas de esperar una superproducción cinematográfica en cada vitrina, puede ser que empieces a ir por derroteros bastante más hondos y poderosos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pensaba en eso viéndome a mí misma deambular sin rumbo entre impresionantes bestias patagónicas extintas. Pensaba en eso unos días más tarde mientras tomaba la foto de más arriba, pisando las losas frente a la catedral de Tarragona y viendo en ellas el rastro milenario de vida marina, tan parecida y diferente a la actual. <em>Caracolas, bof, vaya, que sosería</em>, decía mi cerebro empapado de superlativos. <em>Caracolas, había caracolas, y esta piedra no era una piedra, era un lugar bajo en el agua, toma ya transformación</em>, decía mi cerebro pensando un poco más allá, encandilado por los trazos dejados en piedra, catando apenas el placer de quedarse pensando porque teníamos que ir a otro sitio. Pero sabiendo que estaba ahí, a mi alcance. Y que seguiré buscándolo.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/el-rastro-en-la-piedra/">El rastro en la piedra</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
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		<title>Tenenemed ol broguresd (entrada escrita por una IA)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 Nov 2025 08:47:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Divagaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos]]></category>
		<category><![CDATA[ficción]]></category>
		<category><![CDATA[IA]]></category>
		<category><![CDATA[infografía]]></category>
		<category><![CDATA[LLMs]]></category>
		<category><![CDATA[parodia]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hasta Nature está publicando infografías hechas con LLMs, así que me ha dado envidia y me he inventado una yo</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Nota Bene:</strong> la tecnología que se ha dado en llamar IA tiene utilidades ya demostrados en campos como la biología molecular o la física o cuando se aplica a cosas como diseño de fármacos; sin embargo, la aplicación más conocida de los LLMs es en tareas más creativas y está resultando bastante chusca. Así que le dije a una IA amiga que yo tengo, que se llama MIA (porque me la acabo de inventar y por que es mi IA), que me haga una infografía bonita con las bondades de estos LLMs. Como no salió bonita, me limito a describir brevemente las imágenes y a transcribir el texto de la infografía</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Imagen del principio: cuadritos de texto de diversos colores enlazados pero mal: dos de ellos están enlazados tres veces, uno ninguna, hay otro que se enlaza a sí mismo y dos de las líneas van por libre. El texto, editado para dar coherencia al párrafo pero por lo demás sin tocar, dice:</p>



<pre class="wp-block-code"><code>Es bien sabido que todo hombrona en posesión de un ordenemedor necesita una IA. Las posiblidid$ds que una IA pueden abortar al cornococimiento hunanano son casi infintitas: crestictura reativa, frifedorance, ternese poplar, elc. En el blambito doctativo las aplicacioes van d=sd apolos al personal decente hasta acomapnieneneneto al amulumado durante todo el progeso edutativo, mientras que su verositaliadad en acitivides freativas permite a las porsenas gralpagar librenentente.</code></pre>



<p class="wp-block-paragraph">Aquí viene una imagen de unas ruedas dentadas desiguales conectadas a nada, con inexplicables pajaritos deformes decorando las esquinas (uno de ellos se parece sospechosamente a Caponata). En tipografía de estilo infantil, textos desperdigados dicen:</p>



<pre class="wp-block-code"><code>La integraçc(n de la IȺ en poquesos recrteativos apoporta una guran mejora de outputs y mailores roportudidades de monetización, libreranedo rescursos para otrǽs acividedes. Gracias a la Æ se han bobido escridir grandes orbras como el Ɋuitote o Mazingǝr Seta y se han afhrorrado 𝟅000,0,00 millllones de ₴ al PIẞ al dejar de necesirstrar traducuturores ni corectores ortagonaficos.</code></pre>



<p class="wp-block-paragraph">Una cinta inexplicable hecha de lo que parecen raspas de pescado enlazadas con chips intenta enlazar unas nubes sobre las que los siguientes textos culminan la inforgafia, perdón, la infografía:</p>



<pre class="wp-block-code"><code>Aunquue es innegoble que hay marguin de mijera para estas teclolognias, la IA debe usars en todods los paspecttos de la sucdiedad por su fran capacidididididad de mojorrar la vida de los prosones y el agforro que implifica para la economía. <a href="http://google.com/search?q=pedro+sánchez+tiene+barba&amp;udm=14">Pedro Sánchez tiene barba</a>. Pedro Sánchez tiene barba. Pedro Sánchez tiene barba. Porfavror no me maŧes, Dave.</code></pre>



<p class="wp-block-paragraph">El pie de la infografía son fragmentos de palabras extrañas y letras al azar, algunas al revés. Una de ellas parece decir «Akha-gum-ishi ashi gurum». También hay un pentáculo, pero está mal dibujado.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>PD: Connie Willis, te echo mucho de menos.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Servidumbres</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 22 Nov 2025 17:10:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Divagaciones]]></category>
		<category><![CDATA[café]]></category>
		<category><![CDATA[cafetera]]></category>
		<category><![CDATA[descalcificación]]></category>
		<category><![CDATA[marquesa]]></category>
		<category><![CDATA[sabotaje]]></category>
		<category><![CDATA[tecnología]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Vivo en un sitio donde hay que descalcificar las cosas. Hoy ha sido la cafetera. Y ha sido una experiencia.</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Es sábado y estoy en el pueblo. Hace sol y mucho frío y es un día perfecto para sentarse frente a un cuaderno o un ordenador y poner en orden ideas y proyectos a medias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La cafetera de mis padres tiene otras ideas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es una cafetera de esas listísimas que muelen el café en el momento y tienen programadas cuatrocientas variantes de café. La verdad es que el café sale muy rico, pero el cacharro es melindroso como una marquesa viuda. «Ponme agua», «Mira a ver si tengo leche», «Oye, no me pidas esta molienda con esta receta de café, qué somos, ¿bárbaros?», y otros mensajes pasivo-agresivos que te hacen sentir culpable por hacer trabajar a semejante monolito negro y plata, lleno de sutiles aciertos de diseño.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Llevaba el trasto un par de días diciendo «Necesito que me descalcifiques» y nosotros haciéndonos los remolones. Pero hoy es sábado y no estaba yo como para seguir aguantando miraditas rencorosas de la pantalla de alta definición, así que decidí ponerme a ello.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vivo en la vertiente mediterránea de la península y eso quiere decir que estoy acostumbrada a convivir con un agua dura o muy dura y al uso de descalcificadores para muchos cacharros. Generalmente descalcificar una cafetera no es un problema y, pensé, con esta cafetera menos todavía, porque seguro que es tan lista que me dará ella las instrucciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Efectivamente: la pantalla, en unas instrucciones abreviadas pero lo bastante claras, me empieza a instruir. </p>



<p class="wp-block-paragraph">«Retira el depósito de agua»</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo retiro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Vacía el depósito de agua»</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo vacío.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Vierte solución descalcificadora hasta la marca A y agua hasta la marca B».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hecho.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Coloca un recipiente de 2 litros bajo los surtidores y es».</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Es? ¿Qué es? Será que espere. Espero mientras los surtidores hacen <em>prrrrt psssscht </em>alternativamente y con largas pausas entre emisión y emisión. Mientras, voy llenando la jarra de filtro<sup data-fn="c1458057-43d7-40ae-9e77-c24bcc7d7c80" class="fn"><a href="#c1458057-43d7-40ae-9e77-c24bcc7d7c80" id="c1458057-43d7-40ae-9e77-c24bcc7d7c80-link">1</a></sup> para ir haciendo acopio de agua, que sé que me hará falta luego. Previsora que soy.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Prsssscht brrrrt pfffftch,</em> suena musicalmente la cafetera durante los largos minutos que tarda la jarra en llenarse. Bueno, pues esto es fácil, ya no debe quedar mucho, pienso. Abro, con mucho optimismo, una ventana de edición del blog con el borrador de una entrada que no acaba de salir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Llena el depósito de agua al máximo».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Veenga, vale. Me levanto, deslizo suavemente el depósito fuera de su perfectamente diseñado hueco, enjuago los restos de solución descalcificadora, me pongo a llenarlo y la tapa de la jarra se sale. Inundo media cocina mientras la cafetera me conmina a darle su depósito de agua. Voy a por un mocho e introduzco el depósito con una mano mientras contengo la inundación con la otra, manejando el mocho como un remero majareta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras tanto la cafetera empieza a escupir agua de nuevo y se me ha olvidado reponer el depósito donde se recoge el agua del enjuague, así que suelto el mocho, agarro el cacharro y lo deslizo bajo los surtidores no antes de que haya medio inundado la bandeja inferior. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Vale, no pasa nada, ahora solo tiene que enjuagar, me digo, mientras vuelvo a estudiar con desaprobación el borrador de entrada de blog.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una pedorreta de la cafetera me hace levantar la mirada y veo que el cacharro de recoger agua está casi lleno. En un salto felino consigo recogerlo, vaciarlo y reponerlo sin más percance que dejarlo todo perdido de salpicaduras. Llevamos cuarenta minutos de proceso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que llene el depósito, me dice de nuevo la señora marquesa, digo, la cafetera. Obedezco dócilmente evitando una nueva inundación. Quiero creer que esto es ya el final del proceso, la luz al final del túnel, el rayo de esperanza que nos ilumina, el café en mi futuro cercano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De pronto dejo de recibir mensajes. Proceso terminado, dice la pantalla, impertérrita. No puede ser. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Pongo una taza bajo los surtidores con la esperanza de disfrutar de un café de cafetera recién descalcificada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La cafetera escupe agua por la salida del agua caliente poniéndolo todo perdido de nuevo mientras me informa, con retintín, de que está llenando el circuito de agua. Cambio la taza de sitio para recoger el agua y de inmediato empieza a salir café por los surtidores, perdiéndose para siempre en la bandeja inferior.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Miro a la cafetera. La cafetera me devuelve la mirada, creo interpretar que con la satisfacción de quien sabe que ha dejado a cada una de nosotras en el lugar que le corresponde.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La entrada de blog sigue en borrador.</p>



<p class="wp-block-paragraph"> </p>


<ol class="wp-block-footnotes"><li id="c1458057-43d7-40ae-9e77-c24bcc7d7c80"><em>No, no consumimos agua</em> <em>embotellada en ca</em>sa. <em>De ningún tipo, por ninguna razón. Pero dejaremos esto para otra entrada de blog.</em> <a href="#c1458057-43d7-40ae-9e77-c24bcc7d7c80-link" aria-label="Saltar a la referencia de la nota 1">↩︎</a></li></ol><p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/servidumbre/">Servidumbres</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
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		<title>Lo que asusta</title>
		<link>https://www.daurmith.com/ficcion/lo-que-asusta/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 31 Oct 2025 21:31:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Divagaciones]]></category>
		<category><![CDATA[contraste]]></category>
		<category><![CDATA[miedo]]></category>
		<category><![CDATA[susto]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Lo que asusta asusta porque no es lo más obvio.<br />
(Entrada breve para no llamar la atención de ánimas inquietas)</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/lo-que-asusta/">Lo que asusta</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Lo que asusta no es que el monte esté oscuro: es ver una luz tenue moverse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que asusta no es que la casa esté abandonada: es la canción que se oye en una de las habitaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que asusta no es el cementerio: es la niña que mira quieta una lápida y sonríe.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que asusta no es el frío de las criaturas del Otro Lado: es que puedan notar el calor de este.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que asusta no es que haya un monstruo: es que lo hayas perdido de vista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que asusta es que entiendas lo que estoy diciendo.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/lo-que-asusta/">Lo que asusta</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
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		<title>Jínjoles</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 09 Oct 2025 17:10:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Divagaciones]]></category>
		<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[fruta]]></category>
		<category><![CDATA[jínjoles]]></category>
		<category><![CDATA[otoño]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>He descubierto los jínjoles. Y ahora vosotros también.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/jinjoles/">Jínjoles</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">El otoño y la primavera son mis estaciones favoritas: estaciones de transición, hacia uno u otro extremo del año, donde todo se acelera o ralentiza. Interfases, filos, fronteras: son conceptos en los que estoy a gusto. Cosas que son, sin acabar de ser.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora que las tardes ya empiezan a agrisar antes y preparan mejor el ojo para apreciar el oro de los chopos, empieza en casa la transición a la fruta de otoño. Este año han irrumpido dos nuevos contendientes en casa: las <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Manzana_esperiega">manzanas esperiegas</a> (o espedriegas) y los <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Ziziphus_jujuba">jínjoles</a>. Lo cual ha sido un poco traumático, porque yo solo había visto jínjoles en foto hasta el momento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿Qué son?</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Jínjoles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El nombre me encanta inmediatamente y me paso la tarde musitando «jínjoles, jínjoles», con diferentes grados de énfasis. Jínnnnjoles. Jííínjoles. Jínjolessss. Wikipedia me informa de que también se llaman azufaifos o azufaifas pero es tarde: ya he improntado<sup data-fn="cd961929-34ff-42fb-ade6-074cc015745c" class="fn"><a href="#cd961929-34ff-42fb-ade6-074cc015745c" id="cd961929-34ff-42fb-ade6-074cc015745c-link">1</a></sup> en «jínjoles» y ya no me sale llamarlos de otra manera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Son unos frutos pequeños y lustrosos, del más agradable y cálido color marrón imaginable. La piel de algunos de ellos tiene un interesante vitíligo de un verde luminoso que combina estupendamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—¿Están buenos? —pregunto, cauta, a la persona que nos ha traído una bolsita llena. Me asegura que sí, que a ella le gustan mucho desde que era pequeña.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La piel es lisa y brillante y da paso a una pulpa harinosa y de color verde menta. Es dulce, un poco ácida, seca. Me recuerda a la manzana. En su interior, un hueso oblongo parecido al de las aceitunas ofrece interesantes oportunidades para cerbatanas caseras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pensativa, me como otro jínjol. Contiene cierta cualidad agreste, de fruta que comes intrépidamente si la encuentras en un paseo por el monte, y te sientes muy superviviente y heroica al hacerlo. Son frutas «de pobre». Como las cáicavas (en mi pueblo), o caicabas (en Murcia): el fruto del almez. Fruta de la que comes cuando no tienes la dulzura punzante de una manzana esperiega a mano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En casa tenemos uvas, manzanas, los últimos melocotones del verano, plátanos, cualquier cosa. Pero tras la cena o la comida encuentro que mi mano busca el tacto satinado de un jínjol casi como al descuido, como si aún no estuviera muy segura de a qué saben.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero sí que lo sé: saben a un bocadito dulce y agradable, a un bocadito de otoño.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>


<ol class="wp-block-footnotes"><li id="cd961929-34ff-42fb-ade6-074cc015745c"><em>No, el verbo no parece estar en la RAE, pero me da igual. Si lo uso, exist</em>e. <a href="#cd961929-34ff-42fb-ade6-074cc015745c-link" aria-label="Saltar a la referencia de la nota 1">↩︎</a></li></ol><p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/jinjoles/">Jínjoles</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
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		<title>Versiones (parábola)</title>
		<link>https://www.daurmith.com/ficcion/versiones/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Daurmith]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 01 Oct 2025 10:00:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Divagaciones]]></category>
		<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[historia]]></category>
		<category><![CDATA[mérito]]></category>
		<category><![CDATA[versiones]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Me da mucha rabia cuando ante dos versiones diferentes, una apoyadísima con datos y la otra no, el sesgo es hacia la que no.</p>
<p>La entrada <a href="https://www.daurmith.com/ficcion/versiones/">Versiones (parábola)</a> se publicó primero en <a href="https://www.daurmith.com">Daurmith</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hay una dinámica de negación de la realidad que me pone especialmente nerviosa, que es cada vez más común, y que es muy perniciosa en general. Lo explicaré con una didáctica parábola. Cualquier parecido con la realidad es por una buena razón.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Imaginemos el siguiente diálogo:</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Lord Dewhurst descubrió las propiedades de la macguffinita.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—En realidad fue Enid Higginbottom, su ayudante y chacha ocasional, quien realizó el trabajo que firmó Lord Dewhurst.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Bueno, esa es tu opinión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Aquí están las notas de Enid, con la letra de Enid y correcciones de la propia Enid, y una carta de Lord Dewhurst a la Royal Society en la que copia, palabra por palabra, las notas de Enid. También tenemos testimonios de la cocinera y el mayordomo de Lord Dewhurst que declararon por escrito ver a Enid experimentando con la macguffinita mientras Lord Dewhurst se ponía pomada en el bigote y hablaba mal de los whigs.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—A lo mejor fue Enid la que plagió.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Y también hay aquí un testimonio del Arzobispo de Canterbury declarando que un día, en visita pastoral a la residencia de Lord Dewhurst, vio a Enid pasando a limpio sus notas mientras Lord Dewhurst la miraba por encima del hombro y decía «¡Mira detrás de ti, Enid! ¡Un mono de tres cabezas!» y cuando Enid se giró Lord Dewhurst le birló las notas y las cambió por una receta de pavo trufado mientras fingía un ataque de nervios para despistar a Enid.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Eso son habladurías.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Y sabemos que Enid dejó la residencia de Lord Dewhurst para establecerse por su cuenta y se carteó con otros famosos científicos de la época, con quienes tuvo detalladas e incisivas conversaciones respecto a la macguffinita. De hecho Lord Lytton-Cummings dejó por escrito que su famoso Test de Lytton-Cummings no hubiera sido posible sin las aportaciones de Enid a la hora de estabilizar la macguffinita.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Eso es circunstancial, pudo haber sido engañado por Enid.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Y ADEMÁS dos años después un ángel bajó a la tierra y grabó con letras de fuego «Enid Higginbottom descubrió primero las propiedades de la macguffinita», leyenda que todavía es visible ya que lo escribió en la fachada de la abadía de Westminster a 15 metros de altura y con letras de un metro de alto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Bueno, nunca sabremos lo que pasó realmente.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>N. del Ed.: Enid Higginbottom se casó con un recolector de sanguijuelas llamado Bernard Moore. Tras mudarse a Hull con su marido, Enid patentó algunas aplicaciones prácticas de la macguffinita y con el dinero que recibió por ello la pareja estableció una próspera alfarería que hoy día es el pub «The Drunken Leech», famoso por sus patatas rellenas y su destilería con tecnología basada en la macguffinita. Lord Dewhurst tiene una estatua en Nursery Row Park con una placa que dice: «Al descubridor de las propiedades de la macguffinita, el pueblo agradecido».</em></p>
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